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    Carolina Sosa, exploradora uruguaya de National Geographic, estrenó ‘Agua invadida’, película que denuncia la pesca ilegal

    El documental se verá el 7 y 9 de agosto en Life Alfabeta e irá sumando funciones en cines por el resto del país

    El fondo del mar vive un momento de popularidad en el Río de la Plata gracias a las recientes transmisiones en vivo de la expedición del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (Conicet) de Argentina, que ha mostrado diferentes especies submarinas en las profundidades del cañón de Mar del Plata, frente a las costas bonaerenses.

    Mientras Uruguay se prepara para su exploración científica con el proyecto Uruguay SUB200, que desde el 22 de agosto buscará los secretos de las profundidades, un reciente estreno desentierra una verdad incómoda: la pesca ilegal que saquea esos mismos ecosistemas.

    El documental Agua invadida, estrenado a fines de julio y con proyecciones programadas para agosto en distintas salas, explora el impacto de la pesca ilegal, no declarada y no reglamentada en nuestras costas. La película, que se verá este jueves 7 y el sábado 9 en la sala Alfabeta de Life Cinemas, es el resultado de una investigación de la cineasta uruguaya Carolina Sosa (Montevideo, 1991).

    Es ella, de hecho, quien aparece sumergida en los primeros planos de su película para luego anunciar explícitamente parte de su misión: “Siempre sentí una conexión muy fuerte con el agua. A los 21 años buceé por primera vez y fue como descubrir un universo nuevo. Desde ese momento, me prometí a mí misma que nunca iba a dejar de explorar lo que hay debajo de la superficie”, dice en una narración que aparece en el documental.

    La pasión por la exploración no es nueva. Desde los 13 años, Sosa soñaba con recorrer el mundo y filmar documentales para National Geographic, un sueño que marcaría su formación como cineasta. Esa visión se hizo realidad cuando se convirtió oficialmente, en 2023, en exploradora de la National Geographic Society, una organización sin fines de lucro, tras obtener el fondo NatGeo Explorer para el proyecto que derivaría en Agua invadida, seleccionado entre numerosas propuestas globales.

    En su conversación con Búsqueda, Sosa hace una distinción crucial. Mientras que la National Geographic Society, fundada en 1888, financia proyectos científicos y educativos sin fines de lucro, National Geographic, el canal de televisión operado bajo el ala de Disney, genera contenido para medios. Parte de sus ganancias apoyan el trabajo de la National Geographic Society en una sinergia entre exploración y divulgación.

    La proyección internacional de Sosa tampoco es casualidad. Su formación abarca viajes y estudios en Argentina, México, Australia y Estados Unidos, donde obtuvo una maestría en documentales en la New York Film Academy de Los Ángeles y realizó su primer trabajo documental. Antes de sumergirse en el mundo marino, Sosa había explorado otro territorio complejo: la política estadounidense. Su primer largometraje, Trumphobia: What Both Sides Fear (2019), le demandó varios años de trabajo intenso y la llevó a replantear su enfoque. Decidió que en adelante buscaría proyectos documentales con estructuras y presupuestos ya establecidos, evitando el desgaste extremo de producciones independientes.

    El proyecto de Agua invadida empezó a tomar forma en 2021, impulsado por una revelación inesperada. Sosa, entonces inmersa en la producción y realización de documentales para terceros, incluyendo una serie sobre conservación de vida marina en México con la productora Trailer Media del realizador Luis Ara, se topó con la noticia de la primera expedición marítima de National Geographic en Uruguay en 2021. Su instinto la llevó a intentar unirse a la misión, ofreciéndose a colaborar de forma gratuita, pero la expedición ya estaba en marcha. Sin embargo, el impulso la puso en contacto con una problemática que le era desconocida: la pesca ilegal en aguas uruguayas.

    Además, la experiencia previa de Sosa en México, donde atestiguó las devastadoras consecuencias de la pesca ilegal en la península de California, le generó una convicción visceral. Fue al ver con sus propios ojos cómo la fauna marina era afectada y la magnitud del trabajo necesario para combatir esta práctica que comprendió la urgencia de investigar la situación en Uruguay. Su pasión por el mar, al que describe como un “universo de misterio y respeto”, y su asombro por la vida submarina fueron motivaciones adicionales para sumergirse en el tema.

    Para llevar a cabo el documental, se asoció con un equipo multidisciplinario, incluyendo al doctor Andrés Milessi, biólogo marino con años de experiencia en investigaciones del impacto de la pesca en el ecosistema marino y referente en la lucha contra la pesca ilegal en Uruguay, y al licenciado Agustín Loureiro. A pesar de la reticencia inicial de Milessi a aparecer en cámara, Sosa logró convencerlo de su papel protagónico, no solo por su conocimiento científico, sino por su capacidad para conectar todos los hilos logísticos del proyecto. El equipo contó también con el respaldo de la Armada Nacional y el apoyo de organizaciones, como Global Fishing Watch y Blue Marine Foundation, que resultaron determinantes para acceder a las operaciones de investigación y filmación en aguas uruguayas y brasileñas.

    Embed - Trailer oficial - Agua invadida

    Agua invadida despliega un lenguaje visual potente y Sosa utiliza todo a su alcance, desde tomas aéreas y submarinas hasta asombrosos planos de especies marinas y momentos de sentida tensión narrativa. La película expone cómo la pesca ilegal, no declarada y no reglamentada impacta la biodiversidad, la economía costera y la soberanía alimentaria, socavando los esfuerzos de conservación. El relato se fortalece también con testimonios de pescadores artesanales, que son las víctimas directas de esta crisis.

    El documental expone cómo este saqueo amenaza la biodiversidad, perjudica a pescadores artesanales y vulnera la soberanía nacional. “Tenemos más mar que tierra, pero no lo valoramos”, advierte la directora. La filmación se desarrolló durante 2024 y Sosa enfrentó desafíos logísticos importantes para lograrlo. “Tratar de capturar pescadores ilegales es muy difícil. De por sí ya capturarlo en cámara debería ser imposible”, señala.

    Los rodajes en altamar demandaron un equipo flexible y adaptable a las condiciones climáticas impredecibles. En varias ocasiones, la directora tuvo que filmar sola, debido a las limitaciones de espacio en las embarcaciones y la necesidad de una operación práctica. Por ejemplo, la filmación en los barcos de la Armada fue físicamente extenuante. Sosa describe la experiencia como extrema, sufrió mareos y vómitos constantes durante varios días en misiones de larga duración.

    El objetivo inicial de la directora era crear una película basada en la acción y las operaciones de captura, sin entrevistas. Sin embargo, la complejidad del tema y la dificultad de obtener algunas imágenes que deseaba la obligaron a un enfoque más narrativo y explicativo. A pesar de ser vegetariana, señala que el documental adopta una perspectiva amplia sobre la pesca. “Me abstraigo de mi propio interés personal de salvar a los animales”, aclara. “Pero quiero hablar de proteger los recursos pesqueros y la soberanía alimentaria”.

    Un elemento fundamental que Sosa busca destacar es la inmensa riqueza marina de Uruguay, un aspecto a menudo desconocido por sus habitantes. “Tenemos una riqueza marítima increíble, y la mayoría de nosotros ni siquiera lo sabemos”, afirma, y subraya la importancia de esta visibilización: “No podemos proteger lo que no conocemos. Primero tenemos que saber qué tenemos para después entender por qué la pesca ilegal es un problema mayor del que se habla”.

    Entre los objetivos cercanos del proyecto, Sosa busca liderar una campaña de impacto social que pretende incrementar la penalización de la pesca ilegal en Uruguay. El sitio web del documental se convertirá en un centro informativo sobre el delito en Uruguay y la región, busca así que la gente pueda tomar acciones. También espera poder llevar su película a universidades y liceos, con la idea de crear un cambio en la cultura oceánica en pos de valorar la riqueza marítima uruguaya.

    En tanto, la finalización de Agua invadida marca una nueva etapa en la carrera de Sosa, abriéndole las puertas a oportunidades con National Geographic a un nivel más amplio. Tras ser nombrada exploradora de la National Geographic Society, fue seleccionada para el programa Field Ready. Este programa anual elige a 10 exploradores de todo el mundo y los entrena durante seis meses para trabajar directamente para National Geographic (el canal).

    Aunque se encuentra sujeta a acuerdos de confidencialidad, la cineasta menciona filmaciones en Asia y próximos proyectos en Sudamérica. Su meta a largo plazo es trascender el rol de contratada para filmar y poder “vender la película de sus sueños” directamente al canal. “Me encantaría no parar. Es lo que siempre quise, morirme filmando un león o un oso”, bromea.

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