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Yo que vos, qué querés que te diga, andaría con cautela. Desde que arrancaron juntos la campaña, siempre me dio la impresión de que ella trataba de sobrecomentar lo que vos decías, y —tenemos que admitirlo— ella tiene un estilo más directo y menos enredado que el tuyo.
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A mí me gusta el tuyo porque es honesto, no muy directo, pero sin duda es sencillo y popular. El de ella, en cambio, es crudo, agresivo, tajante, hasta para elogiar o felicitar siempre parece que está rezongando a su interlocutor.
Vos elogiás una cosa, aun relativizándola, pero, bueno, y siempre le encontrás el lado positivo a lo que sea. Una ley, una trancada política en el Parlamento, hasta un accidente. Un suponer: se incendió la planta de armado de los autos y, antes de que vos mandaras a la ministra para que se viera que el Poder Ejecutivo se preocupaba del tema, y seriamente, como lo ha hecho, ella ya había tuiteado, mensajeado y declarado que aquello era un desastre que tendría serias repercusiones para el ámbito laboral. No se le ocurre ninguna buena. Para ella, las cosas son más malas o menos malas y generalmente por culpa del anterior gobierno, al que no le perdona una ni le reconoce alguna que haya salido bien.
Y no se pierde detalle. No falta a ninguna convocatoria en la que podría no estar por no ser necesaria su presencia, pero en la que hace “la gran Figuretti” sin que nadie le pueda decir “¿usted qué hace aquí?” porque, con el cargo que tiene, nadie le puede decir que se vaya. Pero lo escuché al actual intendente de Canelones —¡tu chacrita, hermano!— diciendo que ella había integrado la comitiva oficial que recorrió el departamento presenciando la toma de posesión de los alcaldes y las alcaldesas de las 32 —¡treinta y dos!— alcaldías que tiene el territorio canario. ¡Qué aguante, papá!
Hay que ver cómo se hace ver en el cargo que tiene, que es más para organizar y mantener el orden que para lucirse con discursos reglamentaristas, que por lo general no vienen al caso. Las caras de velorio o de fastidio de los que se ligan los rezongos o las correcciones, como si fueran gurises chicos, lo dicen todo. Le replicarían con buenas razones o le tirarían un vaso por la cabeza, pero se la bancan porque a fin de cuentas es la patrona del conventillo.
Por si no te diste cuenta, o no te mostraron la factura, que anda circulando por las redes, se compró un asiento nuevo que costó $ 274.000 (doscientos setenta y cuatro mil pesos, moneda nacional). Hay que tener flor de autoestima dorsal y trastal para gratificar los riñones y demás sitios aledaños con un semejante reposatorio de fino cuero de Rusia (o de Ucrania, andá a saber) orlado de finos ribetes de bronce.
Fijate y andá sacando la cuenta que, si llega, como ella tanto lo ansía, a sentarse en la misma silla que estás sentado vos en este momento, le tendremos que encargar a las reales manufacturas británicas un sillón igualito al que usa el rey Carlos III en su escritorio (no digamos ya como el de la finada reina Isabel porque ese ya lo había heredado de la reina Victoria y Carlitos tuvo que hacer fabricar uno más nuevo y más moderno).
Pensar que el que vos usás en fija lo había comprado Julio María, lo usó después Luis Alberto, lo volvieron a usar Julio María, Tabaré, el Pepe y hasta Luisito, que le ponía un almohadón arriba del asiento porque así le quedaba más cómodo para firmar los decretos, y vos te lo podés llevar de recuerdo si la que viene es ella…
Vos pedile (si te parece bien, claro) a tus asesores que la vigilen más de cerca y, cuando vos vayas a ir a inaugurar algo, o a decir unas breves palabras en un acto académico o a ponerle una medalla en el pescuezo a un ganador (deportivo, intelectual o lo que sea), a ella no le avisen antes, así te ahorrás tener que bancarle sus comentarios, que sin duda destacarán los ribetes de la ceremonia con esas palabras que a vos no te nacen, pero no importa, porque las tuyas son mucho más sinceras y cálidas que las de ella. Y las tenés que decir después de que ella ya habló, y entonces desluce cualquier cosa que digas. Y encima ya dijo muchas cosas que vos no querías decir, como por ejemplo que todo lo que ocurrió (así sea un corte de cinta en una inauguración de una obra, un diploma por un logro académico o un saludo a una delegación extranjera de visita) salió bien ahora porque en el gobierno anterior nada hubiera salido así debido al desprecio que la coalición republicana tenía por la marcha del país, que ahora enderezó su rumbo gracias al gobierno frentista (cuando vos sabés que no es así, que cosas buenas y malas se hicieron en los gobiernos anteriores y en este también, pero a ella le encanta marcar las diferencias que ella supone o cree).
Es un duro trance el que te ha tocado. Correr la carrera siempre con esa sombra detrás, al lado o adelante, haciendo y diciendo lo que vos no sentís ni querés que se diga.
Pero bueno. Es lo que hay, valor, dijera nuestro gran filósofo Alberto Kesman.
Lo mejor que podría pasar es que no tuvieras que ponerle la banda a ella, porque ese trago amargo no te lo merecés ni es justo.