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    La libertad con VAR

    Quizás antes de establecer qué puede y qué no puede mostrarse o decirse en las transmisiones de fútbol se debería asegurar que algunas de esas situaciones que se quiere evitar que se vean no ocurran; porque, aunque no los mostremos, los violentos siguen ahí y alguien los está dejando entrar

    Columnista de Búsqueda

    A esta altura del partido ya sabemos qué va a pasar en el próximo clásico del fútbol uruguayo, al menos, como mínimo. Sabemos que van a entrar decenas de bengalas y que algunas van a caer en la cancha. Sabemos que, con suerte, no le van a pegar a ningún jugador, pero quizás sí. Sabemos que el partido no se va a detener porque hay que optar por el mal menor. Sabemos que van a detener en las afueras del estadio a algunos “hinchas” con armas de fuego, cortes y otros elementos prohibidos. Y sabemos también que a otros no los van a detener y van a entrar con esos elementos prohibidos y peligrosos para los que simplemente pretenden disfrutar de un partido. Sabemos que las cámaras de reconocimiento facial no van a poder reconocer a los violentos que se tapan la cara con pasamontañas y sabemos que el operativo probablemente sea calificado como exitoso si no hubo heridos o muertos.

    A esta altura también la pregunta cansa. ¿Cómo es posible? ¿Cómo ingresa todo eso que no debería ingresar? ¿Quién está mirando para otro lado? Algunas de esas preguntas se han respondido en situaciones puntuales, pero la cosa es que sigue pasando partido a partido.

    Pero ahora hay algo que sí cambia. Ahora el espectáculo deportivo va a ser “limpio” en sus transmisiones de televisión. Ahora los que estén en la cancha van a seguir viendo todo lo que sucede en las tribunas, pero los que lo miren desde sus casas van a ver lo que la Asociación Uruguaya de Fútbol (AUF) quiere que vean. “Limpio, aséptico y neutral”, con imágenes emotivas, niños festejando y protegiendo a presidentes de un bostezo —¡el horror!— o un gesto de molestia o exagerado. Disney.

    Así lo establece el nuevo Manual integral de operaciones de producción de la AUF, de caracter obligatorio, tal como lo define en la primera línea de su texto. Obligatorio, una palabra que se repite seis veces entre las nuevas directivas para las transmisiones. Pero veamos los detalles del documento que Búsqueda dio a conocer el domingo 1 y que generó polémicas, cuestionamientos y acusaciones de censura.

    Para detallar algunas de las más llamativas: las cámaras deben buscar planos de familias, niños festejando y color positivo (¿color positivo?). Está terminantemente prohibido emitir imágenes de peleas en la tribuna, lanzamiento de proyectiles, bengalas que interrumpan la visión o cualquier comportamiento delictivo. Mostrar esto incentiva a los violentos, dice la AUF. Claro que, en ocasiones, dar visibilidad a alguna de estas situaciones motiva que se sigan dando. No lo mostramos, pero está pasando. El que está mirando la televisión lo tendrá que imaginar, pero cuando le tiren un encendedor por la cabeza a un jugador vamos a mostrar a los niños y al color positivo. Y que los relatores no vayan a decir nada.

    Otro de los detalles que advierte el texto es que está prohibido enfocar pancartas, banderas o “trapos” con mensajes políticos, sindicales, reivindicaciones gremiales o insultos a las autoridades de la AUF, árbitros, jugadores, presidentes de clubes, directores técnicos. Es entendible que el ingreso de banderas político partidarias no tiene sentido en un partido de fútbol, y que nada suma un cartel con insultos. Pero los propios jugadores tienen sus mensajes y pancartas que hasta ahora ingresaban y las cámaras tomaban. Pedidos de justicia por una agresión a un colega, adhesión a causas sociales, rechazo a la violencia o el racismo ¿Tampoco vamos a poder ver qué tienen para decir los jugadores? Porque todo eso es político también, ¿eh?

    De todas formas, no todo es palo. Hay una que me gusta y es la de “no darle los 15 minutos de fama” —así lo dice el texto— a la persona que entra a la cancha corriendo con variadas intenciones, pero en general la más notoria es que lo vean. Allí se establece que “jamás” se hará zoom sobre esa persona para no darle lo que justamente está buscando.

    Pero hay otras que parecen de un exceso sin sentido. Repasemos algunas. “Evitar planos excesivamente cerrados de jugadores llorando o destruidos emocionalmente tras la derrota para no denigrar al deportista”. ¿Desde cuándo llorar es denigrante? Los jugadores son humanos —sí, en serio, aunque no lo puedan creer—, lloran, sufren cuando pierden, manifiestan su emoción. ¿Cuál es el problema?

    Otra. “El director técnico no debe ser entrevistado en el campo de juego. Se debe evitar la declaración ‘en caliente’ con las pulsaciones altas y el ruido ambiente”. Detalle, el no de “no debe” está en mayúscula y negrita. Como para que quede bien clara la prohibición. ¿Motivos? ¿Otra vez la asepsia? Si el técnico tiene ganas de decir algo cuando termina el partido, mejor lo evitamos, por si se le va la moto y hace una crítica. Mejor dicho, lo censuramos. A él y al periodista que quiera preguntarle algo.

    Y en esa misma línea aparece la prohibición editorial. Dice el manual que “de forma complementaria a lo que no se permite filmar, se extiende la prohibición explícita de describir, comentar o hacer foco en incidentes de violencia (peleas en tribunas, lanzamiento de proyectiles o bengalas, etc.)” y mencionar lo que refiere a pancartas, insultos o contenidos políticos y sindicales. No solo no se puede mostrar algo que está sucediendo. Tampoco se puede decir. Si eso no es censura, amigos, que alguien diga qué es.

    Otra perla— a mi gusto, fantástica— es la creación del comisionado de Transmisión de Partido que estará fisicamente presente en la unidad móvil. Será la autoridad suprema en la cabina y sus instrucciones no son sugerencias. Son órdenes. “Corte esa imagen”, “no repita esa jugada”, “vaya a pausa”, “ponche cámara 1”, son los ejemplos que describe el manual. El delegado tiene “la facultad absoluta de vetar cualquier imagen, gráfico o audio que considere perjudicial para la imagen de la competición o la institución”, y el director de cámaras “no podrá debatir la orden en caliente; deberá acatarla”. Saquen sus conclusiones.

    Es claro que la AUF puede hacer esto, es su transmisión y tiene su línea editorial. No es ilegal. Pero es manifiestamente restrictivo. También es cierto que el manual replica las directivas de las transmisiones de la Conmebol y se utiliza en las grandes competencias a nivel mundial, pero eso no lo hace necesariamente positivo. El presidente de la AUF, Ignacio Alonso, dijo en entrevista con El Espectador Deportes que no existe la intención de censurar a ningún periodista y que no está prohibido hacer mención a los hechos que estén sucediendo, pero sí se busca que no se centre el mensaje en eso. Está bien, se entiende, pero el manual dice otra cosa. ¿Y quién mide cuánto tiempo se puede comentar un hecho que está sucediendo, el motivo por el que un partido está detenido varios minutos o una agresión que reciba un jugador? También se entiende que no se busque dar visibilidad a los violentos, pero el problema es que los violentos están ahí y alguien los está dejando entrar.

    Entonces, quizá antes de decirles a los equipos de trabajo de las transmisiones qué pueden y qué no pueden mostrar o decir en televisión sobre algo que, además, están viendo en el lugar miles de personas, deberían asegurar que algunas de esas situaciones no ocurran —y no hacer como que no existen moviendo la cámara de lugar— y que la gente pueda disfrutar de un partido de fútbol sin ser rehén de los violentos.