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Esta pregunta, la de qué errores habría cometido el gobierno de la Coalición Republicana es crucial; una autocrítica de verdad no puede eludirla o soslayarla
El 2025 no fue un año sencillo para los partidos de oposición. No podía serlo. Siempre es duro dejar cargos y asimilar derrotas: quedan soldados heridos y caídos. Nunca es fácil elegir los temas y encontrar los tonos apropiados. A todo esto, en el caso de la Coalición Republicana (CR), se suma la dificultad adicional de coordinar entre muchos actores distintos. En general, los vencidos cumplieron con el mandato ciudadano: oponerse al gobierno. Sin embargo, no parecen advertir que la ciudadanía se cansa de la crítica sistemática. Por último, la mentada “autocrítica” del Partido Nacional (PN) dejó gusto a poco, aunque cabe admitir que, al menos, lo intentaron. Paso a desarrollar estas aseveraciones en los cinco apuntes siguientes.
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Primero: soldados caídos. La principal novedad de la oposición durante el año que termina es que, en términos morfológicos, la CR perdió una pieza importante. Cabildo Abierto pasó de ser el socio más difícil del gobierno liderado por Luis Lacalle Pou a convertirse en la pieza decisiva de la gobernabilidad de la administración de Yamandú Orsi. Hoy por hoy, Cabildo está en el limbo político: no integra ninguno de los dos bloques en los que se organiza y divide el sistema de partidos de Uruguay. Desde luego, no es un lugar fácil. Y tiendo a pensar que es de alto riesgo para sus propios intereses.
Segundo: dispersión actitudinal. Durante todo el 2025 ha sido muy notorio que coexisten dentro de este bloque político muchos actores distintos, con formas de ejercer la oposición a menudo muy diferentes. Hay diferencias significativas entre partidos, entre fracciones del mismo partido y también entre miembros de la misma fracción. Estas diferencias, si no superan cierto límite, son funcionales a la construcción de un rastrillo electoral potente. La reciente instalación de la mesa coordinadora entre nacionalistas, colorados e independientes es una señal en la dirección correcta en la medida en que intenta evitar que, en lugar de ver un coro, la opinión pública solamente reconozca solistas.
Tercero: la oposición, en esencia, cumple su función. Durante las últimas tres décadas nuestra democracia fue perdiendo su tradicional habilidad para la coparticipación y estructurándose, cada vez más nítidamente, como una democracia de mayoría (en términos de Arend Lijphart): el bloque ganador de la elección se hace cargo del gobierno, el bloque que perdió ejerce la oposición y se prepara para la revancha. Esto es exactamente lo que hacen los partidos que siguen integrando la CR e Identidad Soberana. Se oponen. Critican. Vigilan. Denuncian. Esta función de contralor es fundamental para la salud democrática.
Cuarto: la tentación de la oposición sistemática. Criticar, vigilar y denunciar es muy importante. No hay democracias fuertes sin oposiciones fuertes. No prestar atención a los detalles puede erosionar el prestigio del sistema democrático. Uno de los principales defectos, desde mi punto de vista, del modo en que se ejerce la función de oposición en nuestro país es que quienes, por mandato ciudadano, desempeñan esa tarea prefieren el atajo de la crítica sistemática y, con demasiada frecuencia, levantan el tono más allá de lo conveniente en términos sistémicos. Los partidos de oposición suelen oponerse del modo más visible y estruendoso posible a todo lo que hace el gobierno de turno. No parece importarles demasiado si existen alternativas viables a lo que cuestionan, o qué saldo queda en la ciudadanía en términos de prestigio del sistema político. Aunque hay excepciones, suelen preferir el escándalo sistemático a la crítica constructiva. Actúan, frecuentemente, sin conciencia medioambiental: quieren ganar votos incluso al alto precio de contaminar el debate público y alejar (debí escribir: seguir alejando) a la ciudadanía (especialmente a los más jóvenes) de la política.
Quinto: la autocrítica acerca del gobierno como materia pendiente. Desde que Álvaro Delgado perdió el balotaje con Yamandú Orsi, los blancos vienen discutiendo las razones de la derrota. Durante el 2025 organizaron reuniones con militantes en todo el país y consultaron con expertos. Todo esto tiene mucho sentido. Es evidente, a esta altura, que la estrategia de la campaña electoral no fue la más acertada y que la inclusión de Valeria Ripoll en la fórmula generó más problemas que soluciones. Pero la mayoría de los dirigentes del PN no parecen estar dispuestos, en el contexto de ese análisis, a preguntarse en qué medida la derrota electoral puede explicarse por errores no forzados cometidos durante el gobierno. Nicolás Olivera, intendente de Paysandú fue el que más se animó a tocar esta tecla. Dijo que, aunque Luis Lacalle Pou fue “un buen presidente”, el gobierno fue “medio pelo”. Argumentó que hubo personas “que no estuvieron a la altura” y que “faltó derramar economía en el bolsillo de los uruguayos”.
Esta pregunta, la de qué errores habría cometido el gobierno de la CR es crucial. Una autocrítica de verdad no puede eludirla o soslayarla. ¿Siempre acertaron? ¿No habrá sido un error político la estrategia de la LUC como ley ómnibus? ¿Fue un acierto no buscar tender puentes con el Frente Amplio (FA) ni siquiera durante la pandemia? ¿No hubo designaciones desafortunadas? El informe elaborado por el colega Rafael Porzecanski que sirvió de insumo a las discusiones de los nacionalistas durante el 2025 señala que hacia mediados del mandato se verificó un cambio importante en la intención de voto: “Ni la oferta de candidaturas ni la campaña lograron alterar de forma relevante la estructura de intención de voto por bloques, que se mantuvo incambiada desde la referida caída de la CR a mitad del período de gobierno”. El siguiente gráfico, disponible en la página de Opción, ilustra muy bien esta inflexión decisiva en la opinión pública (ver: https://www.opcion.com.uy/opinion-publica/preferencias-partidarias-4o-trimestre-2025/).
Entre 2021 y 2023, el FA pasó de 37% a 42%. La campaña electoral liderada por Delgado estuvo lejos de ser brillante. Pero, de acuerdo a los datos de Opción, el FA aumentó su intención de voto durante los primeros tres años del gobierno y no durante el 2024. ¿Solo mala suerte? ¿Solo viento en contra? Hemos escuchado discutir muy poco a los nacionalistas sobre sus eventuales errores como líderes de la coalición de gobierno. Pero otro tanto puede decirse de sus socios. Valdría la pena, en particular, conocer qué piensan sobre esto colorados e independientes, que se mantienen dentro de la CR. ¿Suscriben todo lo hecho? ¿Qué errores cometió, para ellos, el gobierno que integraron?