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Milei y la provincia de Buenos Aires: ¿una profecía autorrealizada?
Mientras el debate público argentino acentúa la importancia de la elección bonaerense para el éxito del plan económico, los inversores internacionales aclaran que la elección importante es la de 2027
Durante las últimas semanas, los medios argentinos solo hablaron del cierre de listas bonaerenses. Parecía que el futuro del país dependía de eso, incluida la estabilidad de Javier Milei y la supervivencia del peronismo. La provincia de Buenos Aires acapara la atención en todas las elecciones, pero esta vez fue peor porque, por primera vez desde 1983, se votará en una fecha diferente de la elección nacional. La decisión de desdoblar la tomó el gobernador Axel Kicillof, contra la opinión de su exjefa Cristina Fernández de Kirchner, pensando que sería arrasado si las elecciones fueran coincidentes. Pero una cosa es la autonomía provincial y otra el impacto nacional. ¿Tan importante es Buenos Aires?
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La Provincia (se escribe con mayúscula para diferenciarla de las demás) tiene dos veces la superficie de Uruguay y cinco veces su población. Claro, pensará humildemente un uruguayo, cualquiera es grande al lado del paisito. Pero Buenos Aires es elefantiásica también para Argentina. Si se la dividiera en cinco partes iguales, serían las cinco provincias más pobladas del país. Esa es la magnitud de su hipertrofia: quintuplica demográficamente a la segunda provincia argentina, la orgullosa Córdoba. No hay desproporcionalidad semejante en ninguna otra federación del planeta. Por eso, la prensa argentina considera a las elecciones bonaerenses como “la madre de todas las batallas”.
Pero la prensa se equivoca. Se equivocan los periodistas, los políticos y los analistas. Los ciudadanos y los mercados se equivocan un poco menos.
Periodistas, políticos y analistas presentan a Buenos Aires como la provincia más poderosa, la que pone presidentes, la decisiva. Su argumento es numérico: con casi 40% de la población nacional, casi equilibra a las otras 23 provincias que apenas superan el 60%, todas sumadas. Por eso, el gobernador bonaerense es considerado un primus inter pares y es siempre un candidato natural a la presidencia. Sin embargo, la última vez que un gobernador bonaerense ganó una elección presidencial fue en 1862, cuando la provincia de Buenos Aires integraba a la ciudad homónima. En síntesis, Bartolomé Mitre ganó por porteño antes que por bonaerense.
Desde entonces, ganaron la presidencia gobernadores riojanos, santacruceños y porteños, pero los gobernadores bonaerenses que la pretendieron tuvieron que bajar su candidatura o perdieron la elección, ¡y fueron 12, no uno! Entre ellos se cuenta Eduardo Duhalde, que perdió la elección de 1999 y solo fue presidente por designación del congreso, después de la crisis de 2001. Nunca, desde 1880, cuando la capital fue arrancada del resto, Buenos Aires definió una elección nacional. Para ser presidente, hacer una buena elección en la Provincia es importante, pero ganarla es irrelevante. La única provincia que definió una elección presidencial fue Córdoba, en 2015: sin contar sus votos, Daniel Scioli hubiera sido presidente en vez de Mauricio Macri. Buenos Aires no es la madre de todas las batallas, sino, en palabras del politólogo Javier Zelaznik, de todos los naufragios.
Entonces, ¿por qué los partidos nacionales echan toda la carne al asador en una elección que define tan poco? La primera respuesta es racional: porque, aunque no ponga presidentes cuando vota, Buenos Aires los voltea cuando protesta. El conurbano bonaerense que rodea la capital federal alberga a 12 millones de personas y, si un pequeño porcentaje marcha a Plaza de Mayo, los presidentes tiemblan y su estabilidad peligra. El palacio le teme a la calle, y hay mucha calle provincial sitiando al poder nacional.
La segunda razón para magnificar la importancia bonaerense es el efecto anteojera. Todos los canales nacionales de televisión, incluidos los seis de noticias, tienen sede en la ciudad de Buenos Aires. Los principales diarios argentinos también, y todas las radios de alcance nacional, salvo una. Desde la capital miran el país, pero solo ven la ciudad y su conurbano. Desde lo alto del Obelisco, se vislumbra con dificultad lo que está más allá de la General Paz, la avenida que separa a la ciudad de la Provincia del mismo nombre.
La tercera razón para confundir a Buenos Aires con Argentina es, por supuesto, la ignorancia de la historia y de la matemática. De la historia porque, como relatado, la Provincia nunca definió una elección nacional; y de la matemática porque se analizan padrones electorales como si fueran resultados electorales, es decir, se toma el bruto por el neto. Cosa de brutos.
En 2023, cuando llegó a la presidencia, Milei no se confundió. Su campaña apeló al hartazgo nacional contra los porteños que los habían encerrado durante la pandemia, cuando el virus casi ni circulaba en los pueblos. Y en el interior no se distingue entre capital y Provincia: los bonaerenses también son llamados porteños. Además, Milei recurrió a la televisión y las redes sociales antes que a la militancia territorial. El resultado fue un shock: el libertario ganó las PASO (primarias partidarias obligatorias) en 16 provincias, muchas de las cuales jamás había pisado, y en municipios donde su partido ni siquiera tenía fiscales. En Buenos Aires, sin embargo, perdió. Para más precisiones, salió tercero. ¡En las dos! Milei demostró que Buenos Aires era prescindible, pero, además, impopular: para ganar no hacía falta seducirla, sino enfrentarla.
Aunque la irrelevancia provincial no sea consciente, los ciudadanos bonaerenses la admiten cuando votan. Por eso eligen como gobernadores a dirigentes de la capital federal, candidateados a dedo por el presidente de turno. Una tentativa similar en otra provincia daría lugar a un levantamiento popular. La elección del año en curso es especial porque el desdoblamiento de Kicillof obliga a los candidatos provinciales a ir desnudos, es decir, sin el taparrabos de una lista nacional. Esta vez empujan solo los intendentes, por eso los partidos tuvieron que buscar cabezas de lista conocidas. Conocidas pero testimoniales, porque difícilmente los intendentes y ministros que se candidatean cambien su puesto actual por una opaca banca en La Plata, la capital espectral de una Provincia impotente.
Los mercados también leen la Provincia mejor que los políticos. Mientras el debate público argentino acentúa la importancia de la elección bonaerense para el éxito del plan económico, los inversores internacionales aclaran que la elección importante es la de 2027. Antes de hundir millones de dólares en un país inconstante, no les importa quiénes serán los candidatos de la tercera sección electoral o quién tendrá la primera minoría en el Senado bonaerense. Lo que les interesa es saber si Milei va a reelegir.
En 2023, Milei Karina dedicó enorme energía al armado de las listas bonaerenses. ¿Habrá olvidado Milei Javier su experiencia de 2023 sobre la irrelevancia o, peor, inconveniencia electoral de la Provincia? Quizás el hecho de haber excluido de las candidaturas a las Fuerzas del Cielo, la armada libertaria digital, sugiera que no: el ejército bajó al territorio bonaerense en maniobra distractiva, mientras la fuerza aérea se preserva para la pelea nacional. Pero si los libertarios creen de verdad que la Provincia define su futuro, el futuro que están construyendo tiene pies de barro.