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    Una discusión sin maniqueísmos

    Una coyuntura internacional tan incierta, donde esas estructuras parecen en cuestión, demanda del sistema político, académico y empresarial una conversación con una mirada de largo plazo

    La dinámica de la coyuntura internacional no da respiro ni siquiera para celebrar éxitos de una política de Estado. El sábado 17 la Unión Europea y el Mercosur firmaron un tratado que llevó 26 años de negociación y que para Uruguay es una gran noticia. El bloque sudamericano, casi siempre una atadura, parece por fin empezar a dinamizar su agenda de acuerdos.

    La novedad fue recibida con optimismo por la gran mayoría del sistema político y del sector privado. Y no es para menos: supone una mejora en el acceso al mercado europeo para los principales productos de exportación uruguayos, permite que los consumidores locales también amplíen la oferta de bienes que pueden comprar y da reglas claras a los intercambios. Eso sin entrar en el aspecto político y de cooperación, donde Uruguay tiene muchas cosas para aprovechar.

    Las negociaciones involucraron a gobiernos uruguayos de diverso signo, en una alternancia que no alteró el objetivo final. Es un gran ejemplo de una política de Estado, aunque no haya sido consensuada, sino producto de los hechos. Ahora el proceso de ratificación en Uruguay debe ser rápido, pero con espacio para la discusión y el análisis del impacto del acuerdo. Es necesario estudiar bien a quiénes beneficia y a quiénes afecta para pensar en estrategias que mitiguen daños, sin que eso implique, acto reflejo habitual del Estado uruguayo, fijar subsidios que protejan eternamente a sectores ineficientes o no rentables.

    Esa conversación deberá comenzar cuanto antes, más allá de que las noticias que llegaron desde Europa ayer, miércoles 21, sean un balde de agua fría. El Parlamento Europeo resolvió enviar el acuerdo al Tribunal de Justicia del bloque para que analice su validez. Salvo que la Comisión Europea tenga un as bajo la manga, esto demorará meses la votación sobre su ratificación. Además, la señal del Parlamento arroja una sombra sobre el respaldo que efectivamente pueda recoger el tratado una vez puesto a aprobación.

    Sin chance de incidir en ese proceso, Uruguay debe avanzar en la ratificación a nivel local y seguir empujando al Mercosur para abrir nuevas negociaciones o concretar las que ya están en su agenda. Debe mantenerse como una política de Estado más allá de las discusiones coyunturales que dividen al oficialismo y la oposición.

    El presidente Yamandú Orsi anunció la semana pasada su intención de fomentar un diálogo multipartidario sobre política exterior, una propuesta que no fue bien recibida por la oposición. Parece que no hay margen en este momento para acuerdos profundos en esa materia. De hecho, es difícil que dentro del Frente Amplio puedan fijar una posición única y consistente sobre el posicionamiento internacional que debe adoptar Uruguay.

    Sea una propuesta viable o no, la conversación sobre el tema es necesaria. Los discursos de los principales líderes del mundo occidental en el Foro Económico Mundial, en Davos, muestran que la tensión entre Europa y Estados Unidos está en uno de sus picos máximos en la historia reciente. El primer ministro de Canadá, Mark Carney, tuvo una de las intervenciones más replicadas el martes 20, cuando dijo que “el mundo está en medio de una ruptura, no de una transición”.

    Uruguay basó su posicionamiento externo en torno a una arquitectura de reglas construidas a escala internacional tras la Segunda Guerra Mundial. Una coyuntura tan incierta, donde esas estructuras parecen en cuestión, demanda del sistema político, académico y empresarial una conversación sin maniqueísmos y con una mirada de largo plazo. Hay que estar a la altura.

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