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    Humor de especialidad: ‘División Palermo’ regresó más graciosa y explosiva

    Se estrenó en Netflix una nueva entrega de la serie creada por Santiago Korovsky

    División Palermo partió de una idea absurda y audaz. Su creador —el director, guionista y actor argentino Santiago Korovsky— se imaginó a sí mismo y a sus amigos como una fuerza de seguridad formada por agentes cobardes, torpes y bastante tontos.

    Pero Korovsky dio un paso más allá en su imaginación. A esta guardia urbana ficticia de la Policía Bonaerense la concibió compuesta enteramente por minorías, en un planteo que satiriza la corrección política superficial y la hipocresía del llamado “márquetin inclusivo” que busca mejorar la imagen de una institución.

    El éxito de la primera temporada, estrenada en 2023, fue rotundo. División Palermo estuvo entre las 10 series más vistas en Argentina durante cinco semanas y fue premiada con el Emmy internacional a la Mejor comedia, un hito significativo para la ficción vecina. Para Korovsky, fue la confirmación de que su humor podía viajar. La serie también cosechó siete galardones en los Premios Cóndor de Plata, incluidos Mejor serie de comedia, Dirección y Guion original, además de un Premio Sur y un Platino a Mejor actor de serie.

    Con puntos en común con The Office y Brooklyn 99, aunque sin imitar sus formas, la comedia apeló a la incomodidad y el absurdo para exponer las tensiones detrás de la inclusión forzada. Con una estructura coral en la que cada personaje sumaba matices, capas y conflictos, el resultado fue una ficción original que logró provocar risas (y muchas) sin recurrir a la condescendencia.

    Entre el sarcasmo y la ternura, División Palermo desarmó los discursos de corrección política sin ridiculizar a quienes los sostienen, proponiendo reírse de lo incorrecto sin perder la humanidad. La serie se presentó como una comedia de oficina ambientada en los márgenes, con un grupo disfuncional que, a lo largo de los episodios, evoluciona hasta convertirse en un equipo.

    La propuesta construyó situaciones cómicas con sus protagonistas, en su mayoría interpretados por actores pertenecientes a minorías, desde un enfoque que evitó el trazo grueso. El humor, empático, no idealizó a sus personajes, sino que los mostró frágiles, contradictorios y falibles. Uno de sus logros fue representar la discapacidad y la diversidad con bromas inteligentes, así como cuestionar las miradas estereotipadas y mostrar a esos personajes como individuos lejos de cualquier idealización.

    Embed - División Palermo: Temporada 2 | Tráiler oficial | Netflix

    De vuelta a la acción

    La segunda temporada de División Palermo muestra una confianza palpable. Con seis episodios, dos menos que la primera entrega, la serie apuesta por más acción, mayor oscuridad y una sátira aún más punzante. Korovsky y su equipo amplían el universo narrativo sin perder el enfoque, y eligen un tono que refleja el presente.

    En una Buenos Aires marcada por un clima social hostil bajo la gestión de Javier Milei, el caos, la violencia y la paranoia se infiltran en la trama con naturalidad. Así, la serie reafirma su singularidad como una comedia incómoda que no rehúye el riesgo ni el desborde y redobla su apuesta por la sátira política. Ahora la guardia urbana, en plena campaña electoral, se enfrenta con la amenaza de cierre impulsada por la ministra de Seguridad (Valeria Lois).

    Felipe Rozenfeld (Korovsky) es reclutado por un servicio de inteligencia por su cara olvidable para infiltrarse en una organización criminal que opera desde Cuero Café, un local de especialidad administrado por Milton (Juan Minujín, una nueva adquisición), sospechado de liderar una red de narcotráfico. La subtrama, que aborda de forma crítica la gentrificación y la crisis habitacional, genera fricciones laborales y personales, sobre todo con Sofía (Pilar Gamboa), la novia del protagonista, que desconoce su doble rol.

    Durante la promoción, Korovsky y el actor y guionista Martín Garabal reconocieron que la creación de esta segunda temporada implicó una presión considerable tras el éxito inesperado de la anterior. El objetivo, señalaron, no era repetir una fórmula que ya había funcionado, sino volver a sorprender y recuperar esa sensación de descubrimiento que marcó el impacto inicial. Y si bien los creadores admitieron cierto grado de autocensura, también señalaron que fueron los propios actores pertenecientes a minorías quienes los animaron a ir más lejos.

    Santiago-Korovsky

    Con menos metraje, la serie pisa el acelerador con una segunda temporada más directa, en la que aumentan la acción, la violencia y las muertes, y se impone un tono más salvaje. Este giro no solo intensifica la narrativa, sino que amplía el universo. Al elenco que tiene de regreso a Daniel Hendler, Garabal, Charo López, Hernán Cuevas y Facundo Bogarín, se incorporan Minujín, Martín Piroyansky (en un cameo impecable), Alejandra Flechner, Inés Efron y Guillermo Arengo. También introduce nuevas líneas argumentales centradas en el espionaje y la política, con una sátira más directa que retrata una Buenos Aires al borde del colapso, marcada por mafias en reorganización y una violencia en expansión. La velocidad con la que llegan los chistes recuerda por momentos a las mejores temporadas de Los Simpson.

    El humor, aunque más incorrecto y frontal, conserva una lucidez crítica. La serie sigue encontrando un equilibrio entre la burla a la hipercorrección y la exposición de la crueldad, proponiendo la risa como forma de resistencia. La capacidad de incorporar nuevos géneros, crecer en ambición y complejizar a sus personajes es evidente. Korovsky, además, parece haber ganado confianza como autor y como intérprete, lo que permite que Felipe, su personaje, evolucione sin perder del todo su neurosis característica.

    División Palermo confirma en su segunda temporada que lo suyo no fue una ocurrencia pasajera ni una anomalía, sino una apuesta estética y política con una identidad propia, aguda y necesaria. Korovsky y su equipo logran sostener el equilibrio entre la desfachatez y la inteligencia, la sátira y el afecto, en una Buenos Aires exagerada y no tan imposible de imaginar.

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