Son dos nombres que forman parte de cualquier antología de la canción uruguaya. Dos agrupaciones de vanguardia dentro del movimiento del Canto Popular que tuvo lugar durante la dictadura. Dos grupos de culto, dos historias tan efímeras en su duración como perdurables en su proyección hacia el futuro. Y son, además, los dos primeros discos en la proverbial obra fonográfica de Fernando Cabrera. Más de 40 años después, las canciones de Montresvideo y Baldío siguen sonando, tanto en vivo, en los conciertos de Cabrera, como en su estado original, en los discos, ahora ambos disponibles en plataformas. Casi en simultáneo se produjeron dos acontecimientos: la primera edición en plataformas de MonTRESvideo, el único disco de Montevideo, publicado en 1981 y acuñado con esas mayúsculas que enfatizan su carácter de trío; y la publicación del libro Baldío, de Luis Fernando Iglesias, enmarcado en la colección Discos de Estuario Editora. Ambas obras tienen en común ser un cúmulo excepcional de buenas canciones y contener los cimientos del repertorio de Cabrera: canciones como Agua, El loco, Méritos & merecimientos y Llanto de mujer, cuatro décadas después, siguen sosteniendo el edificio.
Pacho, Fernando y Daniel
Montresvideo inició su camino en 1977 con un formato novedoso para la época: un trío de cantantes y guitarristas. Cabrera, con apenas 20 años, y Gustavo Pacho Martínez y Roberto Lieschke, en el entorno de los 25. Comenzaron tocando en un encuentro organizado por el artista plástico Ruben Zina Fernández. Poco después Daniel Magnone, ya cercano a los 30, sustituyó a Lieschke y se consolidó la formación definitiva del trío.
Los tres tenían una interesante experiencia coral, lo cual contribuyó decisivamente en la identidad sonora del grupo: a los arreglos de guitarra, habituales en la música popular, se sumó un fuerte protagonismo de los arreglos vocales, algo muy frecuente en esa época. Cabrera y Magnone eran los compositores. Los tres tocaban y los tres cantaban, casi todo el tiempo ensamblados.
Fernando Cabrera, Daniel Magnone y Gustavo Pacho Martínez en la contraportada de MonTRESvideo.
Carlos Da Silveira
En 1978 Montresvideo formó parte de conciertos colectivos en La Candela, la ACJ y la Alianza Francesa, muy habituales en ese entonces. Actuaron en Ciertas canciones, con Jorge Bonaldi, Jorge Lazaroff y Carlos da Silveira, (Los que Iban Cantando), Canto para que estés, en el ciclo de Juventudes Musicales y en 5 del 78, un recital que reunió a los también debutantes Leo Maslíah, Estela Magnone, Rubén Olivera y Cecilia Prato.
El disco 5 del 78, publicado en 1979 y disponible solo en YouTube, constituye la primera grabación de estos artistas.
Luego de estrenar el concierto Montresvi-Leo, junto con Leo Maslíah en el Circular, en agosto de 1980, con tres años de recorrido, Cabrera, Magnone y Martínez ingresaron al estudio La Batuta para grabar su primer —y único— LP. El sello Ayuí-Tacuabé lo publicó en vinilo y en casete en mayo de 1981, con una portada de inspiración torresgarciana, diseñada por el artista plástico Enrique Badaró.
MonTRESvideo tiene grandes canciones de Cabrera, como Agua y El loco. La de Agua es la segunda versión que se conoce, después de la que había sido grabada por Estela Magnone en el disco colectivo Tiempo de cantar 2 (con Cabrera en guitarra), también audible en YouTube. Es una canción que define a Cabrera y que lo ha acompañado, en múltiples versiones, a lo largo de toda su carrera.
La de MonTRESvideo tiene una llevada más folclórica y la percusión se concentra en un bombo tocado por Magnone. Años más tarde, en 1986, su autor la volvió a grabar en Buzos azules (otro disco que pide a gritos llegar a plataformas, que por ahora solo se puede escuchar en una mala copia subida a YouTube), en un plan pop-rock muy influido por The Police.
Lo mismo sucede con El loco, esa tremenda crónica en primera persona de un paciente psiquiátrico internado en una clínica al cuidado de una enfermera a la que presenta como “esta ave negra vestida de blanco que me tiene acá”. Comparar las versiones de MonTRESvideo y la más popera y bailable de Buzos azules es muy útil para apreciar la evolución estética de una gran canción que, más despojada, y solo a guitarra y voz, sigue sonando en los conciertos de Cabrera.
María Elena y Tablado del Colombes son otras dos canciones clásicas de Cabrera incluidas en este disco. De Magnone son Bar del Brecha, Negrazo y Diariamente, coautoría con Cabrera. Junto con sus 11 piezas originales, el disco contiene una versión de Dedos, el clásico de Totem cantado en una exquisita versión a tres voces.
Esta nueva versión, producida y publicada por Ayuí en Spotify, Apple Music, YouTube Music y otras plataformas, cuenta con un sonido renovado, pues fue digitalizada desde las cintas originales y remasterizada por Diego Azar, músico e ingeniero de sonido especializado en estas restauraciones patrimoniales, responsable, por ejemplo, de la recuperación de la obra completa de Jaime Roos. Las diferencias sonoras con el registro disponible en YouTube son notorias. La fidelidad de los arreglos, la luminosidad de las voces, el resonar de los bajos, el brillo de los agudos son muy superiores. Basta hacer la prueba con buenos parlantes o con auriculares.
Azar es guitarrista y compositor, cuenta con dos discos como solista (Almohadones y No / Santo Azar), otro con el proyecto Sombras Picantes y desde hace varios años lidera la Orquesta Subtropical, que se apresta a publicar un nuevo trabajo. Así define Cabrera en el texto promocional la labor de Azar en la consola: “Es un trabajo concienzudo y brillante de este técnico-músico. La ya de por sí excelente grabación de 1981 (…) se escucha más resaltada aún”.
La edición en plataformas incluye además seis temas grabados por el trío en varios discos colectivos editados previamente: Muelle, Me estoy cansando, Sonrise (de Cabrera) y Suicidio (de Magnone) provienen de 5 del 78. Se suman una versión de El instrumento, del Darno, incluida en Tiempo de cantar 2, y un registro en vivo de Cuando toque tu espalda, coautoría de Cabrera y Magnone, grabado en el Palacio Peñarol en 1982 y publicado en un compilado llamado A redoblar, poco antes de la separación definitiva del trío.
Daniel Magnone falleció en 2022 y Pacho Martínez en 2025. En la presentación de esta reedición, realizada en agosto, sus hijos, Mateo Magnone y Sebastián Martínez, interpretaron Tablado del Colombes, El loco y Canción de casi amor, con la guitarra del segundo. Fueron tres preciosas interpretaciones en las que sus voces guardan un gran parecido con las originales. A un costado, Cabrera cantó pero en un segundo plano. Sería muy bueno ver en vivo una reedición del trío con esta formación.
Cabrera, Aguerre, Recagno y Etchenique
La disolución de Montresvideo ocurrió el mismo año que la aparición de Baldío, la banda que Cabrera formó en 1982 junto con el guitarrista Bernardo Aguerre (fallecido en 2022), Andrés Bedó (piano), Andrés Recagno (bajo) y Gustavo Etchenique (batería). Una selección de referentes que tuvieron una larga y destacada carrera. Baldío, el único disco de este notable quinteto, fue publicado en 1983 por el sello Sondor (en vinilo y casete) y llegó al CD en la mencionada colección de 1999 de Posdata; desde hace años está disponible oficialmente en plataformas en buenas condiciones sonoras.
La historia del grupo y de su único álbum es contada por el periodista cultural, abogado y docente Luis Fernando Iglesias —conductor del programa radial Historias de música, en Radio Cultura— en el libro Baldío, el volumen número 30 de la colección Discos, y el segundo de su autoría en esta serie (el primero fue Ideación, de Psiglo).
Iglesias hace una buena demostración de rigor periodístico y documental. Su relato, escrito a modo de crónica periodística tradicional, se nutre de un minucioso análisis de los materiales disponibles sobre la banda, especialmente de artículos de prensa, registros audiovisuales y de entrevistas propias a todos los miembros del grupo, incluido Aguerre, con quien mantuvo un intercambio epistolar. Pero también está construido con base en su propio recuerdo (era un veinteañero cuando salió el disco), que justifica sobradamente la primera persona. Por eso, su mirada sobre este fonograma es tan abarcativa como personal, imbuida de la subjetividad necesaria para vibrar con las canciones y compartir esas emociones.
El libro explica el contexto social y estético del disco, analiza la impronta roquera del álbum y cómo ofició de punta de lanza para la oleada roquera de posdictadura que se venía. Iglesias disecciona también la veta roquera que con este trabajo se manifestó en la música de Cabrera y que se desarrollaría ampliamente en el inicio de su obra solista, a partir de 1984. Y se adentra, contrastando diversos puntos de vista, en asuntos controversiales, como si Baldío fue una banda genuina o algo así como un proyecto solista de Cabrera. La otra polémica presente como telón de fondo es el choque estético y dialéctico entre el rock y el canto popular en aquellos años. No hay conclusiones lapidarias, pero sí hay 260 nuevas páginas que ponen en valor una de las tantas historias extraordinarias de la música uruguaya.