Como si todavía estuvieran a los tiros en Masoller, hay colorados que no quieren saber nada con una fusión política con los nacionalistas. El concepto coalición republicana les provoca urticaria y reivindican al batllismo como esencia del Partido Colorado. Y ya piensan, como hubieran hecho sus viejos enemigos en las guerras civiles, en ir "a las cuchillas".
Por ahora se trata de un movimiento inorgánico que amenaza extenderse. Se dio a conocer a mediados de julio con una declaración titulada “Colorados en defensa de la autonomía partidaria”, en la que expresaron su rechazo a lo que llaman “fusionismo”, sea este “explícito o encubierto” con otros lemas. “Esa estrategia solo sirve a quienes buscan disolver al Partido Colorado y transformarlo en una fuerza subordinada a otra hegemonía”, dice el texto. Está claro que se refieren al Partido Nacional. Cualquier otra yunta con el Partido Independiente o Cabildo Abierto no es parte del debate; de hecho, ni siquiera la consideran.
Se reunieron por primera vez semanas atrás en el Club Soriano de Montevideo, en un encuentro que atrajo a unas 30 personas, y tienen previsto uno nuevo, en un lugar aún no definido del interior, entre el 15 y el 16 de agosto. Tienen una lista de adherentes que ya va por los 150 y creciendo, más “presencia fuerte” en 16 departamentos del país, dice a Búsqueda Eduardo Fazzio, veterinario, licenciado en Negocios Internacionales y exedil en Montevideo.
“Somos dirigentes locales, gente de a pie, de todos los pelos y todos los pagos unidos por estar en desacuerdo con fusionar al Partido Colorado en un lema mayor. Casi ninguno de nosotros está alineado con (el sector de Andrés) Ojeda ni (el de Pedro) Bordaberry. Salvo en Treinta y Tres y Cerro Largo, donde no tenemos nada organizado, y en Tacuarembó, donde somos muy pocos, estamos en todos lados”, asegura.
Si bien ninguno de los líderes colorados ha manifestado públicamente una intención “fusionista”, por llamarlo de alguna forma, más que apelar a la Coalición Republicana en las elecciones departamentales de 2030, este grupo percibe señales preocupantes en las declaraciones públicas de sus mayores líderes. Por ejemplo, de Julio María Sanguinetti, a quien consideran padre de la criatura luego de su reunión en 2019 con los líderes blancos Luis Lacalle Pou y Jorge Larrañaga, piedra fundamental del gobierno de coalición posterior. En una columna publicada el 6 de junio en su website bajo el título El sistema electoral, el dos veces presidente considera “interesante” que se establezca “la posibilidad de lemas accidentales, que preserven las identidades partidarias pero habiliten procesos más realistas de acumulación electoral”.
DECLARACION Adhesion generales
También critican señales como la del senador y secretario general de partido, Andrés Ojeda, que en una entrevista el jueves 17 en el programa 12 PM de Azul FM afirmó que establecer la coordinadora coalicionista parlamentaria, llamada Cocoa, “no implica ninguna decisión electoral… eso será después”. Al decir del dirigente montevideano Flavio Harguindeguy, otro embanderado con el no fusionismo, esto apunta “a crear una marca, una supraidentidad; es armar una naranja de a gajos, ¡si quieren ir hacia ahí, al menos que lo digan con claridad!”.
Una cosa que los une es su reivindicación del batllismo que consideran más puro: el Batllismo que escriben con mayúsculas, el inicial, el de José Batlle y Ordóñez, el que —paradójicamente— cruzó las fronteras partidarias. Otra es su rechazo a “las cúpulas del partido”, a las que responsabilizan de la crisis, la “pérdida de identidad” y el “alejamiento de las bases”. La creación de la “marca coalición” y el sentimiento de que solo a partir de ella se puede tener injerencia en un gobierno los une pero por el espanto.
Otro común denominador es que, más allá de que hay algún integrante que goza de cierto conocimiento —los exprecandidatos a la presidencia Zaida González y Eisenhower Cardoso, el excandidato a la Intendencia de San José José Nito Lago y la expresidenta de Ciudadanos y exintegrante del Comité Ejecutivo Nacional Margarita Machado—, ninguno es un líder de peso dentro de la estructura colorada.
Eso no les impide hablar. “La gobernanza colorada es deliberativa, no hay nada por encima de la Convención, de la Asamblea. Es esta la que mandata al CEN (Comité Ejecutivo Nacional) y no al revés”, dice Harguindeguy. “La cúpula del partido resolvió que la política pasa por conseguir cargos. Y terminamos siendo furgón de cola de los blancos”, apunta por su lado Machado.
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Expresiones de Andrés Ojeda y Julio María Sanguinetti han sido cuestionadas por los “no fusionistas”
Mauricio Zina, adhocfotos
Recuperar el batllismo
“Esta movida es importante para revivir el sentimiento y la mística que han estado bastante perdidas y abandonadas. El gran ausente en todo esto ha sido el batllismo. Nosotros quisimos lanzar esa voz desde las internas”, dice González a Búsqueda. En las últimas internas partidarias, ella salió sexta entre seis, con 170 votos. Si bien apoyó a Ojeda en las elecciones de octubre, para el balotaje de noviembre respaldó al frenteamplista Yamandú Orsi. Álvaro Delgado, el postulante blanco (ergo, coalicionista), “no era una opción por un tema de sensibilidad política”.
No son “antiblancos”, aseguran. Pero alcanza con escucharlos para notar que están más cerca del “ni un vaso de agua” de Alba Roballo que los “nativos coalicionistas” que muchos pregonaron en la campaña electoral pasada. “Ellos son católicos y nosotros laicos. Fue el batllismo, con el herrerismo conservador en contra, el que reconoció los derechos a mujeres, niños y trabajadores. Lo nuestro es el progresismo y la perspectiva de derechos humanos. Esto que (la dirigencia del Partido Colorado) impulsa ahora es ser parte de un gobierno solo para conseguir cargos. Y eso es muy miserable”, subraya Machado.
La visión sobre los nacionalistas es poco elogiosa: “Es un partido que tiene que ver con la aristocracia del país, con los intereses agropecuarios, con las clases más conservadoras, de republicanismo autocrático”, dice Harguindeguy. “Simplemente, vemos todo lo relacionado a lo social de forma antagónica”, subraya González.
Un dirigente, sin querer revelar su nombre, pone directamente el dedo en la llaga con las heridas del último balotaje aún abiertas: “Nosotros no hubiéramos tenido ningún problema en votar como vice a Valeria Ripoll. No nos molesta una mina laburante”.
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Javier Calvelo, adhocfotos
El Partido Colorado como minoría
Para estos dirigentes, la idea de comparecer juntos en 2029 hace que la ya difícil idea de votar a alguien que surgió en otro partido en un balotaje —algo que la experiencia ha demostrado le cuesta más a un colorado que a un blanco— termine adelantándose un mes. Así, entienden que se perderían votos colorados y se conquistarían menos bancas en el Senado, y no más, como argumentan quienes están a favor de un lema único. “Siempre hay que celebrar acuerdos, pero la lógica coalicionista es antifrenteamplista y eso no hace sino empobrecer la lógica republicana. Además, si nos homogeneizamos (con los blancos) y perdemos el sentimiento competitivo, el único que gana es el Frente”, subraya Fazzio.
También hay una cuestión que alimenta el rechazo. A diferencia de lo que pasó durante casi todo el siglo XX, el Partido Colorado no es el mayoritario en los lemas fundacionales. En el contexto actual no serían otra cosa que la mayor minoría. Fazzio apela a las fusiones futboleras: “En El Tanque Sisley, ¿quién se acuerda de Sisley, quién lo nombra? ¿Quién habla de Sporting en Defensor Sporting?”.
Cardoso, edil rochense en 1971, precandidato en 2004 (logró 55 votos en las internas) y 2009 (cuando obtuvo 49), es alguien que los afiches partidarios definen como “veterano dirigente colorado”. Su abuelo, Herminio Cardoso, peleó en la guerra civil de 1904 contra el ejército de Aparicio Saravia. Todavía tiene un fusil Mauser, una vincha que reza “Patria y Libertad” y un vaso donde tomaba agua en los momentos en que los combates se lo permitían. Con semejante linaje, no hace falta decir que la idea de unirse con los blancos es una afrenta inaceptable.
“Hace 60 años que estoy en el partido, siempre como peón, siempre batllista, nunca trepando. Lamentablemente, el batllismo se murió con Pepe Batlle, los que vinieron después no lo siguieron. Si no, el partido no estaría como está”, se lamenta, iniciando una catarsis que le hace temblar la voz. “El Partido Colorado es progresista, ¡y no me van a decir que el Partido Nacional es progresista! ¡Justo los que nos combatían! Ahora veo a nuestros dirigentes pelear por un lugar ¡y eso es indignante! Hay que volver a las bases, las que se fueron al Frente”, concluye.
Por ahora, este movimiento no ha merecido comentarios de la por ellos denostada cúpula partidaria. “Es admirable, hay personas que se ve tienen una gran opinión de sí mismas”, se escuchó decir sobre el tema en la casona de Martínez Trueba.