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Guitarra, voz, arreglos de cuerdas y fuelles. Diego Presa más criollo que nunca y en estado de gracia. En Otra visión del monte el cantautor ha logrado algo nada sencillo. Ha dotado al disco entero de una sólida personalidad, al punto que se lo puede considerar un trabajo conceptual. Ha logrado distanciarse notablemente del sonido eléctrico y expansivo de su banda, Buceo Invisible, y nos entrega una obra de gran coherencia interna, construida por diez hermosas canciones.
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El nombre del disco describe el ambiente: la intimidad de un fogón, olor a leña, a humo, un refugio para tanto ruido. “Otra audición del monte” podría ser también. El sonido dominante, junto a su voz madura y asentada, es el de las cuerdas de nylon de su guitarra española, ya sea pellizcadas con las yemas o rasgadas con uñas de guitarrero. Y los arreglos de cuerdas otorgan el brillo justo que estas canciones precisan, sin excesos melosos. La calidez de la instrumentación es directamente proporcional a la calidad de las canciones.
El espacio abre el fuego en clave de milonga en tonos mayores, con su voz a capela. Una canción luminosa y esperanzada. La sigue Santos lugares, que ya desde su intro punteada y disonante es la melodía de un conflicto no resuelto. Que el perfume de tu voz / me proteja el corazón. Las buenas canciones se suceden y acuden a la memoria Zitarrosa, el Darno, Jaime… y Dylan. Siempre está Dylan si una guitarra abraza a un cantante.
Piedra y lava, entre su viento de acordeón, trae aires de Sansueña. La dylaniana El federal y la chalana y la coheniana Ulises vuelve a partir elevan a Presa al estrado de los grandes letristas de la canción uruguaya. El misterio del amor, la vida y la muerte atraviesan el resto del disco, con El fuego que perdimos, San Luis de Canelones y Al filo de la medianoche, hasta el gran epílogo de Nimes. Para escuchar en loop hasta que gane el sueño. Lo presenta el 8 de octubre en Sala Balzo.