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    Para Fernando Pereira, la izquierda tiene que batallar la idea instalada por la derecha de que hablar de impuestos es “pecado”

    El presidente del Frente Amplio dijo que le gustaría postularse a la reelección si su nombre cuenta con “amplios consensos”

    Fernando Pereira veranea en el balneario Buenos Aires desde hace varios años y, aunque las playas de José Ignacio están cerca y son más calmas, dice que va poco, que prefiere la tranquilidad de su zona. Cuando va, alguna foto de él y su familia empieza a circular en las redes con comentarios ofensivos o que ironizan sobre el hecho de que el ex dirigente sindical y presidente de la fuerza política de izquierda veranee en las playas favoritas de la elite uruguaya y argentina.

    Igual, dice que está acostumbrado a recibir críticas de la “derecha”, que a veces se “obsesiona” con él, y que no le afectan demasiado. Pereira está satisfecho con lo hecho por el gobierno en su primero año y con la dirección “potente” que logró construir en el Frente Amplio, y afirma que le gustaría ir por la reelección si su nombre genera “amplios consensos”.

    Cuando gobierna la izquierda, “las expectativas que la gente tiene son muy superiores a cuando gana la derecha”, opina, y así justifica en parte que la aprobación del gobierno no sea tan alta como la de su antecesor, Luis Lacalle Pou. Los descontentos son naturales “en una izquierda que es debatidora y que siempre pide más”.

    El presidente del Frente Amplio destaca como uno de los logros del gobierno que el “ajuste” ante la necesidad de más recursos no recayera sobre los sectores populares, sino sobre los que “tienen más”, aunque admite que puedan ser necesarios más gravámenes, como el propuesto por el PIT-CNT para el sector más rico, y reniega de que la derecha haya logrado imponer la idea de que discutir impuestos es un “pecado capital”.

    Lo que sigue es un resumen de la entrevista con Búsqueda.

    —¿Qué balance hace del primer año de gobierno?

    —En términos de concreciones, es un año muy favorable. El Frente Amplio encontró una situación fiscal delicada, con un déficit que era mucho mayor al esperado. Si hubiera llegado un gobierno de derecha, hubiera hecho un ajuste fiscal, recortando el gasto público o salarios públicos. En este caso lo que se hizo fue ajustar, sí, pero por el lado de los ingresos, lo que permitió enfrentar la expansión del gasto público. A pesar de que se le pidió a Lacalle Pou que no firme el proyecto Neptuno, llegamos con el proyecto firmado y tuvimos que negociar con el consorcio empresarial para construir la planta en Casupá y otras obras que van a garantizar agua potable para el área metropolitana hasta 2045. En salud, el stock de medicamentos está prácticamente completo; se lanzó una campaña potente sobre salud mental y se generaron las condiciones para empezar a construir el Hospital de la Costa. Se crearon nuevos puestos de trabajo, la inflación se sostuvo por debajo del 4%. Generar empleo y mejorar en forma sustancial el salario mínimo nacional son cuestiones inherentes a un gobierno de izquierda. Hay descontentos, pero eso es natural en una izquierda que es debatidora y que siempre pide más. Las expectativas que la gente tiene cuando gana el Frente Amplio son muy superiores a cuando gana la derecha.

    —Hay dirigentes y militantes que plantean que este gobierno no es suficientemente de izquierda. ¿Qué les dice?

    —Los gobiernos de izquierda se miden por cuánto generan de desarrollo productivo, y en eso están trabajando desde los ministerios de Industria, Ganadería y Trabajo para crear empleo de calidad; y por cuánta justicia social promueven, y el 40% de la inversión va a ser para la pobreza infantil y el resto para políticas sociales compensatorias, como salud, educación, la universidad, las becas Butiá, los planes para que los niños lleguen a las escuelas con mochilas. La orientación del gobierno no hay duda de que es de izquierda. Cuánto más se puede ir es una discusión eterna.

    —El movimiento Frenteamplistas Tenemos que Hablar organizó varias reuniones en las que cuestionó al gobierno y a la fuerza política. ¿Lo considera un actor válido, le presta atención?

    —Nosotros los convocamos, conversamos y dimos nuestros puntos de vista, ellos dieron los suyos. El que cree en la libertad cree en la libertad. Y también el que cree en la orgánica del Frente Amplio tiene 500 comités de base para participar. Sumado a 18 coordinadoras de Montevideo, 13 zonales en Canelones y 17 departamentales en el resto del país. No es que tu voz no pueda ser escuchada. No falta estructura orgánica para discutir.

    —¿Y por qué este movimiento se organiza por fuera de la orgánica?

    —A ellos les gustaría participar de manera diferente. Pero eso implica cambiar el Estatuto del Frente Amplio, lo que hoy no está planteado por ningún sector ni por ninguna base. Eso no quiere decir no escucharlos porque son compañeros frenteamplistas. Los conozco a muchos de toda la vida. No hay que ponerse el balde nunca.

    —El presidente del PIT-CNT, Marcelo Abdala, asegura que ve un cambio de sensibilidad en este gobierno, pero no cambios de fondo. ¿Comparte esa visión?

    —Soy muy respetuoso de los órganos del movimiento sindical, de los cuales ya no formo parte desde hace cinco años. Sería un atrevido si opinara. Pero sí creo que el gobierno está haciendo cambios de fondo, aunque tal vez no tan ruidosos. La generación de mayor exportación es importante para el Uruguay y aumentó 5%, no por el espíritu santo, sino porque hubo políticas concretas de inserción internacional. No solo tiene una sensibilidad distinta al gobierno anterior, sino que tiene políticas muy diferentes.

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    Fernando Pereira, durante la celebración de un Día del Comité de Base, en 2025.

    Fernando Pereira, durante la celebración de un Día del Comité de Base, en 2025.

    —El PIT-CNT propuso un impuesto adicional al 1% más rico, una idea que tiene apoyo en parte de la izquierda, aunque el ministro de Economía, Gabriel Oddone, la descartó. ¿Es una discusión saldada o hay margen para incorporarla?

    —Hay que ver si es en este gobierno, porque el Frente Amplio no termina con este gobierno. Debates de este tipo llevan mucho tiempo. La reforma tributaria de 2007 empezó a discutirse en 1999.

    —Pero la expectativa de quienes lo proponen es que se considere ahora…

    —Puede ser que tengan expectativas más inmediatas. El presidente hizo una promesa. Eso no fue impedimento para hacer readecuaciones tributarias. En este caso, el gobierno lo ha descartado por el momento, pero el Frente Amplio tiene la obligación de discutirlo porque podrá ser este impuesto, podrá ser el IVA personalizado, podrán ser las exoneraciones fiscales, pero no hay duda de que el Uruguay necesita mayor cantidad de presupuesto para atender las demandas de la sociedad, sobre todo de los sectores más embromados.

    —¿Entonces para usted discutir el impuesto no implica que deba concretarse en este período?

    —No necesariamente. Entiendo que quienes lo plantean lo plantean para este período. Pero no creo que ni el movimiento sindical, ni el movimiento estudiantil, ni el movimiento cooperativo no tengan una perspectiva de largo plazo. Cuando hicimos la reforma en 2007 pensamos en el Fonasa (Fondo Nacional de Salud), en la modificación del seguro de paro, en la modificación de las asignaciones familiares. Y en este gobierno se hicieron cambios. Puede ser que no se hayan difundido adecuadamente, pero el que tiene más va a pagar más. El Impuesto Mínimo Global grava a las empresas que facturan más de 750 millones de euros. Si eso no es el que tiene más, ¿qué es?

    —Pero en teoría no paga más, sino que va a pagar en Uruguay algo que pagaba en otro país.

    —Pero va a pagar acá. Y ese impuesto global ya estaba, se hubiera podido ejecutar en el gobierno anterior y no se hizo. Con (el gravamen a) las transferencias en el exterior, si vos vendés una casa en el Cordón, pagás, pero si la tenías en Nueva York, no pagabas nada. Ahora vas a pagar. Eso también es (gravar) al que tiene más. El que tiene poco no tiene dinero en el exterior. La izquierda puede decir con tranquilidad que al que tiene más se le grava más.

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    Yamandú Orsi y Fernando Pereira en la Huella de Seregni.

    Yamandú Orsi y Fernando Pereira en la Huella de Seregni.

    —¿Fue un error de Orsi decir en la campaña que no iba a aumentar impuestos?

    —No voy a evaluar eso. En el momento del debate se preparó y se calculó con su grupo de asesores que eso había que afirmarlo y se afirmó. Hay que poder comprender que la derecha ha generado una circunstancia en la que discutir impuestos es casi un pecado capital.

    —¿No es contradictorio lo que anunció con lo que pasó después?

    —No sé si hay contradicción, porque finalmente hubo adecuaciones tributarias. Nuevos impuestos no hay. Y las normas tributarias que cambió el gobierno no afectaron ni a los trabajadores, ni a los pequeños empresarios, ni a los pequeños productores, ni a los desempleados. Afectaron a los que más tenían y eso es la seña de identidad del gobierno de izquierda. ¿Eso quiere decir que no se puede estudiar otros? Se pueden estudiar muchos.

    —¿Al anunciar que no aumentará impuestos, el Frente Amplio no entra en la lógica que atribuye a la derecha de que es un “pecado”?

    —Puede ser que haya entrado. Pero el Frente Amplio llegó al gobierno en el 2005 y en el 2007 aplicó la reforma tributaria. Y esa reforma tributaria permitió aumentar muchísimo el presupuesto nacional, el gasto público en educación, en salud, cosas de las que nadie quiere hablar hoy. Es verdad que cuando nos colocan temas de este tipo, nosotros no deberíamos renunciar a discutir un tema tan importante como los ingresos de un país. Eso no es una crítica a Yamandú, sino a toda la izquierda, que debería promover un debate como el que se está promoviendo ahora. ¿Por qué no vamos a discutir impuestos a los más poderosos si son los que más tienen?

    —¿A qué atribuye que la aprobación del gobierno esté en el entorno del 35%?

    —A las expectativas. Cuando gana el Frente Amplio la expectativa es muy alta con relación a cuando gana el Partido Nacional. Imaginemos esto: Lacalle tenía 50% de aprobación, con los salarios habiendo perdido 5% durante tres años.

    —En el contexto de una pandemia.

    —Pandemia hubo el primer año o año y medio. Pero el siguiente año y medio siguió la pérdida salarial. Los uruguayos recuperaron el salario en los últimos dos años. Y había 50% de aprobación.

    —¿El hecho de que el gobierno, a diferencia del Frente Amplio, no califique como genocidio lo que ocurre en Gaza pudo haber pesado?

    —No tengo idea. Tenemos papeles muy distintos para jugar en la escena internacional el gobierno uruguayo y el Frente Amplio. Entiendo que puede haber gente muy molesta, pero el gobierno se paró en la lógica de las Naciones Unidas y tuvo una posición sobria pero sólida.

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    Venezolanos en Uruguay celebran la captura de Nicolás Maduro por parte de militares norteamericanas en Venezuela, en la Plaza de la Bandera, Tres Cruces.

    Venezolanos en Uruguay celebran la captura de Nicolás Maduro por parte de militares norteamericanas en Venezuela, en la Plaza de la Bandera, Tres Cruces.

    —Con Venezuela también hubo matices entre el gobierno, que pidió que se libere a los presos políticos, y la fuerza política, que no hizo referencias al régimen de Nicolás Maduro.

    —La fuerza política manifestó que iba a reconocer al gobierno de Maduro en función de tres aspectos que no sucedieron, y el Frente Amplio no reconoció esa victoria. Pero son los venezolanos los que tienen que resolver el problema, no los uruguayos. Si viviera en Venezuela, probablemente me estaría movilizando. Tampoco estamos de acuerdo con el asedio económico que le han aplicado a Venezuela y a Cuba. Y no puede ser que otro país desembarque con una serie de aparatos tecnológicos y secuestren un presidente, por más que se discuta si fue bien electo o no. No puede pasar con ningún ciudadano en el mundo. Es un momento muy delicado de la política internacional.

    —¿Qué tanto frenó la capacidad de concreción del gobierno el hecho de no tener mayoría en el Parlamento?

    —Es un problema, pero lo hemos resuelto bien. El gobierno logró aprobar el Presupuesto con la mayor cantidad de diputados en la historia posdictadura, y logró votar una ley para la “caja de profesionales”, el salvataje del Casmu, se generaron condiciones para votar la “ley de muerte digna”. Fue muy exitoso administrar el Parlamento con minoría, porque nos llevó a tener que acordar.

    —También hubo asuntos que no se lograron encaminar, como la Fiscalía de Corte y la renovación de los organismos de contralor...

    —Hay tiempo. ¿Qué pensamos? ¿Que la Corte Electoral va a ser de por vida? ¿Que el Tribunal de Cuentas va a ser de por vida? ¿Que el fiscal de Corte va a seguir con subrogante tras subrogante? ¿Eso es lo lógico? ¿O tenemos que ir a acuerdos, como se hicieron a lo largo de la historia del país?

    —Pero hasta ahora no se ha logrado.

    —Hubo formas de hacerlo... Votamos a Juan Miguel Petit, que no era frenteamplista, como comisionado penitenciario. Se votó a Jorge Díaz como fiscal general por consenso, aunque ahora están envenenados con él, de una forma medio sádica.

    —Está poniendo ejemplos de varios años atrás...

    —Pero es la demostración de que se puede. El tema es si este año nos ponemos a trabajar en la dirección de concretar ese acuerdo. Creo que es posible.

    —Pero el gobierno es mano, ¿no? El que tiene que crear las condiciones para negociar es el oficialismo.

    —Sin duda, y lo está haciendo. Ahora, tiene que haber una respuesta. Se precisa una mayoría especial muy elevada, con lo cual los consensos no son tan sencillos de lograr. Y no ha habido voluntad. El Frente Amplio tiene toda la disposición de analizar nombres, de llegar a acuerdos, porque claramente es necesario tener un fiscal o una fiscal nueva titular. Creo que se va a avanzar. Es una necesidad. La gente en algún momento nos va a juzgar.

    —Tampoco se logró crear el ministerio de justicia...

    —Durante la campaña electoral todos los partidos lo tenían en el programa. Y ahora parece no quererlo nadie. Lo tienen que explicar.

    —Una de las explicaciones es la desconfianza hacia Díaz, hoy prosecretario de Presidencia, potencial candidato a dirigir el nuevo ministerio.

    —¿Van a votar a favor de un ministerio de acuerdo a la persona que ellos consideren que se va a nombrar? Eso es la política menor. Además, Jorge Díaz se ha descartado a sí mismo. Lo ha explicitado con claridad. Si no bastaba con él, lo estoy explicitando yo. Viven obsesionados con Díaz, otro rato obsesionados con Carolina (Cosse), otro rato obsesionados con Blanca (Rodríguez), otro rato obsesionados conmigo. No discuten ideas, discuten personas. Son cosas para terapia, no para política.

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    Fernando Pereira.

    Fernando Pereira.

    —¿Cree que ha habido errores de comunicación del gobierno y el presidente?

    —Puede haber errores de política, no de comunicación. Son problemas de cómo se gestiona la política, que finalmente es cómo se gestiona el poder. Probablemente nos falte mucho porque si no, tendríamos que tener guarismos muy superiores (de aprobación), de acuerdo a la actuación del gobierno. Hay que poner oreja a lo que han planteado (Gerardo) Caetano y otros politólogos importantes de Uruguay. No enojarse, poner oreja, pensar, actuar siempre sobre la evidencia, pero tratando de ser claros en si estamos cumpliendo con el gobierno.

    —¿Las menciones al presidente salvadoreño, Nayib Bukele, son un error político?

    —Yo no lo hubiera mencionado, pero cuando hablé con Yamandú lo que me dijo fue lo que luego explicó, que lo que quería mostrar es que Uruguay eso no está dispuesto a tolerarlo. Pero sí hay que tener en cuenta que el tipo ha llegado a que lo vote el 80% de las personas, ¿no lo vamos a estudiar? Hay que estudiarlo para no aplicarlo. Uruguay lo que está tratando de hacer con este diálogo en materia de seguridad es encontrar una alternativa al método de seguridad de Bukele. Y puede ser un mecanismo de un país para la región y ojalá para América Latina, sabiendo que Uruguay muchas veces es una experiencia piloto.

    —La reunión que mantuvo Orsi con el presidente de la Suprema Corte de Justicia por la salud de los presos de Domingo Arena causó polémica y críticas desde la izquierda. ¿Usted sabía de esa reunión?

    —No, no sabía. Después (de que Búsqueda informara la noticia) hablé un rato largo con Yamandú, me explicó, comprendí muy bien, sé cuál es la posición del gobierno. No va a haber una ley especial para la gente en Domingo Arena, porque esa fue una banda importante para delinquir. Hay 200 desaparecidos, una cantidad de asesinatos, de personas violentadas, torturadas. Ahí no hay unos pobres viejitos que están pasándola mal. Esa es una diferencia de fondo que tenemos con algunos sectores, pero el Frente Amplio no ha cambiado su posición y el gobierno tampoco.

    —Pero que el presidente lleve personalmente informes médicos de los presos a la Corte no deja de ser una señal...

    —No, porque él no la quiso hacer pública. Se encontró con un problema y le pareció que era la mejor manera de resolverlo. No siempre uno toma el mejor camino. Pero cuando se le pregunta, el compañero explica que no hay ninguna intención del gobierno de generar ningún mecanismo que facilite estas cuestiones. Y yo le creo, porque Yamandú ha demostrado que cumple. Uno a veces habla como si hablara de otras personas. Son nuestros padres, nuestros tíos, nuestros primos que fueron torturados, asesinados, desaparecidos. Es un tema de alta sensibilidad para Uruguay y para la izquierda. Tenemos que tener una vara ética que no vamos a cambiar. Es un tema delicado, pero está claro que Yamandú no fue a pedir que tengan un tratamiento especial.

    —Varios sectores políticos están manejando su nombre para que vuelva a ser presidente del Frente Amplio. ¿Es su intención volver a ser candidato?

    —Me han planteado la intención y lo veo como un halago, como un apoyo, pero tiene que haber amplios consensos. La última vez que me ofrecieron ser presidente del Frente Amplio tuve amplios apoyos de sectores y movimientos. Si esas condiciones se dieran, no hay duda de que no hay ningún lugar que me dé más honor que ser presidente del Frente Amplio. Pero no de cualquier manera.

    —¿Está dispuesto a competir, si se diera el caso?

    —No es un problema de competencia, es un problema de cuánto consenso hay. Por lo pronto parece bastante amplio pero hay que tener paciencia, y lo primero que tengo que hacer es terminar el período.

    —También se ha manejado su nombre como posible candidato a la presidencia, ¿es una opción que considera?

    —No, en absoluto. La gente fija expectativas sobre mí que yo no tengo. ¿Puede haber algún lugar más importante para un partido que la presidencia del partido?

    —¿Pero le gustaría?

    —No. Me gustaría ser presidente del Frente Amplio y después ayudar desde el lugar donde me toque. Uno tiene que respetar la biología. Dentro de cinco años voy a tener 65. Sobre expectativas que no son mías yo no puedo hacer nada. Sí que se han nombrado y me han ofrecido cosas que yo he rechazado porque me comprometí con los frenteamplistas a estar cinco años. La vida es muy dinámica. En un momento pensé lo de la intendencia, porque Pepe me insistió mucho. Y lo descarté, no por testarudo, fue tras una meditación larga. Me siento muy cómodo en lo que hago y creo que es un aporte importante para que la izquierda llegue al gobierno. Yo siento que puedo dar una mano ahí. Otros compañeros sienten que puedo dar una mano en otro lugar. No quiero cerrar ningún lugar, pero no me imagino siendo candidato a presidente. Para ser claro: no solo no me imagino, sino que casi que lo descartaría.

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