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El acto de asunción de Alberto Graña como presidente del Banco Central (BCU) combinó el protocolo habitual con discursos cargados de elogios mutuos entre jerarcas que vienen trabajando juntos desde hace años, además de un análisis de la coyuntura al estilo de los que el equipo económico hace en los foros de la Asociación Cristiana de Dirigentes de Empresa (ACDE) a modo de balance.
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Como en enero de 2014, cuando Mario Bergara pasó al Ministerio de Economía, el miércoles 28 Graña volvió a asumir el cargo, ahora para sustituir a ese economista que el 11 de octubre renunció al banco para lanzarse a marcar votos en la próxima elección interna del Frente Amplio.
Graña es economista, pero, a diferencia de Bergara, no tiene aspiraciones políticas. Prefiere actuar de técnico y el bajo perfil. Su nombre, otra vez, para sustituir al ahora precandidato presidencial surgió naturalmente: ya había mostrado solvencia para la función en el último tramo del gobierno de José Mujica , a la vez que tiene un diálogo sin fricciones con Economía. Nada de experimentos raros para el año electoral y el final del mandato de Tabaré Vázquez.
El miércoles 28, Graña se mostró emocionado cuando habló por cerca de media hora para cerrar el acto, presenciado mayormente por funcionarios del BCU. Antes habían tenido intervenciones el vicepresidente de la institución, Jorge Gamarra (destacando el cambio de gestión interna), el director en representación de la oposición, Washington Ribeiro, Bergara (exaltando su orgullo por la “credibilidad” y “reputación” del banco) y el ministro de Economía, Danilo Astori (aludiendo a la independencia pero a la vez coordinación entre ambas instituciones).
Graña dedicó varios minutos a comentar aspectos de la economía internacional y la necesidad de monitorearla desde Uruguay. También ratificó la política monetaria con sesgo contractivo que aplica el BCU y la decisión de intervenir en el mercado cambiario si la cotización del dólar tiene movimientos bruscos.
Argentina.
El nuevo titular del BCU dijo que ese país “estaba y está en crisis”. Agregó: “Ahí tenemos un ejemplo de lo que puede ser perder rápidamente la credibilidad en la política”, algo “nefasto para economías financieramente abiertas (…)”.
El ajuste fiscal pactado por Argentina con el Fondo Monetario Internacional “ya está provocando una caída en la actividad”, algo que, vaticinó, seguiría el año próximo. De todos modos, para Graña es posible que la próxima temporada turística no sea tan mala dado que la alta inflación en Argentina podría hacer a Uruguay competitivo.
Brasil.
En el otro vecino hay “alto contenido de volatilidad e incertidumbre” derivados de temas “macroeconómicos no resueltos que aún esperan una hoja de ruta” del futuro gobierno de Jair Bolsonaro. Se debe corregir un déficit fiscal “gigantesco” y es “prematuro tener una idea clara de cómo va a evolucionar” Brasil, analizó.
Guerra.
Para Graña, los “desafíos” y la “incertidumbre” también “dominan” el escenario global, en particular por la “guerra comercial” entre Estados Unidos y China. Sus efectos hasta ahora “no han sido muy significativos pero son un factor de monitoreo permanente” para las autoridades.
Uruguay.
El jerarca consideró que el país “ha podido capear el temporal de manera bastante buena”, más allá de algunos “episodios de volatilidad” cambiaria recientes.
Fintech.
Se refirió a las plataformas tecnológicas que ofrecen servicios financieros como un “desafío” y señaló que el BCU, como regulador, asume una actitud “conservadora”. Según Graña, “no todo lo nuevo, lo lindo, lo high tech y lo sexy del uso de la tecnología (…) es bueno”.
Bitcoin.
Tras referirse a la necesidad de seguir brindando educación financiera a la población, comentó que el Bitcoin cayó en los últimos días hasta los US$ 4.000, cuando hace no mucho era “una vedette que iba a sustituir el dinero de los bancos centrales”. Agregó: “Muchos la visualizaron como una forma eficiente de invertir”, incluso por algunos uruguayos, pero esa moneda virtual “terminó siendo una burbuja”.
E-Peso.
Anunció que, tras la experiencia tecnológicamente exitosa del dinero electrónico que el BCU emitió este año, se decidió incorporar el tema al plan de actividades de 2019.
Perfil.
Como votante frentista, Graña salió a festejar cuando la coalición de izquierdas triunfó por primera vez en las elecciones de 2004. A él se lo conoce como un frentista independiente.
De joven, aunque estuvo lejos de las primeras líneas en tiempos de agitación tupamara, optó por emigrar a Suecia con su mujer. Allí se graduó de economista en la Universidad de Lund, donde también hizo posgrados. A su regreso a Uruguay entró al BCU —en abril de 1994— como analista, y fue haciendo carrera; desde 2006 es gerente de Política Económica y Mercados. Es respetado y apreciado por sus compañeros del banco. También da clases en la cátedra de Macroeconomía y Finanzas Públicas de la Facultad de Ciencias Económicas estatal.
Vive en la zona del Prado, está casado con una química recientemente jubilada y es padre de tres hijos. Ama la pesca, disfruta de la música de bandas como Pink Floyd y Led Zeppelin, y es fanático de Nacional y del club de básquetbol Tabaré, cuyos partidos seguía en las transmisiones radiales en una pequeña Spica. También es aficionado a la lectura y las películas; durante el acto de asunción y en una rueda de prensa posterior recomendó La tenue virtud —el último libro del analista político argentino Claudio Fantini—, citó la novela del portugués José Saramago La península de piedra y elogió el filme Relatos salvajes.
Consultado por Búsqueda, el nuevo titular del BCU dijo que dos de las prioridades de su gestión serán que “la inflación y las expectativas vuelvan al rango, y la estabilidad del sistema financiero”.