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    Vamos a entendernos

    El actual gobierno ha tenido más verdes que maduras, pero el pobre se debate entre enredos internos y ataques externos (no me refiero a Trump, sino a la oposición) para llevarla lo mejor posible

    El actual gobierno ha tenido más verdes que maduras, pero el pobre se debate entre enredos internos y ataques externos (no me refiero a Trump, sino a la oposición) para llevarla lo mejor posible.

    Dejemos ya atrás (sin olvidarlo, claro) a la ministra de Vivienda y sus fraudes fiscales, a la vicepresidenta de la Administración Nacional de Puertos y sus ascensos familiares, a los “atrasos” del director de la Oficina de Planeamiento y Presupuesto con su casa “inconclusa” en Solís, a los gritos del Pacha anunciando la compra (irregular) de la estancia María Dolores para reivindicar la memoria del Pepe en pleno funeral, y tantos otros bemoles que vienen pautando el devenir gubernamental.

    Pero pensemos también en las maduras, como la ejemplar anulación del proyecto Neptuno, que nos daba una fuente alternativa de agua en caso de sequía o escasez de agua potable, sacándola injustamente del Río de la Plata, y su ulterior sustitución por más agua del Santa Lucía, cosa de que si hay seca en serio, no haya ninguna fuente alternativa de agua potable para Montevideo y la zona metropolitana. Pero salvamos al Río de la Plata de un injusto castigo. Se rumorea que el ministro Ortuño será candidato al Premio Nobel de Química Surrealista, que otorga anualmente la Asociación Mundial de Cabezaduras, con sede en Toronto.

    Reconozco que esto último suena medio irónico, pero démosle al gobierno actual una madurita en serio: el intendente Bergara va a reimplantar las papeleras en las calles de la capital, contrariando un úkase de doña Carolina, que estaba a favor de la implantación de sofás y sillones en las calles circundantes de la plaza Zabala (realmente no sé por qué los sacaron, eran tan cómodos y quedaban tan bien) y a su vez de la desimplantación de las papeleras, que recogían todos los papeles y desperdicios, que finalmente quedaron por el piso afeando y ensuciando las calles. Ahora Bergara las va a reimplantar, y, si sigue por el buen camino, volverán también los sillones a las calles que rodean la plaza Zabala, y capaz que también los festivales aquellos de cantantes y artistas internacionales, que cobraban cientos de miles de dólares en los célebres recitales en los terrenos de la rambla, ahí frente al Club de Golf. (Avísenle a Carolina cuando la inviten, a que se lleve la silla nueva del Senado, así va a estar más cómoda).

    Pero uno de los temas que más preocupado tiene al gobierno es la difícil comprensión de lo que expresa el primer mandatario, cualquiera sea el tema del que se ocupe.

    El hombre titubea, vacila, duda, expresa opuestos simples o complejos sin seleccionar la opción que más se ajusta a lo que querría estar diciendo, todo en un clima de bonhomía, simpatía y buena onda que nadie puede poner en duda.

    Su popularidad va en aumento, porque no hay nada más uruguayo, popular y digestible que el discurso de Yamandú Orsi. Que conste que digo discurso en el sentido de “discurrir”, no de “discursear”. Orsi es la antítesis del discurso, es la expresión sencilla y sin compromiso que cualquier ciudadano promedio adora, sintiéndose consustanciado con tanta versatilidad inconsistente, pero a la vez aceptable porque no hay cómo estar en contra.

    El tema, sin embargo, preocupa al entorno presidencial, ya que, cualquiera sea el asunto por el que le preguntan al presidente, ya sea el peligro de una guerra nuclear, la cosecha del durazno, los aranceles de Trump o la desaparición de los gatos monteses en los bosques de Tacuarembó, él contestará igual: “Bueno, habría que ver, sí, claro, es un tema que, cómo lo voy a expresar, interesa aunque no en forma tan importante, porque hay que ver, ¿no? Según cómo se mire la cosa puede parecer diferente, ¿noverdá?”.

    Este párrafo recién transcripto entre comillas fue recogido de una conferencia de prensa al que al presidente le hicieron un montón de preguntas, y en todas salió con ese libreto.

    Ello ha llevado a las altas autoridades (el Pacha, Jorgito y demás adláteres y altos mandos) a crear una Comisión para la Interpretación y Traducción Automática de las Expresiones Presidenciales, que funcionará en el tercer piso de la Torre Ejecutiva. Una especie de Diálogo Social, pero sin el PIT-CNT, que siempre entrevera los cables.

    Para ello los técnicos especiales contratados con este fin (muchos de los cuales provienen del exterior, y con unos sueldos espectaculares, casi tan altos como los de los gerentes de ASSE) trabajan con un modelo de inteligencia artificial (IA) que terminará en un pequeño artefacto, del tamaño de un micrófono solapero, de esos que se usan en las entrevistas radiales o televisivas, el cual tendrá una línea de conexión directa con una computadora central ubicada en la sede de la Comisión.

    El pequeño artefacto será incorporado a la vestimenta diaria del presidente, disimulando su presencia detrás de las solapas del saco que vista el Prof. Orsi.

    Cuando al presidente le hagan preguntas, quien sea y donde sea, el pequeño aparato recibirá una señal, y el cerebro central, mediante IA, transformará la respuesta en un texto coherente, sin dudas ni vacilaciones, y especialmente claro y contundente. El presidente será instruido para modular sus labios como si estuviera hablando y contestando, y, desde detrás de su solapa saldrá la respuesta clara y concreta, respondiendo a las preguntas recibidas. La máquina emitirá las respuestas utilizando la misma voz de Orsi registrada por la IA, con lo cual nadie se percatará del ingenioso sistema, que sin duda desconcertará a la opinión pública.

    El problema se va a presentar cuando el presidente se olvide de colocarse el artefacto en su vestimenta, y salga al mundo exterior sin el invalorable apoyo de este invento tecnológico.

    La gente al escucharlo dirá entonces: “Qué suerte que volviste a ser el mismo, Yama, ya estábamos extrañando tus titubeos y tus vacilaciones”, pero eso será por un rato, hasta que el valet de chambre de la residencia presidencial de Salinas lo alcance y le coloque el aparatito para que se entienda lo que quiere decir.

    Se critica mucho los gastos del Estado, pero hay gastos estatales que se justifican, y este es uno.

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