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Es 25 de marzo y en Uruguay uno de cada cinco niños sigue siendo pobre. Una niña fue baleada por la espalda y horas atrás dos adolescentes también recibieron disparos. Son solo algunos de los heridos en los últimos meses. Otros también murieron en situaciones en las que jamás debieron haber estado. En algunos centros del Instituto del Niño y Adolescente se siguen violando derechos fundamentales de niños y niñas, y en las cárceles no hace falta ni decir las condiciones en las que viven (¿viven?) los presos. La situación de las personas que viven (¿viven?) en la calle es desesperante. Y también acaba de ocurrir un cambio de gobierno.
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En las últimas semanas vimos cómo asumió el nuevo presidente Yamandú Orsi, cómo nombró a sus ministros y ministras, y de a poco los equipos de gobierno se fueron conformando. Cada uno con sus prioridades, sus urgencias y sus objetivos, que ya habían sido adelantados en la campaña electoral. Muchos de esos objetivos, de cumplirse, harán que miles de personas tengan una vida más digna.
Sin embargo, el martes 25 ocurrió algo por lo menos curioso. Primer Consejo de Ministros del año, un hecho importante, un encuentro en el que los ministros presentan sus planes, conversan entre todos sobre ellos, sobre cómo se llevarán adelante, a veces advierten sobre cálculos económicos que serán imprescindibles para concretarlos. Y mientras el equipo de gobierno se reúne, se genera la expectativa sobre los anuncios que llegarán después de ese intercambio. Se esperan decisiones firmes sobre temas urgentes —que los hay, lo sabemos— y señales de las primeras medidas que se tomarán en el inicio del nuevo gobierno.
Pero el martes pasó algo diferente. Después de varias horas de reunión, cerca de la una de la tarde bajó a la sala de conferencias de la Torre Ejecutiva el presidente Orsi, junto con el director de la Oficina de Planeamiento y Presupuesto, Rodrigo Arim, y la ministra de Salud, Cristina Lustemberg, para hablar de las medidas resueltas en esta primera reunión.
Y cuando terminó la conferencia la sensación fue de desconcierto. La mía, claro. ¿Ilusa? Quizás. Pero ¿por qué no aparecieron las urgencias en esa comunicación con la ciudadanía? ¿Dónde están las señales de atención urgente a los problemas que cada día los uruguayos enfrentan?
El presidente anunció la creación por decreto de una Comisión Sectorial de Protección y Seguridad Social, más conocida como el “diálogo social”, que se anunció en la campaña electoral y que analizará distintos aspectos de la normativa vigente sobre seguridad social. Claro que es importante. Es importantísimo. Allí debatirán expertos, políticos, sindicalistas, empresarios e intentarán llegar a un acuerdo para mejorar el acceso a las jubilaciones, a las prestaciones sociales, se hablará del salario mínimo y las AFAP, tantas veces nombradas en 2024, también tendrán su espacio de análisis. ¿Es importante y necesario atender estos asuntos? Claro, porque además este tema, plebiscito mediante, tuvo enfrentado a parte del Frente Amplio durante gran parte del año pasado. Hay que subsanar heridas e intentar mejorar lo mejorable. Pero es el anuncio de la creación de una comisión de la que venimos hablando desde hace meses. Es firmar el decreto, crearla y ponerse a trabajar. No veremos resultados inmediatos y, con otras urgencias mediante, hasta es posible que sus plazos se alarguen.
Sigo. El envío al Parlamento de un proyecto de ley que atienda la situación del Casmu, mutualista intervenida desde hace meses, con el objetivo de liberar los fondos del fideicomiso para que siga siendo viable. ¿Importante? Claro, más de 175.000 uruguayos atienden su salud en esa mutualista. La sombra del cierre de Casa de Galicia pesa y nadie quiere llegar a una situación similar. Ahora, ¿es uno de los primeros anuncios que tiene que hacer un gobierno que asumió hace 25 días, al término de su primer encuentro formal de ministros? Sin querer restarle importancia, es el envío de un proyecto al Parlamento que puede urgir, pero no llena una panza vacía.
Otro de los anuncios: la intención de renegociar el cuestionado proyecto Arazatí, firmado por el anterior gobierno, sobre el que el Frente Amplio mantuvo su oposición. Es necesario encontrar una solución al problema del agua y el plazo anunciado es de 90 días. Si es Arazatí, si es Casupá, si son las dos o si es un proyecto nuevo. Pero este anuncio ya estaba hecho desde hace unos cuantos días por parte del secretario de Presidencia, Alejandro Sánchez, quien adelantó que se buscaría la forma de renegociar el contrato. No hay novedad en el informado desde Torre Ejecutiva.
El último de los anuncios tuvo que ver con prorrogar por un año al menos el descuento de nueve puntos de IVA en pagos con tarjeta en los restaurantes, un beneficio que vencía en un par de semanas. Bien. ¿A quién no le gusta pagar un poco menos cuando sale a comer, si es que tiene la posibilidad de hacerlo? Ahora, de urgencias seguimos sin hablar.
Y quizás eso es lo que deja esa sensación de incertidumbre, de gusto a poco, de incógnita hacia adelante.
Quizás suene impertinente esperar anuncios fuertes, medidas firmes, rumbo claro a pocos días de instalado el nuevo gobierno. Pero sí, es importante que el presidente se plante firme en esa conferencia y anuncie cómo, cuándo y cuánto dinero y trabajo destinará a bajar el escandaloso número de niños pobres. Que informe en concreto cuáles son los planes que comenzará a aplicar de inmediato para empezar a intentar (sí, empezar a intentar, sé que es un camino lleno de miguelitos) que la gente en sus barrios se sienta más segura. Que diga cómo y cuándo comenzarán a aplicarse los planes para que el acceso a la salud sea real para todos los uruguayos y que ir al médico o conseguir un especialista, o una caja de medicamentos, deje de ser una tarea titánica. Los planes existen, algunos de los ministros los han informado y hay intenso trabajo allí. ¿Por qué estos temas, que formaron parte de la campaña electoral con énfasis, porque son problemas que le dificultan el día a día a tanta gente, no están en la conferencia después del primer Consejo de Ministros? Espero que el presidente diga fuerte y claro cuándo comenzará el plan de duplicar el monto de la Tarjeta Uruguay Social y el Bono Crianza para ayudar a las familias que así lo necesitan. Si no puede ser ahora porque el presupuesto que dejó el gobierno anterior no alcanza, puede entenderse. Pero es una prioridad ineludible y debe quedar claro. El aumento del patrullaje en los barrios es solo una parte de lo que el ministro del Interior, Carlos Negro, informó un día antes a los legisladores frenteamplistas. ¿Por qué no está ese tema en los anuncios de las prioridades del Consejo de Ministros?
No es necesario decir que el gobierno en su primer año de gestión trabaja con un presupuesto legado por el anterior y que hacer las cuentas para que los números de las promesas cierren no es sencillo. Pero se necesitan señales. Puedo entender el concepto de la revolución de las cosas simples, pero hay revoluciones que hay que gritar bien fuerte. Que no son tan simples pero sí urgentes. Y que deberían estar siempre siempre en el desvelo de quienes los uruguayos eligieron para conducir su destino.