El presidente fue muy generoso cuando, en pleno fuego cruzado interno y externo contra el ministro Civila, lo invitó solito para presentar en la Torre Ejecutiva el plan para luchar contra el drama de la gente “en situación de calle”.
El plan del Ministerio de Desarrollo Social para la gente en situación de calle está redactado en el estilo posmoderno-intelectual-pensativista-trascendente que caracteriza al propio Civila
El presidente fue muy generoso cuando, en pleno fuego cruzado interno y externo contra el ministro Civila, lo invitó solito para presentar en la Torre Ejecutiva el plan para luchar contra el drama de la gente “en situación de calle”.
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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáLas dos presentaciones fueron en el clásico estilo de ambos exponentes, pero lo más interesante fue (y es) el contenido semántico del plan. Está redactado en el estilo posmoderno-intelectual-pensativista-trascendente que caracteriza al propio ministro, y —sobre todo— a los técnicos sociólogos expertos que son los autores del documento.
Como nadie (o muy poca gente) entendió lo que dice el plan, los periodistas que suelen consultar al ministro en sus apariciones públicas, le pidieron a Civila que convocara al grupo redactor del ministerio a un encuentro de trabajo, para hacerles algunas preguntas que permitirían entender lo que quisieron decir en al plan. El ministro aceptó gustoso, y lo que sigue es un resumen de la amena conversación entre los periodistas y los técnicos del ministerio.
—Nos gustaría saber —dijo uno de los periodistas asistentes— cómo encararán la primera etapa del plan, la que se supone que dice que sacarán a la gente que está en la calle, diciendo que “la inconsistencia psicoactiva, y en oportunidades también psicopasiva de los eventuales sujetos de análisis horizontal-atmosférico, muchos de los cuales están con frecuencia, asimismo, sujetos a vértigos hidrodependientes con altos índices de alcoholicidad y/o de pastabasismo ultraobnubilante y sustanciodependiente, lo cual determina índices de complejidad que a veces se ven diagonalmente involucrados dificultando la operatividad recurrente” —leyó, tras varios furcios obligados por el espeso texto.
Los técnicos se miraban entre ellos, y uno llegó a decir “nos sorprende que usted no entienda”, pero el ministro Civila se ofreció a interpretar el párrafo.
—Lo que dice el texto ahí —dijo el ministro— quiere decir que la gente que está en la calle tiene algunas dificultades de comprensión, que están a la intemperie acostados en las veredas al aire libre, en muchas oportunidades alcoholizados, o drogados con pasta base, oponiéndose a que los ayuden, y dificultando su rescate, ¿les queda claro? —agregó, no sin antes comentar que no entiende cómo cosas que están tan claras necesitan interpretación.
A continuación, otro de los periodistas asistentes intervino para decir que no entendía el significado del título “Pasos ulteriores microfuncionalmente inclinados al determinante oblicuo del ubicacionismo incidental, generalmente divisionalmente interrupto por las macrocausas perennizantes de la locación albergativa”.
Civila ya se les adelantó a sus técnicos presentes, quienes comentaban en voz baja e inaudible entre ellos algo que parecía dar a entender que no se explicaban cómo no entendían lo que decía el texto, cuando, a juzgar por el intercambio de sus miradas, estaba meridianamente claro.
Miren, muchachos, —dijo el ministro— ahí claramente se menciona la dificultad que presenta el paso siguiente al rescate de la calle, ya que no siempre se encuentran lugares aptos para ubicar a esta gente, y con mucha frecuencia se los intenta albergar en algún sitio, pero llegados a él no hay lugares disponibles. No le veo ninguna dificultad al texto escrito por mis técnicos —agregó, no sin cierta incomodidad en su lenguaje corporal.
El texto que vino a continuación, presentado por otro de los periodistas asistentes a la reunión, fue leído textualmente por este. Dice: “Tras una protoablución liberatoria de las implicancias costrolimitantes más expositivas e interferentes con una elastoconvivencia civilizatoria y macrodeterminante, se procederá a efectuar una ingestuación moderativa pero reconfortante en sus implicancias vital-condicionantes para aprestarse a ulteriores derivaciones microsomnolizantes de notoria receptividad reposativa”.
Por favor, ministro, denos una mano con este párrafo, que no hemos podido entender —dijo quien había leído el texto.
Cada vez me resulta más difícil aceptar que ustedes, periodistas con experiencia, no entiendan frases tan claras y sencillas como estas —dijo el ministro, y prosiguió explicando que esa frase quería decir que, tras un baño higiénico tan necesario como reconfortante que facilite la convivencia entre todos los rescatados, se les ofrecerá a todos un plato de comida, después del cual se les facilitaría un acceso a una cama para descansar y dormir en mejores condiciones que hasta ahora.
Los periodistas se mostraban cada vez más satisfechos, porque, gracias a este encuentro y a las traducciones del ministro, iban captando la esencia del ambicioso plan del ministerio, y se iba entendiendo lo que los técnicos querían decir, en su complejo propósito de luchar contra el flagelo de la dura vida en la calle. Una gran solución para esta gente tan alejada de una existencia digna.
El problema vino después, cuando otro de los periodistas asistentes al encuentro leyó uno de los párrafos finales del documento, y confesó no haber entendido nada de lo que allí decía.
El ministro alzó las cejas con una cierta resignación, y le pidió a quien había pedido la palabra para leer ese texto, que procediera.
Acá dice —dijo el periodista— que “las soluciones transversales de la dicotomía entre la centrifugación esquizofrénica y la determinación cognitiva del plano de la fugacidad menguante se presentan como una de las mayores dificultades para implosionar marginalmente en el objetivo protofuncional, con lo que será preciso dedicar otro informe prospectivo, con una orientación más multicausal indicativa, que nos permita empatizar con el alcance direccional por el que estamos haciendo este esfuerzo, al que sin duda nos aproximaremos con el documento que le proponemos al ministerio que nos encargue con la mayor urgencia”.
Lo que quiere decir eso —dijo el ministro—, que yo tampoco entiendo pero interpreto, es que ¡ay!, voy a tener que volver a pagarles horas extra a estos fenómenos.