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    El PIT-CNT traza su ruta para negociar la IA antes que la “gestión algorítmica” ordene el trabajo

    Con datos que muestran que entre 26% y 38% de los empleos en Uruguay tendrán tareas expuestas, el sindicalismo busca garantizar la transparencia, la defensa del empleo y el reparto de beneficios para gestionar la transición hacia el trabajo con inteligencia artificial

    El impacto de la inteligencia artificial (IA) en el mercado laboral aún no está del todo dimensionado. En los últimos años se multiplicaron los estudios que buscan contar cómo estas tecnologías pueden impactar en la organización del trabajo. Pero, mientras tanto, la IA ya comenzó a modificar rutinas sin anuncios ni debates previos, y Uruguay no es ajeno.

    El Instituto Cuesta Duarte del PIT-CNT advierte en su último informe sobre IA y empleo en Uruguay, La inteligencia artificial y el mundo del trabajo: empoderamiento sindical ante los desafíos tecnológicos emergentes, que estos cambios se expresan principalmente a través de la “reconfiguración de tareas”, la “automatización parcial” y el avance de la “gestión algorítmica” en distintos sectores del mercado laboral.

    El estudio, elaborado por el centro de estudios del PIT-CNT, advierte que Uruguay está entrando en un cambio importante en la forma de trabajar.

    Para llegar a esa conclusión, el informe analiza qué tareas de cada empleo pueden verse afectadas por la IA, tomando como referencia estudios utilizados a nivel internacional por la OCDE y la OIT, y adaptándolos a la realidad del mercado laboral uruguayo, con una población mayoritariamente urbana y un fuerte peso de los servicios. A partir de ese enfoque, estima que entre 2025 y 2030 entre 26% y 38% de los empleos en el país tendrán tareas expuestas a la IA, lo que anticipa cambios en las condiciones laborales y en la organización del trabajo.

    Lejos de un escenario de reemplazo masivo, el documento distingue entre “automatización parcial” y “automatización total”, y estima que solo entre 2% y 5% de los empleos podrían verse afectados por esta última. En la mayoría de los casos, sostiene el informe, la IA impacta sobre el contenido del trabajo, introduciendo nuevas formas de organización, intensificando ritmos laborales y ampliando el uso de sistemas de control y evaluación algorítmica.

    Campo-Ganado
    Establecimiento ganadero en el este del departamento de Salto.

    Establecimiento ganadero en el este del departamento de Salto.

    Dónde están los mayores riesgos

    El impacto de la IA no se da de la misma manera en todos los sectores y depende en gran medida del sector de actividad. Según la matriz de riesgo elaborada por el Cuesta Duarte, las actividades agroganaderas y forestales presentan el mayor nivel de exposición, con un riesgo de automatización del 85%. Les siguen las actividades financieras e inmobiliarias, con 78%, y la industria de alimentos, bebidas y tabaco, también con 78%.

    En el otro extremo aparecen sectores en los que el trabajo humano es más difícil de reemplazar porque involucra trato con personas y decisiones que no pueden automatizarse fácilmente. Enseñanza y salud muestran un riesgo significativamente menor, del 33%, mientras que información y comunicación alcanza el 53% y las actividades profesionales, científicas y técnicas, el 48%. El informe indica que estas diferencias no responden solo al nivel tecnológico, sino al tipo de habilidades que cada sector demanda.

    Un país desigual frente a la automatización

    La geografía laboral también incide en el impacto de la IA. El informe señala que el riesgo de automatización es más alto en el medio rural, donde alcanza el 79%, y desciende a medida que aumenta el tamaño de las localidades.

    En zonas del interior con menos de 5.000 habitantes, el riesgo es del 70%; en las más pobladas, del 65%, y en Montevideo, del 61%.

    Esta brecha territorial refleja, según el Cuesta Duarte, desigualdades estructurales en el acceso a empleos menos rutinarios, a oportunidades de reconversión y a formación continua. La IA, advierte el informe, puede amplificar esas diferencias si no se diseñan políticas específicas para el interior del país.

    Educación, la línea divisoria más clara

    Entre todos los factores analizados, el nivel educativo aparece como el principal determinante del riesgo de automatización. Quienes no completaron la educación secundaria enfrentan un riesgo del 74%, que se reduce levemente entre quienes completaron el primer ciclo y el segundo ciclo de secundaria, con 71% y 65% respectivamente.

    El salto más significativo se produce con la educación terciaria: en ese grupo, el riesgo cae al 27%. Para el Instituto, este dato es una señal de alerta sobre el futuro del mercado laboral uruguayo, ya que sugiere que las competencias adquiridas en la educación media ya no garantizan una protección efectiva frente a los cambios tecnológicos que se aceleran.

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    Una persona trabajando con una computadora.

    Una persona trabajando con una computadora.

    Mujeres y jóvenes ante el cambio tecnológico

    Los empleos ocupados por mujeres presentan, en promedio, un riesgo de automatización menor que los de los hombres, 60% frente a 68%, según el informe. Distintos estudios advierten que, aun así, estos puestos pueden verse atravesados por cambios en el contenido del trabajo, especialmente en sectores urbanos y formales donde la IA se adopta con mayor rapidez.

    En cuanto a la edad, los menores de 30 años concentran niveles más altos de riesgo, que disminuyen entre los 30 y los 50 años y vuelven a aumentar en edades más avanzadas. Aun así, el análisis generacional sugiere que los trabajadores más jóvenes tienden a adaptarse con mayor rapidez a puestos menos automatizables, aunque lo hagan en un contexto de mayor incertidumbre laboral.

    Algoritmos, control y nuevas tensiones laborales

    Más allá de la automatización, el informe del Instituto Cuesta Duarte advierte sobre el avance de la “gestión algorítmica” en los lugares de trabajo. Sistemas que miden desempeño, tiempos de respuesta, productividad y errores en tiempo real ya forman parte de la organización laboral en varios sectores.

    Sin reglas claras, señala el documento, este tipo de herramientas puede derivar en “intensificación del trabajo”, pérdida de autonomía y nuevas formas de precarización, incluso en empleos que no están en riesgo de desaparición.

    Frente a ese escenario, el estudio plantea que es necesario contar con datos concretos para anticipar los impactos y darles una respuesta colectiva. En ese sentido, le asigna a la “matriz de riesgo de automatización” un rol "clave” en la discusión sobre trabajo e IA, en particular “para orientar la negociación colectiva”, al entender que permitirá a los sindicatos definir prioridades en cada sector, desde la incorporación de cláusulas tecnológicas hasta la garantía de formación continua y la protección frente a despidos vinculados a procesos de automatización.

    El estudio agrega que el alcance de esta herramienta va más allá del ámbito sindical. “Ofrecerá evidencia para el diseño de políticas de empleo, formación profesional y reconversión laboral que se anticipen a los cambios tecnológicos”.

    Como abordaje de posibles resguardos frente al avance de la “gestión algorítmica” en los lugares de trabajo, el informe plantea fijar límites al “monitoreo” digital, resguardar el “derecho a la desconexión” y realizar una “evaluación de carga de trabajo post-IA”, con el objetivo explícito de evitar la “intensificación del trabajo” y la llamada “aceleración invisible” que puede producirse tras la incorporación de nuevas tecnologías.

    Propuestas para la negociación colectiva

    El informe del Instituto Cuesta Duarte dedica un apartado específico a las propuestas para la negociación colectiva, bajo la premisa de que la incorporación de la IA no puede quedar librada únicamente a decisiones empresariales.

    Uno de los primeros ejes que se plantea es la necesidad de reglas claras para la adopción de sistemas de IA en los lugares de trabajo. En el apartado de gobernanza y transparencia, el documento propone establecer un “aviso temprano —por ejemplo, mayor a 90 días— antes de desplegar sistemas de IA que afecten procesos o métricas laborales”, con información sobre el alcance de la herramienta, las tareas involucradas y los posibles impactos. Ese proceso, señala el informe, debería canalizarse a través de un “Comité mixto IA-Trabajo (empresa-sindicato)”, encargado de “evaluar los pilotos, acordar auditorías algorítmicas” y habilitar “mecanismos de reclamo cuando la herramienta degrade condiciones” laborales.

    El segundo eje está vinculado a la empleabilidad y la formación. El informe propone una estrategia que resume la consigna “complementar para retener”. La idea es que la IA no elimine puestos de trabajo, sino que transforme tareas, y que ese proceso vaya acompañado de formación continua en habilidades complementarias (reskilling), caminos claros para pasar de un puesto a otro dentro de la empresa y garantías salariales durante un período de adaptación, de entre uno y dos años, para quienes deban reconvertirse.

    El informe también introduce medidas de protección frente a los efectos más disruptivos de la automatización. Propone, por ejemplo, una “moratoria de despidos por IA durante 12 meses”, junto con la “prioridad de recolocación interna” y el acceso preferente a instancias de “formación”. El documento señala que estas cláusulas no buscan frenar los cambios tecnológicos, sino “comprar tiempo” para que las organizaciones puedan aprender, ajustar procesos y reabsorber trabajadores en tareas de mayor valor.

    Otro punto importante es el reparto de los beneficios derivados de la tecnología. El Cuesta Duarte advierte que, sin acuerdos explícitos, las mejoras de productividad pueden profundizar desigualdades. Por eso, el informe plantea que, “si la empresa logra mejoras verificables en los indicadores de productividad, el convenio puede gatillar bonos, mejoras salariales o reducción de jornada proporcional al incremento de productividad”.

    Robot-Fabrica
    Sistema automatizado de trabajo.

    Sistema automatizado de trabajo.

    Cartillas, guías y el camino a seguir

    Además del diagnóstico y las propuestas de negociación, el Instituto Cuesta Duarte pone el foco en llevar esta discusión al terreno práctico, con herramientas pensadas para los propios trabajadores. En ese sentido, uno de los ejes del proyecto es la elaboración de “cartillas informativas para sindicatos”, pensadas como materiales de apoyo para la formación de delegados y afiliados frente a la incorporación de la IA en el trabajo.

    El documento plantea que estas cartillas “tengan un lenguaje claro y directo” y que expliquen “qué es la inteligencia artificial” y cómo afecta a los trabajadores, diferenciándola de la automatización tradicional y bajando a tierra conceptos como “algoritmos” o “aprendizaje automático”. El objetivo es que los trabajadores puedan reconocer cómo la IA ya está presente en sus sectores, identificar “riesgos y oportunidades” y conocer cuáles son sus “derechos digitales”, como la protección de datos, la no discriminación algorítmica y el derecho a la desconexión.

    Guía práctica para la negociación colectiva

    Otro de los insumos previstos es una guía práctica para la negociación colectiva, orientada a incorporar la dimensión tecnológica en los convenios. El informe propone avanzar en el “ABC de la negociación tecnológica”, con ejemplos de “cláusulas modelo” que incluyan comités bipartitos de tecnología, exigencias de “transparencia algorítmica”, garantías de “formación” y el principio de que las decisiones que afectan el empleo no queden libradas exclusivamente a sistemas automatizados.

    En cuanto a los próximos pasos, el informe señala que el trabajo no se agota en este diagnóstico inicial. El proyecto prevé profundizar el análisis a partir del uso de registros administrativos del BPS y del Ministerio de Trabajo, así como la realización de “estudios de caso” y “entrevistas en profundidad con dirigentes y delegados sindicales”.

    La propuesta pone el acento en “incorporar el conocimiento y la perspectiva de los propios trabajadores” como condición para “empoderarlos” frente a los cambios que introduce la IA, y plantea que ese empoderamiento pasa por información, formación y capacidad de incidir en cómo estas tecnologías se incorporan al mundo del trabajo.

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