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Tres artistas abren sus talleres para enseñar su pasión
Día a día Eugenia Larruina, Mya Ferrando y Sebastián Peter comparten y transmiten sus conocimientos artísticos en sus atelieres, lugares propios que hoy también se han convertido en refugio de alumnos y visitantes
Cada vez más el mundo necesita de refugios, como son los talleres de arte. Cruzar el umbral de cualquiera de ellos es desarmar el ritmo (¡la locura!) del día y sumergirse en otro tiempo, en el que los minutos corren más lentos y la lógica de lo útil y lo perfecto se desvanece.
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En un intento de descubrir estos refugios, Galería recorrió los atelieres de tres artistas para conocer sus mundos, su forma de trabajar y las técnicas que enseñan o practican: desde acuarela, óleo y acrílico a mosaico, cerámica y escultura en tiza. “Son horas de trabajo en otro mundo”, dice Sebastián Peter, artista plástico, que hace seis años tiene su atelier en la calle Silvestre Blanco. Algo parecido vive la ceramista Eugenia Larruina con los alumnos de su taller, en el barrio Cordón. “El rato se pasa volando, cuando termina la clase la gente no se quiere ir”, señala. En tanto, para la ilustradora Mya Ferrando, que en julio inauguró su taller en el balneario Solís, el tiempo en un atelier puede ser tan rico y disfrutable que su proyecto es convertir el suyo en una experiencia de turismo creativo de Airbnb.
Un taller en Solís y la apuesta al turismo creativo
En el balneario Solís, en el kilómetro 82 de la ruta Interbalnearia (Maldonado), se encuentra el atelier de Mya Ferrando, la diseñadora e ilustradora que está detrás de la cuenta de Instagram @caballosvoladores. Radicada en el balneario esteño desde los primeros años pospandémicos, abrió su taller al público en julio del año pasado con la idea de incursionar en el turismo creativo, a su entender, una rama poco explorada en Uruguay.
mya ferrando
Mya Ferrando
Mauricio Rodríguez
“Me encanta recibir gente en mi taller, prestarles todas mis cosas, pintar juntos, que sea una experiencia artística. Cuando viajás a otras ciudades y países, tenés un montón de opciones de este tipo. Me parece que puede funcionar bien en Uruguay; hasta ahora no hay nada de turismo creativo, donde te inviten a vivir una experiencia”, explica Ferrando a Galería.
Para llevarlo a cabo se basó en su proyecto Memorias Ilustradas, dedicado a sus memorias familiares. Un proyecto que nació el año pasado a raíz de la muerte de su hermano, quien vivía en Australia y tenía dos hijos pequeños. “Dije: quiero escribir sobre mi hermano para que mis sobrinos lo conozcan, porque mi cuñada lo conoció de grande, pero yo viví mi infancia con él”. En el proyecto, además de narrar anécdotas, Ferrando las ilustra con acuarela.
Así nació el taller de Memorias Ilustradas, en el que la ilustradora invita a turistas o cualquier interesado a realizar una postal con su recuerdo más feliz, como si fuera un souvenir del viaje. “Tomamos unos mates con bizcochos, pintamos, compartimos recuerdos y luego siguen su camino”. Para llegar a más gente, Ferrando se afilió a Airbnb Experience, un trámite que terminó de concretar hace algunas semanas, por lo que al momento de realizar la nota aún no había recibido ningún turista proveniente de dicha plataforma.
Más allá de eso, su taller ha llamado la atención de muchas personas de la zona, que aunque se acercan interesadas por la experiencia de las postales, luego continúan yendo con el objetivo de probar otras técnicas y formatos, más allá de las acuarelas. “Tengo una alumna que empezó con el taller de Memorias Ilustradas y ahora me ha pedido para empezar a bordar. Entonces, mi taller en realidad es un espacio de creación. Yo no estoy formada en artes plásticas, pero sí puedo acompañar, ofrecer mi taller, materiales y compartir lo que yo sé”. Tan es así que este año tiene pensado integrar cerámica a la propuesta e incluso sumar algún taller para adolescentes.
También están aquellos que llegan al taller de Memorias Ilustradas y vuelven interesados en seguir pintando y escribiendo sus recuerdos, con el objetivo de armar una bitácora. “Escribir sobre la vida de uno mismo es lo último en la lista de cosas que uno tiene que hacer, entonces, está bueno generar ese espacio”.
acuarela mya ferrando
Mauricio Rodríguez
Su taller se basa en tres pilares: hacer algo fuera de lo cotidiano, hacer algo que te haga bien y dejar un legado. “Mirar para atrás y ver las cosas que superaste da orgullo, te reconcilia con la vida. Dejarle (tu bitácora) a alguien te une a otras generaciones y ayuda a que te entiendan”, explica.
Ferrando es diseñadora textil y durante mucho tiempo trabajó en un trading. Sin embargo, cuando nacieron sus dos hijos sintió la necesidad de reinventarse profesionalmente con el objetivo de poder compaginar el trabajo con la crianza. Como desde siempre le había gustado dibujar, sobre todo, caballos —lo único que, según ella, sabe dibujar sin mirar—, pensó en inclinarse por ahí. Para ese entonces su cuenta en Instagram, @caballosvoladores, ya tenía algunos años. La había creado en un momento de crisis personal, con el objetivo de compartir sus dibujos y acuarelas, a los que acompañaba con textos, donde exponía mucho de su mundo interior.
Así fue creciendo el sueño de contar con su propio taller. Cuando se mudó a Solís tenía claro que su casa debería contar con un espacio especialmente destinado a crear. Hoy el taller se encuentra en el entrepiso de su domicilio, allí es donde crea sola, acompañada de amigos o de algún turista que llega con la intención de llevarse una postal personal como recuerdo de su viaje por Uruguay.
Balneario Solís (km 82 de la ruta Interbalnearia). Instagram: @caballosvoladores
El atelier de Sebastián Peter y el arte como “válvula” de escape
Una base circular de madera de importantes dimensiones en la que prolijamente alguien ha ido pegando piedras de distintos colores y disponiéndolas de forma tal de generar distintas figuras y profundidades, apoyada sobre una mesa en la vereda, es la antesala que recibe a Galería en la calle Silvestre Blanco, donde el artista Sebastián Peter hace seis años tiene su atelier.
sebastian peter
Sebastián Peter
Mauricio Rodríguez
“Este es un mosaico que me encargaron, en el que aún estoy trabajando. Voy jugando con el color de las piedras para generar las formas y darles profundidad. Es algo que disfruto mucho. Son horas de trabajo en otro mundo”, señala a Galería, antes de dar paso a la entrada de su taller, del cual se puede tener una primera mirada a través de la vidriera.
Una mesa de trabajo alta y de madera maciza, con todo tipo de materiales y herramientas de trabajo arriba y abajo. Mosaicos, dibujos y pinturas colgados en las paredes, apoyados en el piso, plantas y una vitrina con esculturas hechas en tiza son algunas de las tantas cosas que se distinguen y que parecen cobrar vida cuando, al ingresar, los oídos se sumergen en el bossa nova parisino que ambienta el lugar. Atrás, otro espacio, con otra mesa y más materiales completan el taller.
“Creo que nací artista. Siempre sentí la necesidad de expresarme. El arte, para mí, fue la válvula de la olla de presión, fue lo que me salvó”, dice Peter, quien se considera autodidacta. De hecho, la única formación artística que tuvo fueron dos años de pintura, cuando era pequeño, con el artista José Arditi. Hoy trabaja y enseña varias disciplinas: desde dibujo, acrílico y óleo hasta mosaico y escultura en tiza. “Fui explorando y sintiendo la necesidad de hacer cosas diferentes”.
esculturas en tiza sebastian peter
Mauricio Rodríguez
A su atelier, que está abierto durante todo el año, concurren alumnos de todas las edades, a los que divide en grupos según el rango etario. Su experiencia con el arte como “válvula” de escape lo ha llevado a priorizar este atributo en sus clases. “Son como una especie de terapia. Cuando llegan, uno ya se da cuenta en qué estado están. Por eso, para mí, lo primero es trabajar la parte de la sensibilidad. Les pido que me cuenten algún recuerdo lindo de sus vidas. Luego lo bajamos a tierra y, a partir de ahí, creamos una obra de arte”.
Da igual si el alumno aprende mosaico, dibujo o pintura, la técnica de inspiración es siempre la misma. “Principalmente lo que quiero es que el alumno conecte y no compita. Por eso, aunque tenga varios alumnos al mismo tiempo, nunca están haciendo cosas iguales”. De hecho, algunos pueden estar pintando en el espacio de atrás y otros haciendo mosaicos, adelante. “Nunca se quieren ir. Se quedan charlando. A veces, incluso, cuando son mayores de edad me piden tomar una copita de vino. Mis clases son como un paréntesis en su semana”.
De todas las disciplinas que sabe, hay una que Peter no comparte. Esa es la escultura en tiza, que a la única que le transmite sus conocimientos es a su hija. Su afición comenzó años atrás, buscando hacer algo diferente, que nadie hiciera. “Me fabriqué las herramientas y empecé a experimentar. Una vez que tuve varias figuras esculpidas, creé un producto en el que las sumerjo para que queden como si fuera yeso”.
El mayor desafío de esta disciplina es generar una figura, con todos los detalles, en una tiza de 9 milímetros de diámetro y 10 centímetros de largo, donde el margen de error no existe. Para lograrlo, Peter primero las talla mentalmente. “La mente no distingue si lo que estoy haciendo ahora es real o no. Así, cuando agarro la tiza, me es mucho más fácil, ya sé qué es lo que tengo que sacar y qué no”.
mosaico sebastian peter
Mauricio Rodríguez
Hoy, además de las clases del taller y de los encargos de mosaicos, las esculturas en tiza son otra fuente de ingreso para el artista. A esta altura del partido ha recibido encargos desde cualquier punto del globo: recientemente envió una colección a Dubái y otra a Costa Rica. Incluso, le llegó a hacer colecciones personales a Facundo Arana y Marcelo Tinelli, entre otros.
Sebastián Peter Galería-atelier (Silvestre Blanco, entre Soca y Brito del Pino). Instagram: @sebastianpeter.arts
El Taller Meula y el poder de transformación de la cerámica
Una vidriera con varias piezas de cerámica expuestas de color blanco, con una tela del mismo color oficiando de telón de fondo, es la carta de presentación del Taller Meula, el espacio de creación de Eugenia Larruina, una ceramista que desde hace siete años ofrece talleres para adultos en el barrio Cordón. Entrar por su puerta angosta es sumergirse como en un mundo subterráneo donde la cerámica es la protagonista. Varios espacios en distintos desniveles, techos bajos, paredes con revoque a la vista y decoración arbitraria y caprichosa son el hábitat donde Larruina y sus alumnos crean y cocinan piezas de cerámica, intervienen y hasta exponen.
Eugenia Larruina
Eugenia Larruina
Valentina Weikert
“Me siento muy agradecida de tener este espacio”, señala Larruina, con una sonrisa de felicidad dibujada en la cara. Su amor por la cerámica lo descubrió años atrás, pero, asegura, viene de la niñez. “Mi casa era como un taller, siempre estaba llena de materiales. Mi padre durante su juventud fue profesor de dibujo y mi madre, además de su trabajo, siempre hizo zapatos y carteras. Eso fue lo que me forjó el gusto por lo artesanal, los materiales nobles y de buena calidad”.
Cuando tuvo que elegir una carrera profesional se inclinó por Comunicación. Cursó tres años de la carrera para darse cuenta de que lo suyo era crear con las manos. Impulsada por una conocida que hacía cerámica, llegó a la Escuela de Artes y Artesanías Pedro Figari de la UTU, donde luego de estudiar otros tres años se recibió de ceramista. “Lo que más me motiva de la cerámica es el poder de transformación de algo que podría no tener valor en algo que sí lo tiene y que es bello”.
Como desde el inicio de la carrera tuvo claro que su objetivo era vivir de eso y no hacerlo como hobby, al finalizar el primer año, montó un taller de cerámica básico en un pequeño espacio alquilado. “Estuve ahí dos años, luego me mudé a otro lugar y hace siete años que conseguí este espacio”.
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Valentina Weikert
Hoy tiene tres grupos de adultos, con aproximadamente seis alumnos, que van a clase una vez por semana, dos horas y media. “El rato se pasa volando, cuando termina la clase la gente no se quiere ir. Es una especie de club, está buenísimo el intercambio que se genera”, señala.
El taller se mantiene abierto durante todo el año, solo cierra en enero. En tanto, en febrero organiza actividades puntuales, como el taller de cerámica creativa para niños, que este año ofrecerá todos los jueves. “Antes tenía un taller para infancias, pero lo dejé y ahora lo estoy retomando. Mi idea es lanzarlo en febrero, pero continuarlo durante el año. Necesito algo que me equilibre las frustraciones de los adultos. Me gusta eso de no esperar el resultado que tienen los niños”.
Por eso, para ese mes también tiene pensado ofrecer una actividad para adultos, denominada playroom de barro. “El taller va a estar lleno de arcilla, disponible para usar e intervenir. La idea es que sea algo bastante libre, sin un objetivo específico más que jugar, para traer el juego a la gente adulta”.
Además de los talleres, Larruina vende piezas de cerámica y hace instalaciones. Si bien durante mucho tiempo hizo piezas de vajilla para restaurantes y cafés, hoy solo trabaja con Café Doré. También vende diversas piezas de cerámica a través de su página web (meulaceramicas.com).
ceramica eugenia larruina
Valentina Weikert
Las instalaciones constituyen su “parte más artística” y también la más reciente. En 2024, por ejemplo, participó en Ceramic Art, una feria de arte contemporáneo en cerámica y vidrio. En estos días expone Casa en La Casa de las Hermanas, en Garzón, una obra donde a través de distintos mobiliarios de una vivienda, todo hecho en cerámica, la artista habla de secretos familiares y de herencias que se transmiten de generación en generación.