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La maldición argentina: ‘El contrabando ejemplar’, de Pablo Maurette, Premio Herralde de Novela 2025
Todo en esta novela nace de procedimientos turbios: el engaño, la mentira, el ocultamiento, la violencia, el plagio, el robo, la rapiña y, por supuesto, el contrabando
Nada se crea de manera limpia en El contrabando ejemplar. Ni una ciudad, ni una nación, ni una economía; tampoco el libro que pretende investigar esos orígenes. Todo en esta novela nace de procedimientos turbios: el engaño, la mentira, el ocultamiento, la violencia, el plagio, el robo, la rapiña y, por supuesto, el contrabando.
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Desde esa materia oscura se edifica una ficción ambiciosa y fascinante, ganadora del Premio Herralde de Novela 2025, obra del argentino Pablo Maurette (Buenos Aires, 1979), que despliega una fuerza narrativa singular al entrelazar historia, mito y ficción. En El contrabando ejemplar (publicada por Anagrama), el pasado no es un archivo cerrado de hechos consumados: es un territorio inestable, abierto, donde todo parece estar siempre a punto de suceder otra vez. Más que reconstruir lo ocurrido, la novela ensaya hipótesis sobre lo que pudo haber sido. Y sobre lo que, tal vez, sigue siendo.
Esta es la historia. Pablo, un escritor sin muchos escrúpulos, recupera el manuscrito de quien fuera su amigo y mentor, Eduardo, un peronista desencantado que pasó sus últimos años en Madrid. Eduardo murió antes de terminar la “gran novela argentina” que tenía como objetivo explicar el “destino infortunado” de su país. Según Eduardo, el origen de este infortunio no es político ni económico reciente, sino más bien una patología moral que se remonta a los cimientos de la nación. De eso iba El contrabando ejemplar, el libro en el que Eduardo trabajó durante distintos momentos de su vida y que no había logrado terminar el día que se acostó a dormir una siesta y no despertó más. “El proyecto de la novela había quedado trunco”, cuenta Pablo. “Y yo me lo robé”.
La novela robada por Pablo se interna en el Buenos Aires del siglo XVII, un período que Maurette define como un auténtico “agujero negro” de la historia. Con el puerto cerrado por orden de la Corona española, la ciudad sobrevivía gracias al comercio clandestino. Las instituciones civiles y religiosas se sostenían “por abajo”, mediante una economía ilegal conocida como “contrabando ejemplar”. Según la lógica del libro y de los apuntes de Eduardo, este nacimiento espurio habría sembrado el germen de lo que llamaba la “esencia tramposa” que atravesaría la identidad argentina desde entonces y hasta el presente.
Y hay más. A esta hipótesis histórica se suma un componente mitológico, la llamada maldición querandí: la leyenda de un nacimiento monstruoso ocurrido a fines del siglo XVII, fruto de la unión entre una mujer querandí y un español. El niño, deforme, de tres cabezas, habría muerto al nacer. Sus restos habrían sido quemados y enterrados bajo la catedral de Buenos Aires como un conjuro destinado a impedir, por los siglos de los siglos, el progreso, la riqueza y el bienestar de la ciudad.
Pablo_Maurette
Maurette sabe lo que hace. Conoce el terreno. En su ensayo Por qué nos creemos los cuentos (Clave Intelectual, 2021), explora la coexistencia entre la realidad y la ficción en la memoria y la percepción humana, no como una jerarquía en la que una imita a la otra, sino como una relación que se despliega en planos de igualdad: ambas son potencialmente reales, solo que de maneras distintas. Lo ilustra, por ejemplo, recurriendo a una de las entrevistas recogidas en Borges, el palabrista, de Esteban Peicovich, en la que el autor de El Aleph sostiene que un personaje de ficción puede ser más “real” que una figura histórica sencillamente porque tanto lo ficticio como lo histórico comparten el mismo destino: convertirse en recuerdo. En esa dimensión, la realidad depende de la vivacidad y fuerza con que una figura perdura en la memoria. Siguiendo la trayectoria de este razonamiento, Macbeth puede resultar más real que Perón si su imagen es más intensa y persistente en la memoria de una persona, como así lo era en el caso de Borges, según lo declaraba él mismo. En este sentido, la realidad es una cuestión de percepción y de persistencia en el tiempo.
Esa concepción se pone en práctica en El contrabando ejemplar. Personajes históricos y ficticios ocupan el mismo plano dentro de una narración que absorbe datos económicos coloniales, maldiciones indígenas, relatos históricos, historias de vidas privadas y reflexiones metaficcionales. A través de Eduardo, el libro formula sin rodeos su tesis más brutal: la Argentina fue un aborto. “El país se murió antes de nacer”. Incestos, traiciones, asesinatos y engaños configuran ese origen fallido.
El relato de Pablo incluye el relato de Eduardo, que se ramifica en múltiples direcciones. Pablo reconstruye su propia infancia, explora su árbol genealógico, revisa vínculos familiares y afectivos, viaja entre siglos, de lo micro a lo macro, se interna en una historia íntima y extraoficial del país. La narración avanza impulsada por una acumulación cuidada, por desvíos, por historias dentro de otras historias, hasta generar un torrente en el que se mezclan ficción, autoficción, metaficción, ensayo, crónica, mito y jerga académica. En ese flujo incesante, Maurette despliega una notable destreza estilística, pasando sin esfuerzo del habla contemporánea a los modismos del siglo XVII en una misma frase.
En medio de todo esto, en más de un momento el narrador toma contacto con la finitud y con el sinsentido de la existencia y define la literatura como un “disparate”: un esfuerzo persuasivo inútil frente a la vida, una competencia que el arte pierde siempre. Y, sin embargo, el lector ya está enganchadísimo, sintiéndose testigo de las vidas de Eduardo, la tía Chiquita, Teruca o Pietro Malaspina. El elemento monstruoso de la historia encuentra incluso un correlato visual en la portada del libro, que reproduce un juego del antiguo parque de diversiones Ital Park, que cerró en 1990 tras un accidente, producto de la negligencia, que provocó la muerte de una adolescente de 15 años, y que aquí se asocia con la antigua maldición.
El contrabando ejemplar es un artefacto narrativo complejo y absorbente: la historia da vueltas, se establecen conexiones y asociaciones entre siglos, entra un personaje que tiene una historia sobre otro personaje que cuenta otra historia en la que se habla de una leyenda increíble, imposible de chequear, o no, pero que tiene, a su manera, todo el sentido del mundo, hasta que se generan momentos en los que el lector ya no sabe quién está hablando y, la verdad, no importa, no importa en lo más mínimo; la fuerza de la narración es tan potente, tan poderosa, que simplemente uno se deja llevar mucho antes de haberse dado cuenta de que ya forma parte del torrente.