El título de esta columna es apenas una guiñada al título del libro de Julio Verne Las tribulaciones de un chino en China, pero su contenido nada tiene que ver.
Algunos de los visitantes uruguayos (tanto del sector público como del empresarial) decían que la organización de la delegación estaba a cargo del Poder Ejecutivo, pero eran interrumpidos por otros que aseguraban que el viaje lo había organizado Uruguay XXI, mientras que otros grupos de asistentes vociferaban, desde sus lugares, que la organización corría por cuenta de la Cancillería
El título de esta columna es apenas una guiñada al título del libro de Julio Verne Las tribulaciones de un chino en China, pero su contenido nada tiene que ver.
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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáSe trata de las tribulaciones (que, según el diccionario, significan “congoja, pena, tormento o aflicción moral”) que parecen haber afectado al primer gaucho del Poder Ejecutivo, don Yamandú, y a todo el séquito que lo acompañó (casi 200 personas, entre públicos y privados) en su reciente viaje a la milenaria China.
Las coberturas oficiales no hacen sino revelar las satisfacciones, los honores, los cálidos recibimientos y los encuentros al más alto nivel de los que fueron objeto el presidente y su séquito, pero algunas revelaciones que se filtraron (y algunos sorpresivos hechos que aparecieron de manera muy visible) muestran que no todo es miel sobre hojuelas.
Ya nomás de entrada apareció contagiado de varicela el intendente de Paysandú, lo cual produjo una serie de inusuales movimientos: revisar a ver si Orsi venía contagiado o no; explorar las causas de tan inesperada y contagiosa enfermedad; revisar, además, a los pasajeros que habían viajado cerca (bueno, todo lo cerca que lo permite el físico del mandatario departamental) en el avión de regreso, e investigar (para eso, los chinos son excelentes) si el contagio no se podría atribuir a una posible infiltración intencional del virus para mantener aislado en el domicilio al jerarca en su departamento, mientras su suplente y su equipo procesaban controvertidos trámites que tienen alborotado a Paysandú, y no necesito decir cuáles.
Pero mucho más complicado e incómodo (aquí vamos a las tribulaciones) fue el despiste que sobrevoló a la delegación visitante en China, lo cual fue recogido por el equipo de anfitriones chinos, que relevaron los datos en detalle, filmando y grabando, con el fin de producir una película de tropiezos divertidos que será exhibida en un cine humorístico de Beijing llamado Con Fu Shion, que suele emitir series de Benny Hill y de Los Tres Chiflados.
Los acompañantes chinos preguntaban varias veces en el día a los visitantes quién estaba a cargo de la delegación, de manera de coordinar las agendas, los horarios y los detalles de los desplazamientos, pero las respuestas que recibían eran tan divergentes y contradictorias que el jefe del equipo chino debió ser apartado de su cargo e internado en tratamiento sicológico a causa de sus constantes jaquecas y mareos. Algunos de los visitantes uruguayos (tanto del sector público como del empresarial) decían que la organización de la delegación estaba a cargo del Poder Ejecutivo, pero eran interrumpidos por otros que aseguraban que el viaje lo había organizado Uruguay XXI, mientras que otros grupos de asistentes vociferaban, desde sus lugares, que la organización corría por cuenta de la Cancillería.
Como consecuencia de esta dispersión informativa, el día que el presidente Orsi se entrevistó con su colega Xi Jinping, con la ceremonia en pleno desarrollo, irrumpieron en la sala una decena de integrantes de la delegación uruguaya con más de una hora de atraso, causando el desconcierto imaginable y el quiebre del silencio ritual en medio del cual se estaba llevando a cabo la visita. Al grito de “¡bo, es por acá, vamo a sentarnos en estos sillones de acá atrás, que se ve que esto ya empezó!” y “¡dale, bo, sí, mejor por acá, pero no grités!”, los delegados retrasados ocuparon unos asientos vacíos en el fondo del salón, lo que generó el disgusto y el asombro esperables. Es más, si bien la noticia no pudo confirmarse, circuló la versión de que el portero de esa sala presidencial había sufrido un infarto tras el ingreso del grupo uruguayo y que, por suerte, se repone en un hospital local.
Algo similar ocurrió cuando la delegación uruguaya fue de visita a la Gran Muralla china y a la Ciudad Prohibida. Los anfitriones esperaban un grupo más numeroso de visitantes, pero resultó que casi la mitad se quedó en sus hoteles, porque habían recibido la información (de los “organizadores” del viaje) que la tal visita se había suspendido. La furia de los que se perdieron la visita fue tal que ni bien los “turistas” regresaron al hotel fueron encarados por los que se la habían perdido, transformando el lobby en un acto más parecido al de hinchas deportivos que de funcionarios y empresarios. A tal punto la bronca trascendió que el propio presidente Orsi tuvo que interrumpir su agenda para hacerse presente en el hotel a dialogar amigablemente con todos los revoltosos y poner paños tibios y hacer que se dieran la mano algunos que ya habían gritado “¡vos me las vas a pagar, esperá que lleguemos de vuelta y vas a ver!” y “a ver si sos tan macho, vení, decímelo de nuevo, caradura!”.
En un país cuya cultura de comportamiento se caracteriza por el silencio, el respeto, la puntualidad y la discreción, la delegación uruguaya dejó un imborrable recuerdo en esta visita.
A todo eso agreguémosle la parte positiva.
El canciller informó, a su regreso, a los medios de prensa que se habían obtenido importantes avances en las exportaciones de diversos productos uruguayos, como las patas de pollo y de gallina, que aquí se descartan. Se estudia una posibilidad de incorporar a estos envíos también las crestas de los gallos y los picos de los demás plumíferos, que aquí se tiran, pero que los chinos los utilizarían para hacer bebidas energizantes de alto poder alimenticio. También vendría de China al Uruguay una actualización tecnológica en el mundo informático, que determinaría que las computadoras pudieran utilizarse asimismo como hornos electrónicos para preparar la comida mientras se está trabajando. El canciller dijo que este notable avance tecnológico estaría listo para el año 3088, pero que el tiempo no es un factor que les preocupe a los chinos, cuya civilización se remonta a más de 5.000 años.
En dos palabras, este viaje ha sido un éxito con algunos contratiempos, que sin duda dejará un imborrable recuerdo en la lejana China, alguna varicela, algunos desconcertantes episodios, muchos buenos negocios para el futuro y el récord de la delegación visitante más numerosa desde la visita de Gengis Kan en el siglo XIII.