¿El presente también?
Un fenómeno nuevo
Un par de años atrás, Lucila Arboleya, columnista de Búsqueda, me recomendó un podcast británico llamado Talking Politics. Me volví fanático muy rápido, en particular de su conductor principal, el académico de la Universidad de Cambridge David Runciman. Desde entonces le propino sus podcasts, columnas o libros a mis amigos. Con esta edición de Derrotero Electoral, te convertiste en una nueva víctima de mi obsesión.
Runciman dedicó un episodio de Talking Politics a hablar de la democracia y los jóvenes (Dejo aquí el link, con la advertencia de que es en inglés). El episodio salió a fines del 2018, pero el foco no ha perdido vigencia en sociedades como la uruguaya.
Una de las novedades de esta época en términos sociales es el “enorme cambio demográfico” registrado en varios países, que han visto cómo sus poblaciones se han envejecido. Runciman ejemplifica con Italia, Reino Unido y Japón. Yo sumo a Uruguay.
Incluso antes de que ocurriera el cambio demográfico, la política, decía el académico, tendía a contemplar los intereses de los mayores. Para justificar ese desbalance, en países en los que el voto no es obligatorio, uno de los argumentos usados era que los jóvenes no participaban en política tanto como los mayores. Al no hacer escuchar su voz, sus intereses no avanzaban.
“Eso quizás alguna vez fue cierto, pero no estoy seguro. La cosa que sí es cierta hoy es que si cada joven votara en una sociedad como la británica” y “cada persona mayor votara, los mayores ganarían”, dice Runciman en el podcast. “Y eso es un gran desincentivo para votar”.
En Uruguay el voto obligatorio quizás atempera ese desincentivo, pero no el desinterés.
En palabras de Runciman: “El fenómeno nuevo es la desventaja que sienten los jóvenes”.
De los dos lados del mostrador
En este tema, como en otros, Uruguay hace punta en la región. Es una de las primeras sociedades latinoamericanas en las que ya ocurrió que la proporción del tramo de población de 60 años o más se igualó con la del tramo de jóvenes (en 20,5%), según un estudio de la Organización Panamericana de la Salud y la Comisión Económica para América Latina y el Caribe.
Los datos preliminares del censo 2023 mostraron que la sociedad uruguaya está más envejecida de lo que proyectaban los expertos tiempo atrás. Un par de gráficos presentados por el Instituto Nacional de Estadísticas (INE) son elocuentes.
A los efectos de la representación de los jóvenes, tomados como aquellos menores de 35 años, las cosas son todavía un poco peor, dado que el límite de edad para votar son 18 años.
La edad mediana del votante es 45 años y el promedio de edad, 46 años, según un cálculo que hizo Daniel Chasquetti. El politólogo compartió el dato en su cuenta de X como respuesta a una nota de la diaria que se titulaba “Ojeda ‘es un candidato para estos tiempos, porque los jóvenes miran más la pantalla y están para el discurso corto’, según Bordaberry”.
Del otro lado del mostrador, los números son más altos todavía. El promedio de edad de diputados y senadores a 2020, año de inicio de la actual legislatura, fue 62 y 50, respectivamente.
Recurro otra vez a Chasquetti, que compartió en X una gráfica basada en datos del Programa de Estudios Parlamentarios de la Facultad de Ciencias Sociales.
Claro, la edad de los legisladores está un poco “condicionada” porque la Constitución establece límites mínimos para acceder a la Cámara de Diputados (25 años) y de Senadores (30). Y digo un poco, porque el promedio de edad duplica el límite en el caso del Senado.
Así, la edad media del votante y sus representados se acerca poco a poco, pero no porque la de los últimos baje.
¿Qué votan esos jóvenes?
El actual proceso electoral es probable que vuelva a confirmar que, aunque con matices, el Frente Amplio se llevará la mayor cantidad de los votantes jóvenes.
El sociólogo Gustavo de Armas publicó un artículo en 2010 en el que exploraba la incidencia del “efecto demográfico” en el crecimiento electoral del Frente Amplio desde el retorno a la democracia y su primer triunfo en las elecciones nacionales.
De acuerdo con sus cálculos, “la renovación demográfica del electorado explica el origen de aproximadamente el 45,6% de los 724.000 votos que engrosaron el caudal del subsistema de partidos ‘desafiantes’ entre 1984 y 2004”. De Armas escribió que la atenuación de ese efecto demográfico podía explicar una parte de la caída de la votación del Frente Amplio entre 2004 y 2009.
Manuel Flores y Lucía Selios, de la Facultad de Ciencias Sociales, publicaron un estudio en 2011 que mostraba que el proceso de crecimiento del Frente Amplio entre los nuevos votantes se había detenido “e incluso revertido”. Sobre aquel trabajo, y ya con las elecciones de 2014 atrás, Flores, Selios, Fernando Esponda y Santiago Sotto publicaron otro análisis con resultados similares.
“Como otros procesos, la tradicionalizacion del Frente Amplio empieza por las generaciones mas jovenes que lo perciben como el statu quo. Esto no significa que los jovenes hayan dejado de ser en su amplia mayoria frenteamplistas, sino que ese efecto asociado a la edad probablemente se desvanezca con mayor facilidad en estas nuevas cohortes que como tales no tienen una impronta particular de adhesion al Frente Amplio”, concluía el artículo publicado en 2016.
En 2019 el Frente Amplio volvió a ser el partido más votado entre los jóvenes y lo más probable es que lo sea el próximo 27 de octubre.
Para esta edición de Derrotero Electoral conseguí unos datos de Cifra sobre intención de voto de acuerdo a dos tramos de edad.
Otra vez, los jóvenes volcados más a la izquierda.
En términos electorales, donde sí aparecen históricamente sobrerrepresentados los jóvenes es en el grupo de indecisos respecto de a quién votar. Pero ahí también puede haber algún cambio producto del envejecimiento.
El último estudio de Equipos Consultores sobre intención de voto, difundido el miércoles en Canal 10, muestra que la mayoría de los indecisos tiene menos de 50 años. (No, no pretendo estirar el concepto de joven hasta ahí como para sentirme parte).
El director de Equipos Consultores, Ignacio Zuasnabar, explicó en Subrayado que las características demográficas de los indecisos no eran muy distintas a las que se registraban en el pasado, aunque mencionó que el tramo de entre 30 y 49 años era un poco mayor a lo habitual.
El futuro queda lejos
Hay jóvenes que no son indecisos. Militan y buscan espacios en los partidos u organizaciones sociales para avanzar. En agosto, la Juventud Interpartidaria presentó varias propuestas a los candidatos presidenciales de los partidos que la integran (Frente Amplio, Partido Nacional, Partido Colorado, Cabildo Abierto y Partido Independiente).
Eran propuestas sobre temas de funcionamiento del sistema político y sobre cuestiones de interés para el debate público. Una de ellas era “abrir el debate” sobre el límite constitucional que limita el acceso a los cargos de representación parlamentaria.
“Creemos que las reformas del futuro requieren la inclusión de generaciones jóvenes en los espacios de toma de decisiones para poder hablarle a toda la ciudadanía”, dice el documento acordado por las juventudes de esos partidos.
Vuelvo a Runciman: “La otra cosa que me parece una locura en nuestra política es que si estás en los 20, no estás representado en el Parlamento, sigues perdiendo elecciones y se espera de ti que te preocupes por el futuro, del medio ambiente, de las futuras generaciones. Tu trabajo como joven es, de algún modo, asumir causas que están demasiado lejos en el tiempo como para que una persona mayor se preocupe”.
Los jóvenes tienen a favor la biología, pero eso no es suficiente. Y con los cambios sociodemográficos, su capacidad de incidir en política es cada vez más limitada.
Los viejos son los dueños del futuro.