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    Los intrascendentes

    Demasiado ego: ese es el problema; los que se piensan que porque circunstancialmente están en un cargo de poder tienen asegurada su trascendencia, que están capacitados como para pensar más allá y que lo que dicen es inteligente y profundo

    Director Periodístico de Búsqueda

    Mas de 40 años dibujando a través de trazos certeros y repletos de talento a algunos de los protagonistas políticos del momento. Día tras día, semana tras semana, mes tras mes, de la mano de Arotxa parían sugerentes figuras para alimentar a la prensa, a veces en blanco y negro y otras en colores.

    Mediante miles de caricaturas, publicadas principalmente en el diario El País, aunque también en varias revistas y semanarios —Búsqueda incluido—, Arotxa decía muchísimo sin utilizar ni una sola palabra. Su archivo es un fiel reflejo de las décadas más recientes de la historia política uruguaya. Humor, ironía, inteligencia, sutileza, sensibilidad, olfato y mucho periodismo. Recorrer su trabajo es volver a repasar el pasado reciente de una manera muy disfrutable.

    Pero son tantos los dibujos que hizo a lo largo de su extensa carrera que, de un tiempo a esta parte, tomó la resolución de hacer una limpieza de cajones. Fue revisando una a una las montañas de caricaturas y de esa forma reparó en la cantidad de personas que tuvieron apenas unos minutos de fama y que hoy nadie recuerda. Se quedó solo con las más importantes y desechó una cuantas porque sus protagonistas terminaron siendo intrascendentes.

    Dice mucho esa anécdota que me contó Arotxa. Comunica en silencio, como sus caricaturas. Porque es la más clara evidencia de lo efímero que es el poder y de lo poco que dura la fama mediática en la mayoría de los casos. También de lo equivocados que están muchos de los jerarcas de turno o líderes circunstanciales de los partidos políticos en sentirse como el centro del universo.

    La mayoría de ellos queda, en poco tiempo, envuelto en algo muy parecido al olvido. Son muy pocos los que realmente siguen ocupando espacios en la memoria colectiva o que tendrán un lugar importante en los futuros libros de historia. Se cuentan con los dedos de las manos en cada uno de los períodos de gobierno.

    Lo irónico es que casi todos los que con el tiempo pasan a ser tinta vieja en algunas páginas de diarios amarillentos son los mismos que en su momento se sentían el centro del universo. Porque ese es un defecto que comparten muchísimos políticos, el de creerse realmente que son como el lugar que están ocupando circunstancialmente. Van por su recorrido público convencidos de que los espera el bronce o que su nombre quedará inmortalizado en alguna calle o escuela, pero al poco tiempo ni siquiera sus correligionarios los tienen presente.

    En los hechos, casi todos son intrascendentes. Mejor dicho: todos, porque de alguna forma todos lo somos. Algunos más que otros pero no hay insustituibles. El tema con varios de los que ejercen cargos de jerarquía política durante un tiempo es que no tienen incorporado ese concepto. Se piensan que están varios escalones por encima de los ciudadanos comunes y no logran darse cuenta de que nada serían ni serán en el futuro sin ellos.

    El líder colorado Julio Sanguinetti suele decir que los presidentes son “administradores de egos”. Sabe de lo que habla, le tocó encabezar el Poder Ejecutivo durante dos períodos de gobierno. Tiene la experiencia suficiente como para referirse con propiedad a lo difícil que es convivir con muchos ministros y autoridades que se creen que todo depende de ellos y que sus opiniones son trascendentales.

    Algo similar sostenía el expresidente José Mujica. Al promediar su período de gobierno, durante algunos días se lo veía fastidiado con lo que estaba ocurriendo a su alrededor en relación con el manejo del poder. “El problema no son las cosas, son los cosos”, decía, para explicar que mucho peor que los contratiempos que tenía que resolver desde la Presidencia eran los egos excesivos de algunas personas con las que tenía que convivir.

    Demasiado ego: ese es el problema. Los que se piensan que porque circunstancialmente están en un cargo de poder tienen asegurada su trascendencia, que están capacitados como para pensar más allá y que lo que dicen es inteligente y profundo. Pues no. Es bueno que lo vayan sabiendo. Es importante que incorporen que solo su familia y sus amigos se acordarán de ustedes en unos años. Sería muy útil que se bajen de ese cajón de frutas en el que están parados momentáneamente pero que ven como un pedestal, pronto para el bronce. De esa forma sería mucho más fácil que tomaran real dimensión de que lo trascendente realmente es lo que pueden llegar a hacer desde esos lugares y no ustedes. Porque es ahí donde está el problema. Creérsela dificulta poder mirar para el costado para sumar fuerzas y avanzar más rápido en conjunto. Y son demasiados los que están pensando en su propia trascendencia inmediata y creen que están haciendo historia, cuando ni siquiera forman parte de la historieta.

    Los otros, los que realmente entienden su función desde un cargo temporal de poder, son aquellos capaces de imaginar la institución que representan y el trabajo que deben realizar por encima de su propia persona. En definitiva, hay que ser verdaderamente grande de pensamiento y de espíritu como para asumir lo pequeño que realmente se es de forma individual.

    Y ahí vamos al segundo problema, uno que es más de fondo todavía. Cada vez son menos los que se ubican en ese lugar de grandeza y se dedican a la política. No quiere decir que no los haya. Los hay y en todos los partidos. Sin ir más lejos, este gobierno cuenta con algunos y la oposición también. Pero hay una realidad que es evidente. La política está perdiendo el interés que antes tenía. Las nuevas generaciones y las que no lo son tanto, los menores de 50, esos que eran niños en la dictadura y crecieron en democracia, están cada vez más alejados del escenario político. Así lo muestran todas las encuestas.

    Entonces, los que sí son protagonistas del debate cotidiano y hacen de la política su medio de vida, suelen ser los que eligen quedarse en la superficie y están más preocupados por su ego y por su futuro inmediato que por cualquier otra cosa. Se multiplicaron los intrascendentes, esos que hoy son titulares de diarios y protagonistas en la caricaturas pero que en muy poco tiempo pasarán a un plano casi invisible.

    Lo peor es que piensan que están en una especie de guerra fundamental, creen que de ellos depende el bienestar de la mayoría de sus compatriotas, y muchos siquiera son registrados por el círculo exterior a sus votantes. Ni para caricatura dan en muchos casos. En otros ya son las caricaturas de sí mismos, ya se están agotando, incluso antes de que alguien, dentro de un años, se tome el trabajo de revisar su archivo para ver qué es lo que vale conservar del pasado reciente.