En Búsqueda y Galería nos estamos renovando. Para mejorar tu experiencia te pedimos que actualices tus datos. Una vez que completes los datos, tu plan tendrá un precio promocional:
* Podés cancelar el plan en el momento que lo desees
¡Hola !
En Búsqueda y Galería nos estamos renovando. Para mejorar tu experiencia te pedimos que actualices tus datos. Una vez que completes los datos, por los próximos tres meses tu plan tendrá un precio promocional:
* Podés cancelar el plan en el momento que lo desees
¡Hola !
El venció tu suscripción de Búsqueda y Galería. Para poder continuar accediendo a los beneficios de tu plan es necesario que realices el pago de tu suscripción.
Las vacaciones tienen que tener algo de ruptura del orden establecido, de caos; algo de Chevy Chase y su familia. Son días importantes, en los que podemos vivir otra vida, en los que el ocio se impone a la obligación, y en esos días puede pasar de todo. De eso hablan estas películas
Chevy Chase y su familia ficticia en Gran disparate yankee en Europa.
Enero es mes de vacaciones. A mí me encuentra trabajando, pero el ánimo general es de vacación. De romper rutinas, dejar entrar un poquito el caos. Como más chatarra en enero, trasnocho aunque tenga que madrugar, juego a no tener horarios, aunque los tenga. Las vacaciones para mí tienen que tener algo de ruptura, de desorden, y por eso me identifico con Chevy Chase y sus vacaciones en familia. Cuando veo el auto de la familia Griswold recorriendo Europa, cargadísimo de equipaje, con el padre tratando de tomar el carril izquierdo en Londres para salir de una rotonda, me acuerdo de mis padres a la salida de Porto Alegre, intentado embocarle a la entrada de la BR-101 (nunca le embocábamos) rumbo a Florianópolis; errarle significaba recorrer kilómetros en la dirección equivocada antes de encontrar un retorno para volver a intentarlo.
¡Registrate gratis o inicia sesión!
Accedé a una selección de artículos gratuitos, alertas de noticias y boletines exclusivos de Búsqueda y Galería.
El venció tu suscripción de Búsqueda y Galería. Para poder continuar accediendo a los beneficios de tu plan es necesario que realices el pago de tu suscripción.
A Clark Griswold lo agarra la noche en la rotonda, y los hijos se aburren de escucharlo decir, en cada vuelta: “¡Miren, el Big Ben!”. Pareciera que señalar monumentos históricos viene en el manual de maternidad y paternidad, en las tareas que hacen al rol. Me he dado cuenta de que es una pulsión inevitable, y muy frustrante, porque nunca —NUNCA— se obtiene de los hijos el entusiasmo que se espera.
Soy Patricia Mántaras, periodista y editora de Galería. Espero que esta nueva entrega de Películas para la vida te encuentre de vacaciones; y si no, disfrutando de las noches de enero (¿no son hermosas?) como más te guste. Me podés escribir con comentarios o sugerencias a [email protected]. Estaré encantada de leerte y responderte.
—
De chica, con mi familia, viajábamos todos los veranos a Florianópolis (con una parada técnica en Porto Alegre la primera noche). Mi padre manejaba los 1.300 kilómetros en las rutas precarias de la época (años 80 y 90), con las ventanas del Chevette blanco abiertas a falta de aire acondicionado. El sonido del viento en la ruta siempre me transporta a esos viajes, en los que el cinturón de seguridad no existía y la sensación de peligro estaba reservada para otras personas: los adultos. Viajábamos atrás con mi hermana, con las piernas pegadas a la cuerina del asiento, y ya no recuerdo exactamente cómo matábamos las horas. Sí tengo grabadas las canciones de Isabel Pantoja o José Luis Perales, y Tarde o temprano, de César Banana Pueyrredón, que un verano escuchamos sin parar a pedido de mi hermana, lo que significaba estar retrocediendo todo el tiempo el casete al punto justo.
Y oír conversar a mis padres, comentar “qué bonito” (la palabra siempre era bonito, porque así se habla de los paisajes ajenos, bellos pero no ostentosos) de algún lugar de paso. Hoy pienso que escuchar charlar a los padres desde el asiento trasero de temas que uno no entiende ni le interesan es un privilegio. El arrullo de sus conversaciones armoniosas, alguna risa aquí y allá, entreverada con el viento y la música, eran momentos de felicidad, aunque no me diera cuenta. Cada tanto mi madre se daba vuelta, con los anteojos grandes que se usaban en la época, y nos preguntaba a mi hermana y a mí cómo íbamos. A veces parábamos a comprar un helado brigadeiro y mi papá hacía gala de un portugués autodidacta que, a mis ojos, dominaba ampliamente. Este año, por primera vez, intentaré replicar uno de esos viajes. Estoy muy ilusionada.
Las vacaciones son momentos importantes, no les quitemos peso. Son los días en el año en los que podemos hacer de cuenta que no trabajamos, que no estudiamos; en los que las obligaciones dan paso al ocio, y cada uno ve cómo llena ese espacio en blanco. Si viste El triángulo de la tristeza (está en HBO Max), seguramente te desencantaste un poco de los cruceros. El que retrata la película (que ganó la Palma de Oro en Cannes) es uno exclusivo, de lujo, solo lleva a bordo un puñado de millonarios ávidos de demostrar y ejercer su poder con todo el que se cruce en su camino (capitán del barco, moza, todo sirve). El director sueco Ruben Östlund (que parece regocijarse colocando a sus protagonistas en situaciones que ponen a prueba todo su esquema vital, como hizo también en Fuerza mayor) hace una sátira de esta pequeñísima porción de la población mundial, privilegiada pero tan humana como todos —y expuesta a las mismas miserias— al final del día.
Triangulo de tristeza 3
El triángulo de la tristeza.
Paraísos para pensar
Si sumamos que salir de casa suele ser una oportunidad de abrir la mente, y el tiempo libre es propicio para la reflexión, las vacaciones son instancias de descubrimiento y redescubrimiento. A la protagonista de La hija oscura (en Netflix), la ópera prima de Maggie Gyllenhaal, nominada a tres Oscar, le toca revivir algunos pasajes sombríos de su vida. En la película, basada en una novela de la misteriosa escritora italiana Elena Ferrante, una mujer, Leda (Olivia Colman), vacaciona sola en un balneario. La estadía no es precisamente apacible: allí conoce a un hombre (Ed Harris) con el que mantiene un coqueteo incómodo y establece un vínculo con una madre joven (Dakota Johnson) que la lleva a repensar su propia maternidad. La atmósfera de la película es inquietante. En ese escenario de aparente descanso, logra crear la impresión de que en cualquier momento podría pasar algo terrible.
La hija oscura
La hija oscura.
Si estás con más ganas de ir al cine que de ver televisión, te recomiendo Fuera de temporada; se estrena el jueves 22 de enero y estuvo nominada al León de Oro en el Festival de Venecia. Es una pequeña película francesa de esas que logran mantenerse en cartel por semanas gracias al boca a boca —estoy haciendo un pronóstico, pero basado en abundantes evidencias—. Acá el que se toma vacaciones es Mathieu (Guillaume Canet), un actor de cine de mediana edad que escapa de París hacia un hotel de balneario, fuera de temporada. Huye de sí mismo después de tomar una decisión que reafirma sus miedos y podría afectar su carrera: renunciar a una obra de teatro a punto de estrenarse y que sería su debut en las tablas. El spa del hotel es solo su escondite. Su refugio es la aparición de Alice (Alba Rohrwacher), una exnovia que se pone en contacto con él cuando se entera de que está de paso en el balneario donde ella casualmente vive. El reencuentro es, primero, como el de dos viejos amigos. Después, como el de dos examantes: aparece el dolor de ella por el abandono, las disculpas de él, y la pregunta que siempre sobrevuela estos reencuentros: ¿qué hubiera pasado si…?
Embed
Vacaciones para soltar
Irónicamente, de soltar habla, entre otras cosas, la película uruguaya Agarrame fuerte, que ganó el premio Nora Ephron en el Festival de Tribeca. Estuvo en cartel a fines de 2024 y no está en plataformas, pero cada tanto hacen una función extraordinaria; si se da la oportunidad, mirala. Las directoras, Ana Guevara y Leticia Jorge, que antes que equipo de trabajo son grandes amigas, la escribieron como forma de procesar el duelo por la pérdida de una amiga en común. Lo que hicieron entonces fue contar una historia en la que una mujer joven, Adela (Chiara Hourcade), que pierde a su amiga Elena (Victoria Jorge), viaja en el tiempo al pasado, a unas coordenadas que las sitúan a ella, a Elena y a la tercera pieza del grupo, Lucy (Eva Dans), en unas vacaciones en Solís. No viaja en un DeLorean, sino en un ómnibus interdepartamental que se le cruza por delante justo cuando ella sale del velorio, como una aparición.
Agarrame Fuerte 16x9_04.jpg
Agarrame fuerte.
En la película “hay una parte muy fuerte de pensamiento mágico. Ella (Adela) en su momento de dolor, desde un sentimiento muy visceral, casi infantil, invoca esta posibilidad de viajar. Siempre decíamos que es como en Totoro, que cuando el papá no aparece, aparece Totoro. Como un amigo imaginario que te ayuda cuando sos chiquita”, contó Jorge, una de las directoras. Esos días en Solís son puro goce, puro estar presente para Adela, que tiene la oportunidad soñada de volver a compartir momentos con alguien que ya no está. Y son también justo lo que precisa para entender que tiene que dejar ir a su amiga del alma.
Un dolor real 3
Un dolor real.
Y después están David y Benji, de Un dolor real (está en Disney+). Esta gran película de Jesse Eisenberg, que además de interpretar a David Kaplan, la escribió (el guion estuvo nominado al Oscar y ganó un Bafta) y dirigió, empieza con el viaje de estos dos primos a Polonia para conocer los sitios que marcaron la infancia de su abuela, recién fallecida. Los dos son muy distintos. David es estructurado, práctico, inseguro y lleno de responsabilidades; Benji (interpretado por Kieran Culkin, que ganó el Oscar por este papel) es un espíritu libre, desfachatado, simpático; todo lo que David no es. Y, por supuesto, le cae bien a todos sus compañeros de excursión. Hasta que empieza a tener algunos desbordes que muestran cierto desequilibrio. El viaje no solo los conecta con sus raíces, también los revincula en una etapa de la vida en la que uno ya es quien es, y el otro también.
Una cosa que me encanta de las vacaciones, además de lo evidente, es que son fábricas de recuerdos, ¿no te parece? A veces miro el carrete de mi celular y es como ver una película. Me detengo en los momentos capturados, avanzo, retrocedo. ¿Esto me pasó a mí?
—
Si tenés un ratito más para leer, te recomiendo especialmente la columna de Carolina Villamonte, que viene muy a cuento de las vacaciones y el tiempo libre. Además, Magdalena Cabrera conversó con tres artistas que abren sus atelieres para enseñar lo que mejor saben, y cuentan cómo el arte es refugio para ellos y sus alumnos. Y si, sin darte cuenta, volviste a usar abanico, es porque —además de que hace mucho calor— es tendencia; en esta nota repasamos la historia, su resurgir y te contamos dónde conseguirlos en Montevideo.