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    Habitantes de la planicie mental: con 'timing' perfecto llegó ‘Terraplanistas’, de Santiago Sanguinetti

    La comedia musical, en tono de sátira grotesca y absurda, expone el choque entre un grupo de seres que creen que la tierra es plana y un equipo de científicos con problemas de convivencia no menos importantes

    Cuando Santiago Sanguinetti comenzó a escribir Terraplanistas no tenía idea de que la obra se estrenaría justo en medio del regreso de la humanidad a la Luna (bueno, a sus inmediaciones), con nuestra atención acaparada por el programa Artemis, la nave Orión, la cápsula Integrity y las mil y una imágenes que vimos por día con la curvatura de la Tierra recortada contra el fondo oscuro del espacio. Es un momento inmejorable para estrenar una obra en la que tres terraplanistas —acompañados por un periodista— emprenden un temerario viaje en barco hacia la Antártida para comprobar la existencia del “muro de hielo que rodea toda esta gran tierra plana en la que vivimos”. En estos últimos días se ha hablado mucho sobre si Armstrong y Aldrin pisaron o no la Luna en 1969, se ha hablado mucho sobre terraplanismo y hasta un diputado se indignó con una campaña publicitaria que trató de salames a los adeptos a teorías conspirativas. Dijo el doctor Salle: “No soy terraplanista pero soy dudacionista”. Timing ideal el de Sanguinetti.

    En Terraplanistas, un grupo, bueno, precisamente, de terraplanistas, zarpa desde Ciudad del Cabo con destino a la Antártida para demostrar que la Tierra “tiene forma de tortita”, como dice uno de los personajes, y que el continente blanco es en realidad un gigantesco muro de hielo que lo circunda todo. La misión no es sencilla: la travesía por el Atlántico austral implica navegar por las aguas más bravías del planeta (a los efectos de esta obra, del globo); luego deben llegar a las islas Shetland del Sur, donde planean tomar como rehenes a los investigadores de la base científica española Juan Carlos I, con el objetivo de obtener las pruebas definitivas de su delirante pero —penosamente— muy extendida teoría.

    Terraplanistas_PER6387 (c)A_Persichetti 2026
    Rodrigo Tomé, Soledad Lacassy, Pierino Zorzini, Claudio Lachowicz y Camila Cayota

    Rodrigo Tomé, Soledad Lacassy, Pierino Zorzini, Claudio Lachowicz y Camila Cayota

    Terraplanistas —sábados a las 21 y domingos a las 19.30 en la sala Campodónico— es una producción de El Galpón, escrita y dirigida por Santiago Sanguinetti, quien ya montó con la compañía una obra propia, Bakunin sauna (2019) y una ajena, La reina de la belleza de Leelane, en 2025. Los cinco intérpretes forman parte del extenso elenco estable galponero: Pierino Zorzini y Camila Cayota tienen un doble papel: terraplanistas y científicos. Claudio Lachowicz es el periodista, y Soledad Lacassy y Rodrigo Tomé son los otros dos conspiranoicos.

    Una comedia hecha y derecha, con abundantes dosis de grotesco y de absurdo entre sus ingredientes. Eso es Terraplanistas. No es una comedia dramática. En un perfecto alarde de coherencia conceptual, es un delirio de principio a fin. No hay intención más seria que hacer reír, y esta obra cumple con ese noble y complejo propósito. Mucha gente hace comedia pero pocos hacen buena comedia. Y Sanguinetti sabe hacerlo. Aunque, atención: podría tratarse de una comedia hablada, pero el autor redobló la apuesta y se despachó con un musical. Una —literal—comedia musical. Y, otra vez hay que decirlo, le salió muy bien: por virtudes propias y ajenas, pues cuenta con un elenco muy bien preparado para cantar y bailar. Y especialmente —de pie, señoras y señores— por el despliegue vocal de Camila Cayota, una tremenda cantante. Hay que verla… y oírla.

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    Pierino Zorzini.

    Pierino Zorzini.

    La verborragia, la hiperactividad y la intensidad enérgica del teatro de Sanguinetti encuentran en este formato que alterna parlamentos y canciones una óptima cadencia narrativa. La música funciona como una necesaria desaceleración que permite procesar lo que va sucediendo y redondear las ideas. Sebastián Codoni, un talentoso cantautor local con dos discos publicados, está a cargo de las guitarras, la composición y la dirección musical de un power trío que completan Virginia Álvarez en bajo y Pablo Schol en batería, y que desgrana una banda sonora en clave de rock, blues, pop y hasta punk-rock.

    La escena se encuentra dividida en dos. La escenografía (de Laura Leifert) y las luces (de Claudia Sánchez) están diseñadas en total coherencia con la dramaturgia: la planta inferior del decorado es la base científica y la superior, el barco terraplanista. Y la trama nos va presentando en forma por demás exhaustiva a los personajes, en escenas separadas. Se podría decir que los llegamos a conocer a fondo. Y aquí está el tour de force de Sanguinetti.

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    La banda sonora es interpretada en vivo por Sebastián Codoni, Virginia Álvarez y Pablo Schol.

    La banda sonora es interpretada en vivo por Sebastián Codoni, Virginia Álvarez y Pablo Schol.

    Los delirantes que descreen de la ciencia están chalados, sí, son unas bestias peludas que creen que el planeta es un plato gigante, sí, pero en el fondo llegan a ser unos pobres muchachos que al final resultan enternecedores. Sanguinetti no los romantiza ni propone empatizar con ellos, en lo más mínimo. No son creíbles, son peligrosos para la evolución humana, sí. Son unos dementes, sí. Pero exponen sus vulnerabilidades, su necesidad de atención, de cariño, de amor… y en el fondo resultan queribles.

    La gran virtud de Terraplanistas es que también expone las debilidades no de la ciencia, sino de los científicos, que también son expuestos como seres humanos limitados, imperfectos y llenos de defectos. En tono rotundo de comedia, la obra evidencia cuestiones como la soberbia de quienes ejercen el poder en ámbitos científicos, en la comunidad académica, en el sistema jerárquico que ordena a catedráticos, investigadores, estudiantes y becarios, en el poder representado en metas como maestrías, doctorados y posdoctorados, en el sistema de publicaciones académicas y en el omnipresente maltrato entre colegas.

    Embed - TERRAPLANISTAS

    Entonces, la obra expone la idea de que la polarización, el extremismo, la ignorancia, la radicalización y el sometimiento a fenómenos como la posverdad no son patrimonio exclusivo de quienes pretenden barrer con siglos de saber acumulado, sino que también pueden ser conductas achacables a las eminencias que supuestamente defienden “la trinchera del conocimiento” frente al retorno de la barbarie.

    Con su humor radical y excesivo —que puede saturar a quienes hayan tenido un mal día, hay que advertirlo—, esta sátira contemporánea llega para dejar en ridículo a los habitantes de la planicie mental y también a los sabelotodo iluminados de la esfera que aún no aprendieron a decir por favor, perdón y gracias.