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Esta semana, Unicef organizó un seminario internacional sobre inversión en infancia en la Torre de las Comunicaciones. Se presentaron dos trabajos. Natalia Winder Rossi, directora global de Políticas Sociales y Protección Social de Unicef, difundió una comparación de la pobreza infantil en 40 países de ingresos altos y medios-altos de la Unión Europea y la OCDE. El segundo expositor, Dominic Richardson, se enfocó en un análisis comparativo del gasto social en infancia en 84 países y en particular en cómo se distribuye el gasto en las distintas etapas de la niñez, adolescencia y juventud.
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Unicef mide la pobreza infantil en forma relativa. El cálculo consiste en ordenar a los hogares de menor a mayor según su ingreso equivalente, observar el ingreso del hogar que está exactamente a la mitad del ranking (ingreso mediano) y calcular el porcentaje de niños que viven en hogares con ingresos por debajo del 60% del ingreso mediano. El ingreso por persona equivalente es un ajuste que corrige el por el tamaño del hogar, para tomar en cuenta las economías de escala que hay al interior del mismo. ¿Cómo se compara la pobreza infantil relativa del Uruguay con la de países de ingresos altos y medios-altos europeos y de la OCDE en el período 2019-2021? De 40 países relevados, Uruguay ocupa el antepenúltimo lugar, con una pobreza relativa de 31,1%, cerrando la cola con Turquía y Colombia. Dinamarca, que tiene el mejor puesto, tiene una pobreza infantil de 9,9%. Claro está que Dinamarca tiene un ingreso per cápita que es casi tres veces el de Uruguay. Pero incluso si comparamos con países con ingresos per cápita parecidos o ligeramente superiores al nuestro, Uruguay tiene una pobreza infantil que es 10 puntos porcentuales superior a la de Chile y Grecia y el doble de la de Croacia o Polonia.
El informe también muestra los cambios que experimentaron estos países en la pobreza infantil en el período 2019-2021 en relación con 2012-2014. No todos los países lograron reducirla. Interesantemente, los países con mejores desempeños no fueron los más ricos ni los que experimentaron mayor crecimiento económico. Por ejemplo, Polonia y Corea redujeron la pobreza infantil en más de 30%. También se observaron caídas notorias en Canadá y en otros países de Europa del Este, como Eslovenia, Letonia y Lituania. Por el contrario, varios de los países más ricos de la OCDE y Europa, como Francia, Suiza, Noruega y Reino Unido, experimentaron aumentos en la pobreza infantil de 10% o más. Uruguay muestra una caída leve en el período de análisis.
En Corea, Polonia y Canadá, las mejoras se atribuyen principalmente a una mejor protección social a través de transferencias monetarias. En Eslovenia, a políticas del mercado de trabajo destinadas a crear condiciones de trabajo digno para las personas en situación más vulnerable. Se destaca también el caso de Nueva Zelanda, que estableció un sistema de monitoreo de indicadores de pobreza y bienestar que articulan respuestas coordinadas a las familias vulnerables a través de un único referente de contacto con esas familias. Las respuestas se enfocan en la extensión de cuidados infantiles, la reducción de los costos de medicamentos y otros gastos sanitarios, el apoyo a la vivienda y el transporte gratuito para niños menores de edad.
El objetivo del segundo informe fue identificar cuánto gastan los países en infancia y si distribuyen ese gasto eficientemente a lo largo de las distintas etapas de la niñez, adolescencia y juventud. Como ya he señalado anteriormente en esta columna, hay amplia evidencia desde la neurociencia, la economía y la psicología de que la inversión en los primeros años de vida es altamente rentable. Un hogar sin privaciones materiales, afectivamente disponible y estimulante sienta las bases para procesos de aprendizaje y desarrollo adecuados. Una inversión insuficiente en estas etapas le impone luego una sobrecarga al sistema educativo formal, que tiene que compensar los problemas de bienestar que se arrastran desde las etapas anteriores, y a toda la economía a lo largo del ciclo de vida del individuo. Invertir antes genera ahorros y eficiencias más adelante. ¿Cuánto se alejan los países de una inversión dinámicamente eficiente en infancia? En este caso, la comparación es para 84 países de niveles de ingreso bajos, medios y altos. El informe se concentra en el gasto público para el cual hay más información disponible: protección social (transferencias monetarias), educación, cuidados y servicios sociales. Una limitación es que excluye los gastos en salud. Otra limitación es que el análisis se retrotrae a datos del 2015 al 2018.
En los países de ingresos bajos, el gasto es de US$ 2.300 por niño (ajustados por paridad de poder de compra) en todo el ciclo preescolar y de educación formal. Solo el 7% del gasto va a la primera infancia. Con una población que no crece ni disminuye, la tercera parte de los menores de edad tienen entre 0 y 5 años, por lo que este 7% refleja una subinversión sumamente importante en esta etapa de vida. En este grupo se encuentran varios países africanos que invierten el primer dólar público en un niño cuando entra en la educación formal, a los siete años. Los países de ingresos medios altos tienen un gasto público que totaliza US$ 35.300 por niño a lo largo del ciclo preescolar y de educación formal. Sin embargo, solo 12% del gasto en estos países va para los niños de 0 a 5. En los países de ingresos altos, el gasto es de US$ 195.000 por niño, casi cinco veces más. Y el 27% está destinado a los niños menores de seis años, una distribución bastante más pareja para los primeros años de vida.
Dinamarca, que sería uno de los ejemplos a seguir en cuanto a eficiencia del gasto, invierte en los dos primeros años de vida más que en cualquier otra edad, fundamentalmente a través de transferencias por maternidad y paternidad y cuidados. El gasto a partir de los dos años se reduce a dos tercios del gasto inicial y se mantiene parejo en ese nivel hasta los 18 años. Luego de los 18, baja a la mitad del gasto inicial. En Uruguay, la tendencia es la inversa. El gasto es muy bajo hasta los dos años y va aumentando sucesivamente en los distintos tramos de la etapa escolar, la adolescencia y la juventud temprana, alcanzando los mayores niveles entre los 19 y los 23 años. Según el informe, el gasto para un joven en edad universitaria en Uruguay es 25 veces más alto que el de un niño de entre 0 y 2 años. Un gráfico así habla por sí solo.
Referencias
Richardson, D., Harris, D., Hudson J., Mackinder S. Too Little Too Late: An assessment of public spending on children by age in 84 countries, UNICEF Innocenti – Global Office of Research and Foresight, Florence, 2023.
UNICEF Innocenti – Global Office of Research and Foresight, Innocenti Report Card 18: Child poverty in the midst of wealth, UNICEF Innocenti, Florence, December 2023.