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El Día del Patrimonio revivió el enfrentamiento histórico del Partido Colorado con los colectivos charrúas
Durante el fin de semana, que giró en torno a las raíces indígenas en Uruguay, la colectividad política prefirió reivindicar a Andresito y a la etnia guaraní
Voceros de 22 colectividades indígenas en el Parlamento; desde la izquierda: Alejandra Burgos, Óscar Núñez y Mónica Michelena.
Un día y 20 cuadras separaron este fin de semana dos maneras de entender la historia. Tan antagónicas como es posible y tan viejas como el Uruguay. Son las interpretaciones del pasado indígena del Partido Colorado y de los descendientes de los pueblos originarios. En un lado se reivindicó a los guaraníes; en el otro, a los charrúas.
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El Día del Patrimonio 2026 llevó por consigna “Raíces indígenas”. El domingo 4, el Salón de los Pasos Perdidos del Palacio Legislativo vivió una ceremonia inédita: por primera vez tres voceros que representaban a 22 colectivos indígenas hablaron durante 15 minutos en la ceremonia de clausura del evento. “Fue una experiencia única, emotiva y liberadora. Quedamos muy movilizados y sensibilizados”, dijo a Búsqueda Chalohuék Alejandra Burgos, del clan charrúa Gubaitasé, una de las exponentes; los otros fueron Óscar Núñez y Mónica Michelena. “Luego de 200 años de silencio fue nuestra oportunidad de entrar al templo de la democracia”, agregó.
Un día antes, en la Casa del Partido Colorado se celebró la jornada con la charla “Andresito y el legado guaraní”, a cargo de la profesora Diosma Piotti y el abogado Héctor Dotta, moderados por el dos veces presidente Julio María Sanguinetti. El objetivo más patente del evento era reivindicar a Andrés Guacurarí, uno de los más fieles tenientes de José Artigas en los inicios de la guerra independentista, quizá también un hijo ilegítimo del prócer, y con él a toda la etnia guaraní. Otro objetivo no demoró en aflorar a lo largo de las disertaciones: “Es importante rescatar la memoria de una etnia mayoritaria dentro de aquellos uruguayos que tienen sangre indígena, un 95% frente a un 5% de la charrúa, y que se ha mantenido invisible en nuestra historia”, señaló la docente; “Cuando arranca la República en 1830, los uruguayos éramos 70.000, de los cuales 40.000 eran europeos, 30.000 guaraníes y 400 charrúas; punto, no voy a hablar más de los charrúas, ya fue suficiente”, apuntó el letrado.
En uno y otro lado estuvo presente el “genocidio” de Salsipuedes del 11 de abril de 1831, en una “emboscada” tendida en el arroyo del mismo nombre, entre los actuales Paysandú y Tacuarembó, el que los colectivos indígenas reclaman que sea reconocido como tal, lo que reiteraron en el Parlamento. El Partido Colorado rechaza de plano ese concepto y habla de un “combate” en el que murieron 40 indios (y hubo 300 sobrevivientes) contra 11 bajas del bando gubernista. El responsable de esa acción fue Fructuoso Rivera, primer presidente del país y fundador de la colectividad colorada.
Legado guaraní
Desde el viernes 2, en su columna en el Correo de los Viernes, Sanguinetti dejó claro el tono de la jornada del día siguiente: en ella, aseguró que “el fútbol le ha hecho mucho daño a nuestro país” por apelar a la “garra charrúa” como sinónimo de “bravura” para la selección, lo que acabó “siendo una especie de emblema nacional”. También criticó “el brote indigenista de los 500 años del descubrimiento de América”, en 1992, y “la tergiversación histórica del libro de (Eduardo) Acosta y Lara sobre el combate de Salsipuedes (La guerra de los charrúas, 1969)”. Lo que ocurrió ahí, según el mandatario, fue que “se terminó con una toldería ya inaceptable para la vida en sociedad” y no un genocidio.
Como lo hicieron los antropólogos Renzo Pi Ugarte y Daniel Vidart, Sanguinetti ha minimizado el aporte charrúa a la cultura nacional: “No hemos heredado de ese pueblo primitivo ni una palabra de su precario idioma, ni el nombre de un poblado o una región, ni aun un recuerdo benévolo de nuestros mayores, españoles, criollos, jesuitas o militares, que invariablemente les describieron como sus enemigos”, escribió en El País en 2009.
Ya en el evento en homenaje a este indígena devenido caudillo y militar, muerto prisionero en Brasil en circunstancias no aclaradas allá por 1821, quedó claro que la valoración hacia los guaraníes es muy distinta en esta perspectiva. El exmandatario recordó que “hasta el nombre del país, Uruguay, es un nombre guaraní, que poco existe en nuestra historia”, ya que la “mitología de la garra charrúa” hizo que esta etnia fuera “invisibilizada” y “desvanecida” de la historia nacional.
En la sede colorada se resaltó que la actuación de los guaraníes durante el proceso independentista fue destacada. Incluso se subrayó el vínculo que ellos tuvieron con el propio Rivera, tan anatematizado por los descendientes de charrúas.
“Hablar de Andresito es hablar de un guaraní, un guaraní que fue lugarteniente de Artigas, como fue Rivera, un indio respetado y nombrado por nuestro prócer como comandante general de campaña de la provincia de Misiones”, dijo a su turno Piotti. La docente recordó que los guaraníes llamaban a Artigas Karaí-guazú (“el gran señor”) y que el propio Rivera fue nombrado “jefe de la nación guaraní” tras el acuerdo de Guaviyú, el 6 de abril de 1828, durante la campaña de las Misiones.
Si en el quinto centenario del “descubrimiento” hubo un “brote indigenista”, un siglo atrás la historia era muy distinta. El poema épico Tabaré (1888), de Juan Zorrilla de San Martín, y el óleo Resurgimiento de la patria (1898), de Juan Manuel Blanes, fueron parte del imaginario de un joven país que gustaba decir que había descendido de los barcos. Como Artigas, los charrúas también se convirtieron en una construcción social simbólica: como indios valientes, irreductibles e indomables, pero también feroces y salvajes, enemigos del progreso. Como se los entendía muertos, no molestaban como creación simbólica. Por el contrario, la historiografía oficial apenas refería a los guaraníes por más numerosos que hubieran sido; y cuando lo hacía, los describía como más dóciles, fieles y fáciles de evangelizar y alistar.
Reivindicación charrúa
Entre aplausos, el ruido percusivo del traachú y el ulular del makahué, los voceros de las 22 agrupaciones indígenas hablaron por primera vez en el Parlamento nacional. De estas, 16 se identifican como charrúas y el resto son poliétnicas. Pese a haber sido mucho más numerosos 200 años atrás, no hay colectivos de guaraníes en el país. “Los que tienen esta ascendencia están integrados en las distintas organizaciones”, dijo a Búsqueda Mónica Michelena, fundadora de la comunidad Basquadé Inchalá.
Las disertaciones giraron en torno a las reivindicaciones y la visibilización. Núñez enfatizó en que son “la resistencia” a “un proceso genocida del Estado uruguayo” que se desarrolló entre 1831 y 1835, que más allá de la alusión a la “matanza principal de Salsipuedes a órdenes de Fructuoso Rivera” incluyó al gobierno de Manuel Oribe, fundador del Partido Nacional.
Michelena, que dijo que desde al año 2000 se dio el “salto cualitativo” de pasar de reconocerse como “descendientes de charrúas” a “charrúas de hoy”, enumeró sus reivindicaciones: reconocimiento de Salsipuedes como un “genocidio”, reconocimiento de la “preexistencia y la existencia actual” de estos pueblos (en el censo de 2023 un 6,4% de la población dijo tener ascendencia indígena), tener presencia en las narrativas educativas para que no se los siga “exponiendo congelados en el pasado” y la “ratificación del convenio 169” de la Organización Internacional del Trabajo. Este último —cuya ratificación sigue dilatada por Uruguay— refiere al derecho de los pueblos indígenas a mantener y fortalecer sus culturas e instituciones, así como el derecho a participar activamente en las decisiones que les afectan. A su turno, Burgos expresó que, si bien mantienen “la bravura de los guerreros de otrora”, las “flechas y lanzas” ahora “son las armas del argumento, la palabra firme y el diálogo sincero”.
Los colectivos que se expresaron en el Palacio Legislativo no se sintieron representados con lo ocurrido el día anterior. “Eso fue un oportunismo del Partido Colorado. La identidad charrúa está emergiendo con mucha fuerza y temen que destapen lo que fue un genocidio y una vil traición de Rivera”, afirmó Michelena a este semanario. La discusión, subraya, no alcanza a los guaraníes. “Ese es un pueblo hermano, lo respetamos mucho, no vamos a hacer una oposición con ellos. Cada pueblo acordó sus estrategias de sobrevivencia, quizá la de ellos fue unirse al ejército nacional, donde fueron utilizados como carne de cañón. No los juzgamos; además, no eran tan mansos como los quieren hacer parecer algunos políticos”, añadió.