En Búsqueda y Galería nos estamos renovando. Para mejorar tu experiencia te pedimos que actualices tus datos. Una vez que completes los datos, tu plan tendrá un precio promocional:
* Podés cancelar el plan en el momento que lo desees
¡Hola !
En Búsqueda y Galería nos estamos renovando. Para mejorar tu experiencia te pedimos que actualices tus datos. Una vez que completes los datos, por los próximos tres meses tu plan tendrá un precio promocional:
* Podés cancelar el plan en el momento que lo desees
¡Hola !
El venció tu suscripción de Búsqueda y Galería. Para poder continuar accediendo a los beneficios de tu plan es necesario que realices el pago de tu suscripción.
Después de una larga y por momentos tediosa campaña electoral, la ciudadanía uruguaya eligió a su nuevo presidente: el frenteamplista Yamandú Orsi, que asumirá en su función el próximo 1º de marzo. Obtuvo cerca de 95.000 votos más que su competidor, el postulante de la coalición republicana, Álvaro Delgado, en la segunda vuelta electoral del domingo 24. Fue una victoria más holgada de lo que se esperaba, aunque el futuro gobierno no contará con mayoría parlamentaria. La tendrá en la Cámara de Senadores pero no en la de Diputados.
¡Registrate gratis o inicia sesión!
Accedé a una selección de artículos gratuitos, alertas de noticias y boletines exclusivos de Búsqueda y Galería.
El venció tu suscripción de Búsqueda y Galería. Para poder continuar accediendo a los beneficios de tu plan es necesario que realices el pago de tu suscripción.
Desde la noche de ese domingo, han sido muchos los análisis e interpretaciones de lo ocurrido. Algunos más profesionales y otros teñidos del color partidario de los que lo realizaban, como siempre ocurre en estos casos. Lo que es un hecho objetivo es que hubo un ganador y un perdedor y que, una vez más, habrá rotación de partidos políticos en el poder en Uruguay.
En Búsqueda contamos con excelentes columnistas para realizar las lecturas pertinentes de la nueva realidad política y los invitamos a que los lean en esta edición. Pero desde esta página editorial queremos destacar una pregunta que nos envió después de las elecciones uno de nuestros lectores más inteligentes, que suele hacernos pensar con cada una de sus reflexiones.
“¿La luisbatlleberresización político/electoral del Uruguay tendrá fin o solo será interrumpida muy de vez en cuando debido a un hartazgo muy puntual, que, con independencia de lo que pase, dará lugar al retorno a la luisbatlleberresización?”, nos preguntó. Para ese lector, lo que ganó el domingo 24 es el modelo creado por ese “segundo batllismo”, que encabezó el expresidente Luis Batlle Berres a mediados del siglo XX y que, según su interpretación, ha marcado la vida política uruguaya de las últimas décadas.
Pues corresponde afirmar en primer lugar que no es alocada su conclusión. Porque el batllismo es algo muy presente y vivo entre la mayoría de los uruguayos. Forma parte de la idiosincrasia del país, tiene que ver con eso en lo que nos hemos transformado, con sus luces y también con sus sombras.
Pero hay más de un batllismo. El primero, el que en gran medida forjó un Uruguay adelantado para su época con sus leyes sociales, fue el de José Batlle y Ordóñez de principios del siglo XX. No fue el único responsable de modernizar el país, pero sí tuvo mucho mérito al respecto y por eso se lo recuerda.
El segundo, el de Batlle Berres, cerró al Uruguay desde el punto de vista económico y centró todas sus energías en agrandar el Estado y encargarlo de cuestiones que no eran centrales. Algunos lo defienden y otros lo responsabilizan de la caída en la mayoría de los indicadores sociales y económicos que vino después. Hasta Jorge Batlle, hijo de Batlle Berres, y que luego se transformó en el primer presidente del siglo XXI, cuestionaba el modelo que instaló su padre.
Pues ese “segundo batllismo”, al que se refería nuestro atento lector, quedó en muchísimos uruguayos como una forma de concebir la política y la gestión pública. Formó al ser uruguayo más característico, ese que no asume demasiados riesgos pero tampoco pretende muchos beneficios, que prefiere la continuidad y tranquilidad antes que los golpes de timón abruptos, que elige un empleo público antes que emprender en la actividad privada.
Analizando la historia reciente, parece sensato decir que Uruguay es esencialmente batllista porque la mayoría de sus habitantes lo son en la forma de concebir a la cosa pública y al Estado. Orsi y, más específicamente, el expresidente José Mujica y su Movimiento de Participación Popular (MPP) lograron representar esa filosofía tan arraigada entre muchos compatriotas. Prueba de ello es la creciente votación que ha tenido el MPP quinquenio tras quinquenio en las últimas dos décadas.
Para explicarlo mejor, volvemos a recurrir a las palabras de nuestro estimado lector. “Somos un pueblo que no premia la obra pública y premia el gasto corriente. No premiamos la creación de empleo, sino que premiamos el crecimiento del salario de los que tenemos empleo. No premiamos al que asume riesgo y premiamos a los filósofos del Sorocabana”, apunta.
“Mi duda es si hay espacio en el Uruguay para una propuesta que nos sacuda un poco, que deje de dominar el Uruguay el gerente de sucursal bancaria que vive en Malvín, iba a Piriápolis y hace 10 o 12 años se compró con culpa un apartamento en la Mansa de Punta del Este. Luis Batlle Berres nos tatuó como país. ¿Hay espacio para construir un nuevo modelo o ese tatuaje es indeleble?”, se cuestiona.
No está clara la respuesta, pero lo que sí parece claro es que en esta oportunidad ganó otra vez el batllismo, ahora en su nueva forma. Cuánto de lo bueno y cuánto de lo malo de esas viejas ideas tan uruguayas aplicará el nuevo gobierno es lo que está por verse.