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    Intervención militar en Venezuela cristaliza la nueva estrategia de seguridad de EE.UU. y su apuesta por dominar la región

    Las declaraciones de las autoridades estadounidenses sobre el futuro de Venezuela y su interés por el petróleo es “la expresión más transparente de la transaccionalidad de Washington en sus relaciones exteriores” con América Latina, opina analista

    El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, lideró una de las conferencias de prensa más honestamente brutales que los diplomáticos uruguayos y analistas hayan seguido por televisión. El sábado 3, horas después de que una operación militar capturara a Nicolás Maduro y su esposa, Cilia Flores, mientras dormían en Caracas, el mandatario estadounidense explicó los motivos detrás de la decisión y el futuro político de Venezuela. En el centro del interés de su gobierno, dijo, está controlar la producción de petróleo venezolano. Ninguna mención a la posible recuperación de la democracia y la protección de los derechos humanos. Sin dar muchos detalles, aseguró que Estados Unidos gobernará Venezuela hasta nuevo aviso.

    Trump enmarcó la intervención militar en la nueva Estrategia de Seguridad Nacional, divulgada en noviembre por su gobierno. Allí América Latina y el hemisferio occidental en general están dentro de la esfera de influencia de Estados Unidos. El ataque en Venezuela fue la puesta en práctica de ese documento, el “corolario Trump” a la doctrina Monroe, dijo el mandatario, y agregó: “El dominio de Estados Unidos en la región no será cuestionado otra vez”. Por si quedaban dudas, en los días siguientes su equipo repitió el concepto, que evolucionó a “doctrina Donroe”, e insistió en que Venezuela está a su cargo; tanto que controlará la venta de su petróleo de manera “indefinida”, según el secretario de Energía, Chris Wright. También llegarían memes desde cuentas oficiales del gobierno de Estados Unidos con imágenes que consolidan el concepto: “Este hemisferio es nuestro”, decía uno que tenía como ilustración una foto de Trump.

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    Para diplomáticos de varios países consultados por Búsqueda, está claro que predomina la “incertidumbre”, en los albores de un “cambio de época”, más allá de que los eventos todavía están en movimiento. No está claro cuál va a ser el desenlace de la crisis en Venezuela, que es un episodio más en la política exterior desplegada por Trump desde que asumió la presidencia por segunda vez, en enero de 2025.

    EE.UU. tiene “las herramientas” de presión

    El experto no residente para América Latina del Atlantic Council, Geoff Ramsey, sigue de cerca la situación en Venezuela desde hace años. En diálogo con Búsqueda, planteó que todavía es muy pronto para sacar conclusiones sobre lo que sucedió, dado que hay muchas negociaciones que todavía no están claras.

    Las primeras “certezas” que identifica es que para Estados Unidos el eje central son los “intereses petroleros” y que la oposición “nunca tuvo la posibilidad real de tomar el poder” en Venezuela. Desde su primera declaración, Trump dijo que María Corina Machado, la líder opositora venezolana, no tenía respaldo suficiente para asumir el gobierno. La Casa Blanca, de hecho, optó por aceptar la asunción como presidenta de la número 2 de Maduro, Delcy Rodríguez.

    Delcy Rodriguez
    Presidenta interina de Venezuela, Delcy Rodríguez.

    Presidenta interina de Venezuela, Delcy Rodríguez.

    “Esto sobre todo se trata de un tema bilateral entre Caracas y Washington”, dijo Ramsey en una entrevista desarrollada el martes 6. Agregó que pareciera que Estados Unidos está “moviéndose bastante rápido” y que tiene mucha capacidad de incidencia sobre el gobierno venezolano. Si bien no está claro qué quiere decir la Casa Blanca cuando asegura que “gobierna” ese país, el analista sostuvo que Estados Unidos “no está involucrado en el día a día de la gobernanza en Caracas; sin embargo, tiene todas las herramientas para incidir en la toma de decisiones importantes del gobierno de Rodríguez”.

    “Estados Unidos mantiene un bloqueo petrolero en las afueras del mar venezolano, sigue aplicando sanciones financieras al sector petrolero y a casi todos los líderes chavistas en el país y sigue contando con una presencia militar histórica en el Caribe”, enumeró. “Así que con todo eso creo que es bastante justo decir que Estados Unidos tiene mucha capacidad de incidencia en las decisiones en Caracas en los próximos meses”.

    Un día después de esa conversación, el secretario de Estado estadounidense, Marco Rubio, dijo en el Congreso que el plan de su gobierno tiene tres fases. La primera, a la que definió como de “estabilización” tras la salida de Maduro, que en los hechos involucra tomar “entre 30 y 50 millones de barriles de petróleo” venezolano, venderlo “en el mercado a precios de mercado” y controlar la distribución de ese dinero “para beneficiar al pueblo venezolano”. El jerarca subrayó la importancia que tiene el bloqueo impuesto a la venta de crudo.

    La segunda fase, bautizada por Rubio como “recuperación”, consiste en “garantizar que las empresas estadounidenses, occidentales y de otros países tengan acceso al mercado venezolano de forma justa”. Mientras tanto, “se comenzará a generar un proceso de reconciliación nacional en Venezuela para que las fuerzas de la oposición puedan ser amnistiadas y liberadas de las cárceles o repatriadas al país y comenzar a reconstruir la sociedad civil”.

    La tercera será “de transición”, dijo el secretario de Estado, quien aclaró que las fases pueden “solaparse”. “Tenemos un enorme control e influencia sobre lo que hacen y pueden hacer esas autoridades interinas, pero obviamente este será un proceso de transición. Al final, será el pueblo venezolano quien transforme su país”, dijo Rubio.

    Ayer la petrolera estatal, PDVSA, emitió un comunicado en el que dice que está negociando con Estados Unidos la venta de petróleo, mientras que el gobierno norteamericano informó que invertirán en la infraestructura eléctrica venezolana para mejorar su producción de crudo.

    “Trump nunca ha creído” en el derecho internacional

    La intervención militar de Estados Unidos provocó varias críticas desde organismos multilaterales y países que, como Uruguay, la consideran una “flagrante violación” del derecho internacional. En particular, desconoce el numeral 4 del artículo 2 de la Carta de las Naciones Unidas, que dice: “Los Miembros de la Organización, en sus relaciones internacionales, se abstendrán de recurrir a la amenaza o al uso de la fuerza contra la integridad territorial o la independencia política de cualquier Estado, o en cualquier otra forma incompatible con los Propósitos de las Naciones Unidas”.

    Para Ramsey, si bien esa violación resulta evidente, tampoco debería sorprender. “Cabe perfectamente con lo que sabemos de la actitud de la administración Trump con respecto al derecho internacional. Para Estados Unidos, el derecho internacional es y siempre va a ser secundario al derecho doméstico y a sus propias leyes”, explicó. Recordó que la “captura” de Maduro fue presentada como una “operación antinarcóticos” para atrapar a una persona buscada por la Justicia norteamericana. “Esta administración siempre va a describir sus acciones extraterritoriales en términos domésticos porque sabemos que el presidente Trump nunca ha creído en el peso del derecho internacional”.

    Ramsey recordó el contenido de la Estrategia de Seguridad Nacional publicada en noviembre y la decisión de Trump de “reactivar” la doctrina Monroe desde una óptica que busca “garantizar que el hemisferio occidental siga siendo una esfera de influencia exclusiva para Estados Unidos y así contrarrestar la influencia creciente de China, Rusia e Irán”.

    La posible reactivación de la doctrina Monroe le parecía inviable al canciller uruguayo, Mario Lubetkin, al menos hasta fines del año pasado. Durante una entrevista con la cadena internacional Al Jazeera, el 20 de diciembre, le preguntaron por el “corolario Trump”, dijo que la relación de Uruguay con Estados Unidos es “excelente” y el gobierno de Orsi pretende que continúe así. El “mundo cambió completamente” y hay que entender las relaciones en ese contexto y no en lo que pasó hace 100 años, agregó.

    Mario Lubetkin
    Canciller Mario Lubetkin.

    Canciller Mario Lubetkin.

    Los acontecimientos posteriores y las declaraciones de Trump tras el episodio en Venezuela parecen ir en otro sentido.

    Preocupación en la Unión Europea

    El 2 de diciembre de 1823, antes de la consolidación de la independencia de muchos países de América Latina, el presidente de Estados Unidos, James Monroe, expuso su política exterior para la región, que se resumía en la frase “América para los americanos”. En su origen tenía como objetivo contener la expansión de las potencias europeas en la región, pero con las sucesivas administraciones fue mudando hasta ser fundamento de que América Latina era una zona de influencia de Estados Unidos.

    En la Estrategia de Seguridad Nacional, la Casa Blanca resucitó el concepto y le agrega el “corolario Trump”, el cual abarca todo el “hemisferio occidental”. Su objetivo es evitar que actores “no hemisféricos” tengan capacidad de incidencia en la región. Para ello, aumentará la presencia militar en la zona, utilizará la “diplomacia comercial” y el uso de tarifas y acuerdos bilaterales para consolidar su posición. “Recompensaremos y alentaremos a los gobiernos, partidos políticos y movimientos de la región que estén ampliamente alineados con nuestros principios y estrategia”, dice el documento.

    En los últimos días, tras su intervención en Venezuela, Trump dejó abierta la posibilidad de atacar otros países de la región cuyos gobiernos son hostiles a Washington, como Colombia. Aunque también abrió un flanco con los europeos por Groenlandia.

    La estrategia a la Unión Europea (UE) no le dedicaba las palabras más delicadas, por el contrario, la considera responsable de un declive del continente. “América alienta a sus aliados políticos en Europa a promover y revivir el espíritu, y la influencia creciente de partidos europeos patrióticos sin duda provocan gran entusiasmo”, dice el documento. “Nuestra meta debería ser ayudar a Europa a corregir su trayectoria actual” y buscar una salida a la guerra entre Ucrania y Rusia que baje las tensiones entre el Kremlin y los europeos.

    Mientras en la UE hubo voces críticas con el contenido de la estrategia, desde Rusia consideraron que era un buen documento y que tenía una mirada sobre el problema europeo compartible.

    “Yo diría que los ajustes que vemos corresponden en muchos aspectos a nuestra visión”, declaró el 27 de diciembre el portavoz de la presidencia rusa.

    Una posición más “transparente”

    Ramsey no cree que el episodio en Venezuela refleje un cambio de rumbo. A riesgo de parecer “demasiado cínico”, dijo, considera que las reglas no cambiaron, sino que se “han perdido las formas”. Las reglas “siempre han sido estas para la política exterior de Estados Unidos, lo que ha cambiado es la manera en la cual Washington antes cuidaba más las formas en las que expresaba sus intereses”.

    La intervención de Estados Unidos en América Latina, dijo, no es una novedad histórica. Al respecto, añadió: “Es quizás la expresión más transparente de la transaccionalidad de Washington en sus relaciones exteriores con la región”.

    Para Ramsey, la preocupación de fondo tras la publicación de la Estrategia de Seguridad Nacional es el foco puesto en el concepto de esferas de influencia. “La verdad es que estamos en una época completamente nueva, en términos de la diplomacia estadounidense”, resumió.

    El fin del mundo conocido

    El uruguayo Gonzalo Pérez del Castillo trabajó durante décadas en Naciones Unidas, como líder de su oficina en diversos países y luego como consultor. La estructura surgida después de la Segunda Guerra Mundial cruje. “Estamos en otro mundo, ese mundo que tenía ciertas reglas no está más”, resume Pérez del Castillo en diálogo con Búsqueda dos días después de la “captura” de Maduro.

    Su mirada va más allá del episodio venezolano, porque la política exterior de Estados Unidos desde que asumió Trump por segunda vez tuvo otros hitos que fueron en la misma línea. “No hay ningún respeto por los acuerdos internacionales, a menos que me sirvan a mí”, esa es la lógica de “Make America Great Again”.

    Pérez del Castillo sostuvo que la nueva política estadounidense echa por tierra el “poder muy importante” que construyó ese país en la posguerra. “Era un softpower muy importante, una autoridad moral que ahora pierde. Sale con esta doctrina de que estos recursos naturales son para mí; no sé a dónde quiere llegar, porque no lo va a hacer más fuerte”, sostuvo. “Esto, a la postre, lo hace más débil frente a Rusia, China, frente a los países que le importan”.

    “Que tú tengas poder para invadir también quiere decir que hay otros que tienen poder para invadirte a ti o a tus amigos. ¿Qué dice la doctrina Donroe? Occidente para América. ¿Y Asia para los chinos? ¿Qué gana?”, se preguntó. Las “esferas de influencia” corre para todos, también para China, subrayó.

    Consultado sobre si algunas cosas le están saliendo bien a Estados Unidos, al menos en el corto plazo, como las tarifas, Pérez del Castillo lo puso en duda. Respondió que Trump es un extraordinario showbusinessman, pero no necesariamente está dándole resultados. Lo de las tarifas “no se sabe” qué resultado va a tener, la paz en Medio Oriente “no existe” y tampoco en Ucrania. “Sacó a Maduro”, pero del cambio de régimen no se habla y el tema del narcotráfico es “un sinsentido”.

    “Aparte de estar desmoronando todo un orden legal y de principios básicos éticos y morales, ¿qué construyó?”, resumió. En todo caso, “no sé si le está saliendo bien al mundo esto de que no haya más reglas, que cada uno pueda hacer lo que quiera”.

    Pérez del Castillo matizó la idea de que la ONU está en crisis. “Los que están en crisis son los dueños de las Naciones Unidas, que son los países, los líderes mundiales que no se ponen de acuerdo en nada”, dijo. “Si tirás a las Naciones Unidas a la basura, estás tirando un montón de principios y acuerdos fundamentales para la convivencia que tomó dos guerras mundiales llegar a ellos. La organización no está en crisis, es el mundo el que está en crisis”.

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