El cine uruguayo, marcado a menudo por la dificultad para exhibirse fuera de Montevideo y competir con una cartelera dominada por los costosos caprichos de Hollywood, sumó un nuevo espacio de proyección en la ciudad de Dolores, Soriano. Allí funciona, desde mayo, el Programa de Cine Uruguayo, un ciclo propuesto como una ventana semanal a la producción nacional. La iniciativa surge de la convicción de un realizador que volvió a sus raíces para aportar al ecosistema cultural del interior del país.
El cineasta Pablo Martínez Pessi decidió regresar a Dolores, su ciudad natal, después de 24 años de vivir en Montevideo, donde desarrolló su carrera profesional en el sector audiovisual. Dirigió, entre otros, los documentales Tus padres volverán, El viento nos dejará y La nieve entre los dos. En 2024, el director y su esposa decidieron cambiar su estilo y calidad de vida para que, entre otros motivos, sus hijos pudieran disfrutar de la libertad que él tuvo de niño en Dolores.
La decisión fue acompañada por el deseo de no solo “pedir” algo a la comunidad de la ciudad, sino también de “proponer y dar algo”, explicó Martínez Pessi en conversación con Búsqueda desde Bogotá, Colombia, donde se encontraba como participante del Bogotá Audiovisual Market. La reinauguración del Cine Paz y Unión de Dolores, en marzo de 2025, le brindó al director la oportunidad de concretar ese deseo.
Tras años de trabajo, y con el apoyo de ayudas públicas y privadas gestionadas por la comisión del Club Paz y Unión, propietaria del espacio, el cine logró reconstruirse y reinaugurarse con un diseño renovado.
Antes de la tragedia, la sala del Cine Paz y Unión ya había pasado por un proceso de recuperación y modernización. La parte elevada del lugar, antes conocida como “paraíso”, había sido cerrada con yeso y se había montado una pantalla para las proyecciones cinematográficas. Se instaló un proyector DCP con sonido 5.1, un equipo que representaba una rareza y un salto técnico significativo para la ciudad.
Sin embargo, a pesar de la renovación tecnológica, la cartelera se mantuvo hasta hoy dominada por producciones de Hollywood y cine infantil, bajo una lógica de programación centrada en la rentabilidad del negocio. Frente a esa realidad, Martínez Pessi se propuso crear un espacio dedicado al cine nacional, especialmente en el interior del país, donde las salas de exhibición son escasas. “Siempre pensé en mostrar películas uruguayas porque entiendo que lo que el cine nacional necesita son espacios para exhibirse. Aparte de entregarle algo a Dolores, era también ayudar y aportar a que mis colegas tuvieran la posibilidad de tener una sala más donde sus películas se van a ver y oír bien”.
Con un acuerdo de alquiler del espacio y el apoyo de la Intendencia de Soriano y la Agencia del Cine y el Audiovisual del Uruguay (ACAU), pudo asegurar el Cine Paz y Unión todos los jueves a las 20 horas para proyectar películas uruguayas, ya sea estrenos del año o filmes que nunca antes se exhibieron en Dolores. La elección de una frecuencia semanal, explica el realizador devenido en programador, busca “convocar a la gente, y que la gente sepa que existe algo, en un horario, un día a la semana y hasta fin de año”.
Entre los estrenos recientes se han exhibido títulos como Agarrame fuerte, El niño que sueña, El tema del verano, La fábula de la tortuga y la flor, La otra pelota, Ni siquiera las flores, Pax in lucem, Siempre vuelven, Un mundo recobrado, Un sueño errante y Volver a la luz.
Ahora, el Programa de Cine Uruguayo ya muestra frutos visibles. En el hall del cine, antes de las funciones, la gente se reúne y conversa. Martínez Pessi observa que el público “se viene renovando” con “caras nuevas que vienen apareciendo”, junto con los asistentes fieles de siempre. Aunque las reacciones son diversas, hay algo que se repite. Quienes no conectaron plenamente con la película suelen reconocer, a menudo con sorpresa, que la obra los dejó reflexionando.
Experiencia colectiva
Más allá de la exhibición, el Programa de Cine Uruguayo también se apoya en otros componentes que buscan enriquecer la experiencia y formar audiencias. Una segunda parte del proyecto son los cineforos, espacios de intercambio tras cada función, en los que el público dialoga con realizadores, actores o productores de las obras, invitados a presentarlas.
Sorprendidos por la calidad de la sala y la posibilidad de proyectar en DCP, los realizadores que han visitado Dolores destacan la experiencia de encontrarse con un público que, con un promedio de 20 a 30 personas por función, se renueva y valora la diversidad de propuestas.
“Esos encuentros tienen un valor enorme porque, cuando un director hace una película que soñó por tanto tiempo, es una instancia sumamente enriquecedora. Recibe feedbacks de todo tipo y siente que realmente está compartiendo su obra, que está llegando. Uno percibe cómo afecta y toca a cada persona”, sostuvo Martínez Pessi.
Pablo Martínez Pessi durante un intercambio con el público en el Cine Paz y Unión
Pablo Martínez Pessi durante un intercambio con el público
Programa de cine uruguayo
La tercera pata del proyecto involucra las masterclasses que se llevan a cabo los viernes por la mañana en el Centro Cultural de Dolores. Se trata de “charlas muy libres” en las que se abordan no solo aspectos cinematográficos, sino también temas de cultura, las historias personales de los invitados y el proceso de hacer cine en Uruguay. Para Martínez Pessi, esta iniciativa es un complemento vital para la exhibición, permite una conexión más profunda con la audiencia y un registro de la cultura cinematográfica uruguaya.
Por último, el proyecto se ha expandido con el podcast homónimo Programa de cine uruguayo, una iniciativa que Martínez Pessi venía gestando desde hace dos años. El podcast propone encuentros semanales con realizadores uruguayos, dedicando una hora a conversar en profundidad sobre sus trayectorias, procesos creativos y visiones del cine nacional. Su objetivo, explica el director, es crear un “archivo de la palabra” que trascienda las entrevistas promocionales breves y permita indagar en por qué se hace cine, de dónde vienen quienes lo crean, cuáles son las dificultades que enfrentan y cómo ha evolucionado el oficio.
Dificultades estructurales
Martínez Pessi advierte que, a pesar de estas iniciativas, el cine uruguayo sigue enfrentando dificultades estructurales para su distribución y exhibición. “Las salas reales de cine no encuentran a nuestros cines. No lo aceptan. Ese es un gran problema, porque los exhibidores quieren otro tipo de películas para sostener su negocio, y está bien, tienen todo su derecho, pero lo cierto es que nuestro cine queda siempre a la sombra, con ventanas de exhibición muy cortas”, señaló.
Esta realidad se refleja en el informe “Exhibición de cine uruguayo 2013-2024”, publicado en febrero por el Observatorio de la Agencia del Cine y el Audiovisual del Uruguay (ACAU). Según el documento, en 2024 la asistencia total a salas cayó un 30% respecto a 2019, con solo 53.302 espectadores para producciones nacionales, que representaron apenas el 2,57% del total de audiencia. En contraste, el 97,5% correspondió a películas extranjeras. Además, las películas uruguayas permanecieron en cartel un promedio de siete días, frente a los 19 días de las internacionales.
El informe también señala que la mayoría de la asistencia al cine nacional se concentra en Montevideo, especialmente en Cinemateca y sala B, del Auditorio Nelly Goitiño. En el interior, la oferta es limitada y la formación de audiencias, un desafío constante. Sin embargo, las políticas públicas que incluyen apoyo a estrenos, distribución a centros culturales, cine itinerante y un catálogo gratuito en el canal de ACAU en YouTube, donde se concentró el 55% de las visualizaciones completas de cine nacional en 2024, ampliaron el acceso y la visibilidad del cine uruguayo.
En ese sentido, iniciativas como el Programa de Cine Uruguayo en Dolores buscan no solo democratizar el acceso al cine, sino también fortalecer la identidad audiovisual local. Más que una excepción, busca marcar un camino posible.
Esa convicción también atraviesa el trabajo diario de Martínez Pessi, quien reconoce que programar y exhibir cine en Dolores es una tarea exigente, que demanda tiempo y esfuerzo constantes. Aun así, la experiencia le ha permitido vincularse con el cine nacional desde otro lugar, ya no solo como creador, sino también como espectador, curador, exhibidor y facilitador.