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    Subsuelo de alta fidelidad

    Reabrió el Auditorio Carlos Vaz Ferreira, anexado por el Sodre

    Alguien habla en el escenario. Su interlocutor escucha desde el fondo de la platea. Fuerte y claro, como si estuviese a un par de metros. Perfección acústica. Eso es el Auditorio Carlos Vaz Ferreira, la sala enclavada en las entrañas de la Biblioteca Nacional que el miércoles 28 reabrió sus puertas, como nueva, ahora bajo la órbita del Sodre. Con las dos del Auditorio Adela Reta (Fabini y Balzo) y las dos del Nelly Goitiño (Tosar y B, solo para cine), el Sodre cuenta ahora con cinco salas en tres complejos.

    Construida a fines de la década de 1950 y bautizada en honor al célebre filósofo y escritor uruguayo, la Vaz Ferreira, su denominación más habitual, está fuertemente identificada con la música de cámara, académica y coral, debido al excelente tratamiento acústico con el que fue dotada, sin igual en todo el país, ideal para conciertos al natural, sin amplificación, libres de cables.

    Los revestimientos de madera de las paredes, el piso de parqué y los paneles de fibra sintética con forma de diamante instalados en el techo y el escenario hacen de este recinto una caja sonora de gran fidelidad. Todo fue diseñado con altos estándares de ingeniería acústica. Para no pocos músicos es la sala que suena mejor en todo el país. De hecho, en los años 80 fue equipada con tecnología que la transformó en un gran estudio de grabación. A estas virtudes se suma la insonorización natural del subsuelo y su óptima ubicación, en 18 de Julio y Tristán Narvaja, en medio de la zona universitaria de la ciudad.

    Los revestimientos de madera de las paredes, el piso de parqué y los paneles de fibra sintética con forma de diamante instalados en el techo y el escenario hacen de este recinto una caja sonora de gran fidelidad.

    Durante décadas la Vaz Ferreira fue una dependencia de la Biblioteca Nacional y del MEC: nunca tuvo institucionalidad propia ni dirección autónoma ni proyecto cultural estable ni un presupuesto fijo como las demás salas públicas. Si bien siempre fue un recinto natural para la música, también ha sido usada para conferencias y presentaciones literarias y como sala de alquiler para colegios privados y escuelas artísticas. Pero rara vez albergó a cuerpos estables y sus ciclos no han tenido permanencia en el tiempo. Entre 2013 y 2015 su gestión fue tercerizada y se iniciaron conciertos de bandas de rock y cantautores de la escena indie. La Vaz se volvió referencia en la escena emergente. Pero en 2015, ni bien asumió la actual directora de la biblioteca, Esther Pailos, se canceló ese contrato y la sala retomó su perfil bajo e intermitente.

    En setiembre de 2016 la ministra de Educación y Cultura, María Julia Muñoz, decidió su pase a la órbita del Sodre como auditorio hermanado a la Nelly Goitiño. Fernando Couto, un exbailarín y funcionario de carrera en el Sodre, que desde 2012 dirige el complejo de espectáculos de 18 de Julio y Río Branco, fue designado director de la Vaz Ferreira. La sala fue cerrada y en marzo de 2018 inició la mayor refacción de su historia. Ahora todo luce impecable, según pudo apreciar Búsqueda el martes 4 en una recorrida guiada por Couto.

    “Se restauró la infraestructura general de la sala, la boletería, el foyer, los accesos y sector de servicios”, explicó Couto, y agregó que se renovaron las 405 butacas, más cómodas y ahora mejor dispuestas en el espacio. Se renovó el equipamiento lumínico del escenario, se compró una consola de audio digital, se colocó un telón por primera vez en la historia de la sala, se repararon y repintaron paredes y cielorrasos y se hizo a nuevo toda la instalación eléctrica. También se recuperaron los tres camerinos, por lo que ahora la sala puede albergar elencos numerosos con buenos servicios.

    La recepción, en la que también funciona la boletería, oficina y ropería, fue decorada con un imponente mostrador de mármol traído de la vieja sede del Sodre de la calle Misiones, donde ahora se construye una gran sala se exposiciones, museo y archivo. Se cambió el alfombrado y las luminarias de las escaleras y el hall de acceso, que incluye una pared completa dedicada a muestras de artes plásticas.

    Couto informó que la refacción costó unos seis millones de pesos y subrayó que el nuevo equipamiento de escena dota a la sala de “una flexibilidad absoluta en cuanto a los espectáculos a exhibir”. Para afrontar la operativa de los dos auditorios se reforzó el personal con un llamado para una decena de cargos. Quiere decir que ambos funcionarán como una sola institución. “Están coordinadas las tareas como para que la operativa de los dos fluya sin problemas”, asegura el director.

    La principal novedad en la programación es que la Vaz pasará a ser sede del ciclo de música de cámara del Sodre y del Festival Nacional de Coros del Sodre, que hasta ahora se realizaban en la Goitiño. En febrero se hará un llamado a proyectos para la temporada 2019. “Estamos abiertos a todo, desde música de cámara, barroca y coral a estilos populares como tango, jazz y rock; buscamos que haya danza, teatro, conferencias y seminarios de todo tipo”. La curaduría se hará en acuerdo con el Sodre. “Se apunta a contar con una programación de calidad, para consolidar y posicionar a esta hermosa sala dentro del circuito y la escena del arte de la ciudad”.

    Vida Cultural
    2018-12-06T00:00:00

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