Lucía Garibaldi ha vuelto. Este jueves 5 de junio, en Nueva York, la cineasta uruguaya presentó Un futuro brillante en el Festival de Tribeca. Se trata de su segundo largometraje, sucesor de Los tiburones, cuyo triunfo en el Festival de Sundance, donde Garibaldi hizo historia al ganar el premio a Mejor dirección, marcó un hito en su carrera, a la que sumó reconocimientos en festivales internacionales desde Buenos Aires hasta Guadalajara, consolidando uno de los debuts más destacados del cine nacional reciente.
Pero Garibaldi nunca se fue. Desde el estreno nacional de Los tiburones en 2019, se dedicó a crear Un futuro brillante, mientras alternaba proyectos: dirigió y editó en las series argentinas Porno y helado y Barrabrava, ambas filmadas en Uruguay, realizó un homenaje al Nosferatu de F.W. Murnau para un spot de Cinemateca y filmó videoclips para músicos nacionales como Juan Campodónico y Eté y Los Problems. Su trabajo más reciente, un video para el cantautor, y pareja, Juan Wauters, incluyó a una nueva colaboradora en la familia: su hija Luisa. Entre películas, la directora también se convirtió en madre.
Desde una plaza en Queens, Nueva York, mientras Wauters e hija juegan por ahí, Garibaldi conversó con Búsqueda sobre el estreno mundial de Un futuro brillante en Tribeca. “Es lo más dramático de hacer películas: el encuentro con el público”, apunta. “La película se termina con la mirada del otro. Es lo que querés. Y se perdió un poco eso. Entonces, me da mucha intriga y me digo que prefiero no pensarlo mucho”.
Al igual que ocurrió con Los tiburones en Sundance, la película se estrena mundialmente en un festival estadounidense. La ópera prima se presentó en la competencia del festival fundado por Robert Redford. Al Festival de Tribeca lo creó otro Robert: De Niro. Fue en 2002, para revitalizar el bajo Manhattan tras los atentados del 11 de setiembre. En junio de 2024, la película Agarrame fuerte, de las directoras Ana Guevara y Leticia Jorge, ganó el Premio Nora Ephron otorgado por el certamen.
Para Garibaldi, Nueva York es una segunda casa. Su pareja, Wauters, inició y estableció su carrera musical allí; su hija, uruguaya, también es estadounidense. Por eso, amigos y familiares cercanos asistirán a las proyecciones de la película. “A veces, cuando estrenás en un lugar que se siente como casa, termina siendo un poco más intimidante que lo anónimo de Sundance o, no sé, Polonia”, señala la directora. “Pero estoy tranquila. Hace mil años que estamos esperando este estreno”.
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Un futuro brillante, un drama de ciencia ficción producido por Montelona y en coproducción con Cimarrón de Argentina y Achtung Panda! de Alemania, se presenta en la sección competitiva Viewpoints, descrita por el festival como el espacio para “puntos de vista singulares y visiones de dirección arriesgadas” que “rompen barreras, desafían convenciones y abren caminos inexplorados”. Para el catálogo de Tribeca, la programadora Camille Ramos definió la película como “distópica pero esperanzadora” y como “una mirada estilizada y extraña a un mundo donde las hormigas son malvadas, los perros están extintos y la juventud es el bien más preciado”.
La protagonista es Elisa, una joven de 18 años, en un complejo habitacional estancado en el tiempo: un mundo de fumigaciones por doquier, mascotas extintas y una población envejecida. Como última seleccionada para ir al Norte, una supuesta tierra prometida donde “se reescribe la historia sin errores”, según lo reseña la sinopsis oficial, su partida parece inevitable. La madre de Elisa trabaja obsesivamente para reunir a la familia allí, pese a los mensajes de su otra hija, ya enviada. La llegada de Leonor, una vecina enigmática con pierna ortopédica, revela la cruda verdad: la juventud de Elisa es un bien codiciado.
“Es como armar un mundo nuevo con pedazos de este”, explica Garibaldi. “Hay ciertas lógicas que se empiezan a manifestar y que tenés que respetar. Hay cosas que no podés hacer y cosas que necesitás contar, que la historia que contás precisa”. Este enfoque, permitir que la narrativa dicte sus propias reglas, ejemplifica cómo la película altera géneros y abre sus propios caminos cinematográficos. La construcción de esta nueva realidad, central en la premisa, fue orgánica para Garibaldi. Un futuro brillante “se empezó a manifestar sola”, explica.
La génesis del largometraje se inició antes de Los tiburones. Un primer guion, entonces titulado La última reina, sufrió múltiples reescrituras y evolucionó orgánicamente con la colaboración de Federico Alvarado como coguionista. La trama, con su absurdo, impuso sus propias lógicas, exigiendo la construcción de un nuevo mundo a partir de fragmentos del actual en las diferentes versiones del libreto. El nuevo título adquirió un sentido profundo con esta evolución.
La pandemia del Covid-19 y el embarazo de Garibaldi retrasaron el rodaje, que al final se concretó en 2023 e incluyó visitas de la pequeña a su madre. Sobre el ambiente durante el rodaje, Garibaldi lo describió así: “Estábamos todos metidos en este mundo. Si nos veían de afuera, nos escuchaban hablar y seguro pensaban: ‘Están relocos’”. Su objetivo creativo fue claro: “Lograr un efecto de realidad torcida donde todo parece familiar pero está levemente desplazado”. El proceso, según describió, fue “delicado como equilibrar una balanza de lógica propia que solo entendimos filmando”. Bajo esta dinámica, el equipo operó como soldados al servicio del guion, respondiendo a las exigencias internas de la historia.
Para materializar el universo distópico —que incluye fumigaciones masivas y sonidos artificiales de mascotas extintas— trabajaron Pancho Magnou Arnábal e Isabel García en producción, Arauco Hernández en fotografía, Cecilia Guerriero en diseño de producción, Mercedes Tennina en sonido, Sebastián Schjaer en montaje y Fabrizio Rossi en música, entre otros.
Martina Passeggi asume el rol de Elisa, seleccionada tras un casting abierto y la recomendación de una colega por su calidad de no actriz, un rasgo que Garibaldi ya había explorado con Romina Bentancur, protagonista de Los tiburones. La directora encontró en la formación en danza de Passeggi una ventaja clave: “Tener una bailarina tiene mucho sentido. Te repite la toma exactamente igual. Son como robots perfectos, y yo quería mover mucho la cámara”.
Para Garibaldi, el cine es una sinfonía de movimientos coordinados, donde cada elemento funciona como una coreografía constante. Junto con el cineasta Matías Ganz (encargado del casting y coach actoral), Passeggi realizó ensayos exhaustivos que, al llegar al rodaje, generaron plena confianza en su protagonista. “Es muy emocional, responsable y trabajadora”, destaca la directora.
El elenco principal de este universo distópico lo completan Sofía Gala Castiglione, Soledad Pelayo y Alfonso Tort, quienes trabajaron en la construcción de un mundo donde cada gesto obedece a reglas narrativas meticulosas.
Las proyecciones de Un futuro brillante serán tres. La primera será hoy en el cine Village East by Angelika, coincidiendo con la apertura del festival. Le seguirán proyecciones el viernes 6 en AMC 19th St. East 6 y el sábado también en ese cine. Está pautado que Garibaldi, junto con los productores Pancho Magnou e Isabel García y la actriz Martina Passeggi, participen en sesiones de preguntas y respuestas después de las funciones.
A días del estreno, la directora confiesa su conexión con la obra, que llegará a Uruguay recién en 2026: “Esta película me encanta, estoy enamorada”. Es un contraste con Los tiburones, con la que reconoce era más crítica: “Ahora estoy cautivadísima. La veo como algo único, sin comparación”.
Su propósito al crear Un futuro brillante fue simple: divertirse y “ser auténtica”. Y redobla la apuesta: “Milito por la autenticidad. Hoy vemos películas globalizadas, idénticas. Hay que escuchar la voz de uno, tratar de conectarse con el corazón con lo que quiere contar y, si conectas, la película es auténtica. Y si es auténtica, va a haber diversidad y el mundo la va a necesitar. El mundo va a necesitar esa película diferente”.