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Las personas comprendemos el mundo político a través de sistemas de creencias: conjuntos interrelacionados de actitudes que operan como marcos cognitivos para interpretar eventos sociales y políticos, así como para procesar información (Converse, 1969). Estos sistemas no solo ayudan a interpretar la realidad, sino que también moldean preferencias y comportamientos políticos. En el núcleo de estas redes cognitivas se encuentran las identidades políticas o las identificaciones partidarias.
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En países con sistemas de partidos estables, como Estados Unidos o Uruguay, las identificaciones partidarias suelen ser el eje estructurador de estas creencias. En contraste, en democracias con partidos poco institucionalizados —como muchas de América Latina— es más común que los sistemas de creencias se organicen en torno a divisiones ideológicas —izquierda vs. derecha— o liderazgos personalistas —como el bolsonarismo o el fujimorismo— (De la Cerda, 2025; Béjar, 2024). En estos contextos, la ideología simbólica —es decir, identificarse como de izquierda o derecha— funciona como una pista cognitiva que guía la postura de los ciudadanos frente a distintos temas.
En Uruguay, los sistemas de creencias siguen estando profundamente anclados en la identificación o la cercanía con partidos políticos. Así lo confirma una encuesta realizada por Cifra en octubre de 2024, poco antes de las elecciones nacionales. En ella se evidencia cómo los uruguayos tienden a percibir y evaluar asuntos políticos, sociales e incluso económicos a través de un filtro partidario.
Uno de los temas indagados fue la percepción de la situación económica. Entre quienes pensaban votar al Frente Amplio, más de la mitad (51%) la calificaba como “mala” o “muy mala”, mientras que una minoría la evaluaba de forma positiva. En cambio, entre los votantes de los partidos que integran la coalición republicana, la mayoría (60%) consideraba la situación “buena” o “muy buena”. Esta divergencia evidencia una forma de polarización bien documentada en los estudios de opinión pública: la evaluación de la coyuntura económica se estructura a partir de la identidad político-partidaria, que actúa como un filtro interpretativo (Opertti, 2020).
Esta lógica también se manifiesta en la percepción de hechos sociales. La misma encuesta incluyó la siguiente pregunta: “¿Usted ha visto a alguna persona en situación de calle, durmiendo o viviendo en la calle?”. A pesar de referirse a experiencias observables —y no a opiniones—, las respuestas difieren de manera significativa según la identidad partidaria. Por ejemplo, el 58% de los votantes del Frente Amplio declaró haber visto personas en situación de calle en su barrio, frente al 43% de los votantes de los partidos de la coalición republicana. Una posible explicación podría ser que los votantes frenteamplistas son más urbanos y se concentran en Montevideo, mientras que los de la coalición residen mayormente en el interior del país.
Sin embargo, los datos desagregados no respaldan completamente esta hipótesis. En Montevideo, tanto votantes del Frente Amplio como de la coalición republicana reportan haber visto a personas en situación de calle en sus barrios (74% en promedio), pero con diferencias marcadas: 81% entre los frenteamplistas y 66% entre los votantes de la coalición. En el interior del país, la percepción general del fenómeno disminuye (31% en ambos bloques), pero se mantiene la brecha: mientras que el 40% de los votantes de la coalición afirma no haber visto personas en situación de calle, solo el 19% de los frenteamplistas respondió lo mismo. Parte de esta diferencia podría deberse a que los votantes de distintos partidos políticos transitan por zonas distintas —algo que no puede comprobarse con los datos disponibles en esta encuesta—, pero es poco probable que esa sea la única explicación. Las identificaciones partidarias parecen incidir también en la forma en que se perciben hechos sociales concretos.
En suma, los sistemas de creencias no solo permiten interpretar el mundo, sino que también influyen en cómo lo vemos. Las identificaciones partidarias, aunque fundamentales para canalizar intereses ciudadanos y articular la representación política, pueden también distorsionar la percepción de la existencia de los problemas públicos. Comprender este fenómeno es clave para fortalecer el debate democrático y fomentar una ciudadanía más crítica.
Converse, P. E. (1969). “Of time and partisan stability”, Comparative Political Studies, 2 (2), pp. 139-171.
De la Cerda, N. (2025). “Political Identities and Belief Networks in Developing Democracies”. Artículo presentado en la conferencia de LASA 2025, San Francisco, Estados Unidos.
Opertti, M. (2020). “Stoic partisans: the political conditioning of economic perceptions in Uruguay”, Revista Latinoamericana de Opinión Pública, 9 (1), pp. 67-88.