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    Los 100 minutos del Yama

    No le cuenten a nadie, pero logramos poner un micrófono oculto en el piso 11 de la Torre Ejecutiva, donde se reúnen habitualmente los integrantes del triunvirato gobernante, a saber: el mandamás, que es el Pacha; el cerebro atómico, que es Jorgito, y el secretario de actas, que es el Yama

    No le cuenten a nadie, pero logramos poner un micrófono oculto en el piso 11 de la Torre Ejecutiva, donde se reúnen habitualmente los integrantes del triunvirato gobernante, a saber el mandamás, que es el Pacha; el cerebro atómico, que es Jorgito, y el secretario de actas, que es el Yama. Este último, con una prolijidad digna de un intendente de Canelones, registra en una libreta de esas con un resorte de alambre (que conserva de su paso por el IPA) todo lo que se dice y se comenta, pero no hay como el micrófono para entrar en los detalles.

    Estaban trabajando en el tema de los primeros 100 días del presidente, un documento que debería darle a la opinión pública la impresión de que el gobierno gobierna, que al fin de cuentas, para eso fue elegido.

    Pero la cosa no resultó tan sencilla, porque se han ido cruzando algunos cascotes en la ruta, que hacen que la máquina salte cada vez que tropiezan con uno.

    —Vos poné que vamos a pagar todas las deudas que dejó la administración anterior, que vamos a hacer frente a compromisos como el del agua, el ferrocarril y… —iba diciendo el Pacha, cuando Yamandú lo interrumpió.

    —Oíme, Pacha, se trata de decir lo que propusimos y se cumplió, lo que ya hicimos, no lo que vamos a hacer, y por ahora…

    —Vos callate y seguí escribiendo —lo cortó en seco Jorgito, a lo que, obediente, el Yama retomó el bolígrafo y siguió anotando lo que le decían—. Poné que el proyecto Neptuno será analizado cuidadosamente, y que entre 2030 y 2040 vamos a dar una opinión.

    —Pero tenemos que poner lo que hicimos, no lo que vamos a hacer —se quejó el Yama, que veía que había poco para anunciar en los primeros 100 días—. Yo les propongo que en los próximos 100 minutos pongamos en una hoja todo lo que hicimos en estos 100 días —agregó, con una sonrisa optimista y esperanzadora.

    —Tenés razón —dijo el Pacha—, vamos a poner algunas cosas ya hechas, como por ejemplo, que el Frente Amplio propuso movilizar al pueblo en las calles para protestar por el genocidio de los israelíes en Gaza, reclamando una Palestina libre.

    —Pero, Pacha —se quejó el Yama—, eso lo dijo el Frente Amplio, no el gobierno.

    —¿Y cuál es la diferencia?, ¿qué partido ganó las elecciones? —insistió el Pacha, cortándolo en seco al Yama.

    —Yo no estoy de acuerdo —reclamó Yamandú—. Hay que aceptar que tuvimos que fletar a la Cairo; bancarnos las irregularidades de Arim con su casa de Solís; despedir a la vicepresidenta de la ANP por ascender a su marido y al chofer; dar de baja al presidente pelirrojo de Colonización, después de la prueba que te mandaste vos, Pacha, con la compra de la estancia por 33 palos verdes en homenaje al Viejo; la despistada de la Schiappapietra cerró la Biblioteca Nacional el Día del Libro, y todavía cuando le preguntaron si ella era lectora contestó en una entrevista que le encantaban las poesías de Sábato Ercasty, yo le diría que lea de nuevo aunque sea la tapa del libro para que vea que Sábato es otro. Bueno, vayan llevando —insistió Yamandú—, no se crean que podemos poner muchas noticias en este boletín.

    Hay algunos proyectos que ya casi son realidad, y los podemos poner en el informe —dijo Jorgito, que es de poco hablar, pero en este tema no hay como él para saber el porqué de esa decisión—. Poné que vamos a tener una gran embajadora en Portugal, que la decisión está tomada y, si es necesario, les vamos a explicar a todos los ignorantes que es una de las decisiones más acertadas que hemos tomado.

    —¿Te parece? —preguntó Yamandú, rascándose la cabeza como pensando una y otra vez la razón de este nombramiento.

    —No tengas duda —replicó Jorgito—. Para empezar —prosiguió—, ella ha veraneado muchas veces en Floripa, y ahí se habla el mismo idioma que en Portugal, por lo que no va a tener problemas de comunicación. Yo mismo la vi en un video que me mandaron unos amigos: ella estaba en un chiringuito en la playa y un mozo le trae una caipiriña, y ella le contesta “muito obrigado”, que, por si no lo saben, quiere decir “muchas gracias” en portugués… Lo dijo perfecto, sin acento, una maravilla —reafirmó el exfiscal fiscalizador—. ¡Va a ser una gran embajadora! —concluyó.

    —Le erraste, o, mejor dicho, le erró ella —replicó Yamandú—. Si es un hombre, dice “obrigado”, pero si es mujer, tiene que decir “obrigada”. La expresión de agradecimiento tiene masculino y femenino en portugués —comentó, no sin una leve sorna en su mirada.

    —Bueno, como vos quieras, la Caro se va a Lisboa de embajadora, y poné ahí que, junto con Argimón, son una demostración de una política exterior de Estado, que designa embajadores de todos los partidos. Bueno, poné de varios, no de todos, porque si no, mañana me aparece Salle pidiéndome una embajada para la nena cuando deje el puesto de diputada.

    —Y agregá la gran Guantánamo 2 —dijo el Pacha, sacando pecho—, que va a salir en primera plana en todos los diarios del mundo, junto con la noticia del divorcio de Trump y Musk, y la prisión de Cristina.

    —Que yo no entienda, vaya y pase —dijo Yamandú, que a veces hay que explicarle las cosas dos veces—, pero mirá la cara de asombro de Jorgito. ¡Explicate, Pacha!

    —Otro homenaje al Viejo, como la compra de la estancia María Dolores para los trabajadores rurales —arrancó el Pacha.

    Luego les recordó a los otros dos que Mujica había cambiado a los presos sirios que trajo de Guantánamo por un cargamento de naranjas, en otra demostración de su capacidad para hacer buenos negocios (“como el Tren de los Pueblos Libres o la regasificadora”, pensó Yamandú, pero no lo dijo), y que ahora el gobierno va a traer a cinco campesinos palestinos para radicarlos en Uruguay y enseñarles a plantar lechugas y repollos, ayudando de esa manera al proceso de paz en Gaza.

    —¡Pero no los va a traer gratis, señores! —bramó el Pacha—. Contra el envío de los campesinos gazatíes, el Uruguay ya les mandó ayuda alimentaria a los pobres palestinos, que no tienen qué comer por culpa de la crueldad de los israelíes.

    Yamandú pasó luego a informarles que Lubetkin le acababa de mandar un mensaje por WhatsApp, diciéndole que las autoridades palestinas habían devuelto el envío de sándwiches de jamón y queso que había mandado Uruguay.

    —Es que los musulmanes no pueden comer cerdo —aclaró el Yama.

    —La gran siete —comentó el Pacha resignado—, ¡no embocamos una!

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