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José Arenas: "El teatro me incomoda, me resulta invasivo, tengo que sentarme muy lejos"

Edad: 36 Ocupación: Escritor y docente Señas particulares: Es fan de la Fanta; padece de insomnio; no le gusta salir de su casa; su animal favorito es el chancho

¿Desde cuándo te gusta escribir? Desde siempre. Recuerdo que de niño decía que quería ser profesor de Literatura para ser escritor, pensando que se necesitaba como cierto aval para la escritura. Siempre escribí y siempre me gustó mucho la posibilidad de inventar cosas. De niño era muy mentiroso. La posibilidad de inventar cosas y escribirlas es como legitimar las mentiras; no son cosas que quedan en el aire, como cuestiones volando, tienen un sentido.

¿Ser mentiroso te trajo algún problema en la niñez? Lo gracioso o lo psicopático es que mentía sin un objetivo, no es que mintiera para solucionar un problema. Me acuerdo de que iba a clases de inglés y una vez le dije a la profesora que con mis padres vivíamos en el campo y que habíamos hecho un lechón. Al tiempo, mi madre se encontró con la profesora, se enteró de lo que le había dicho y me preguntó por qué lo había hecho. No me acuerdo de la respuesta que le di, pero lo que yo quería era enriquecer las cosas. Como decía China Zorrilla, “un adorno de cuando en cuando no es ningún pecado”.

Escribís letras y componés tangos. ¿Cuándo surgió tu amor por el tango? En la adolescencia era bastante dark. Siempre fui a contracorriente de los gustos musicales de la mayoría de mis compañeros. Cuando a todo el mundo le gustaba la plena, a mí me gustaba el rock, pero cuando a todos les empezó a gustar el rock, dije “qué hago”. Me acuerdo de que una profesora de Sociología llevó para analizar en clase la letra de Cambalache. Y yo pensé: “Esto es lo más dark que escuché en mi vida”. A partir de ahí, me empezó a fascinar el tango. Desde entonces no solo me gusta el tango, sino que dedico parte de mi vida a eso. Tengo un trío con Álvaro Hagopián y Gonzalo Irigoyen. Me gusta mucho la densidad, la oscuridad y la filosofía que tiene. También la conciencia de finitud y el desengaño.

¿Cuál es tu lugar en el mundo? Mi casa. El año pasado viajé a China y estuve allá como un mes. Nunca había viajado tan lejos y por tanto tiempo. Me invitaron con Álvaro y Gonzalo a dar unas charlas en la Universidad de Shanghái, en el Centro Cultural Instituto Cervantes y en la embajada de Beijing. En 2024 me habían invitado a mí solo y dije que no. Esta vez no podía decir que no, a pesar de que no me gusta viajar. Entonces, les dije a Álvaro y Gonzalo que ellos viajaban como mis acompañantes terapéuticos. Estar en China me gustó muchísimo, pero el viaje me pareció un suplicio, estuvimos tres días viajando, y estando allá se me hizo muy largo. Además la cuestión del idioma me resultó frustrante. Era verano y sufro muchísimo del calor. Para ser sincero, allá éramos como los Rolling Stones, vivimos cosas realmente increíbles, sin embargo, yo decía: “Quiero estar en mi casa, tranquilo”.

¿Qué te gusta de estar en tu casa? Estoy como a salvo, estoy con mis cosas. La verdad es que, además, soy medio workaholic, siempre estoy haciendo algo. Entonces, cuando estoy afuera, siento que no estoy haciendo algo que debería estar haciendo en casa.

¿No te gusta salir al cine o al teatro? El cine me gusta mucho, voy bastante seguido. El teatro me gusta también, pero voy menos, porque, en general, me incomoda. Y eso que hice teatro y ahora estoy escribiendo una obra con una amiga, que es actriz y directora. Me resulta invasivo. Tengo que sentarme muy lejos.

¿Qué tipo de cine te gusta? Soy muy analfabeto en el cine. Me gusta el cine comercial norteamericano, de todas las épocas, desde las películas de Richard Widmark, como Ciudadano Kane. Me gusta mucho el slasher, soy fan de Scream. En algún momento, voy a escribir alguna serie de ensayos sobre Scream. También me encantan las comedias románticas. La verdad es que, como soy un poco analfabeto en el cine, de una película lo único que te puedo decir es si me gusta o no. La miro para entretenerme.

¿Tenés mascota o te gustaría tener? No, ni tengo ni me gustaría. No sé cómo tener con los animales ese diálogo que la gente tiene habitualmente, que es como tenerlo con otro humano. Yo no tengo ese código, no puedo tenerlo.

Pero los chanchos te gustan. Sí, me gusta el universo del chancho. De hecho, en mi último libro, El niño envuelto y otras novelas uruguayas, que tiene tres novelas, la primera tiene que ver con un chancho. Pero no es que quiera tener un chancho de mascota, sino que me gusta el universo del chancho. Me gusta mucho la palabra chancho, por esa musicalidad. También me gusta por su impopularidad y por lo lindo que puede ser cuando está lejos del chiquero. Es una cosa rosada, graciosa. Me gusta mucho. De hecho, me traje de China un cuadrito (lo señala). El chancho es importante en el horóscopo chino. Al lado del cuadro, tengo un chanchito de madera y acá tengo otro.

Hiciste un curso de chef. ¿Cuál es tu especialidad? El risotto, es un plato que me encanta. Le tenía un poco de miedo, pero ahora se volvió mi especialidad. Pero me gusta cocinar de todo un poco. Cuando empecé, me gustaba mucho hacer platos de comida francesa. Después dejé porque llevan un montón de crema y manteca y me empezó a caer mal. Experimenté también comida rusa. Me gusta cocinar para mucha gente, pero una vez lo hice y me frustré. Hice un parmentier, una especie de pastel de papas y frutos de mar, y me acuerdo de que nadie me dijo ni qué rico. Elegí los mariscos y calamares, los cociné y nadie ni siquiera discutió sobre lo que estaban comiendo.