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    La Triple Nelson, entre el dolor de la guerra y ocho días en la Disneylandia de los músicos

    El cantante y guitarrista Christian Cary cuenta la historia de la grabación, en Texas, de De amor, de locura y de guerra, el 13er disco de la banda, que será presentado el miércoles 19 en el Auditorio Adela Reta

    La Triple Nelson, el power trío por excelencia del rock uruguayo, publicó un mes atrás De amor, de locura y de guerra, el 13er disco en sus 28 años de historia. El guitarrista y cantante Christian Cary y el bajista Paco Pintos constituyen una de las duplas creativas más duraderas y prolíficas de la música uruguaya. Junto con el baterista Rafael Ugo y Tato Cabrera (invitado estable en teclados), conforman una formación sólida, que se mantiene contra viento y marea cultivando un sonido clásico y esencial, en el rock y en la música en general.

    El miércoles 19 a las 21 La Triple Nelson presentará en el Auditorio Adela Reta este álbum potente y visceral, uno de los trabajos más contundentes en toda su discografía (entradas en Tickantel de $ 800 a $ 2.000). En esta entrevista con Búsqueda, Cary contó la historia de este disco atravesado por la emoción amarga que provoca la guerra, y la increíble historia de esta grabación, en el mítico estudio Sonic Ranch, en Texas, una enorme cabaña con siete salas de grabación y hotel incluido; una “Disneylandia para los músicos”, que pueden grabar en régimen 24/7 y que disponen a piacere de todos los instrumentos y equipos imaginables.

    —El disco tiene un título muy poderoso y es una clara alusión a la obra cumbre de Quiroga. ¿Cómo surgió el nombre?

    —Fue una idea de Paco (Pintos), el señor bajista. Estábamos buscando nombre para el disco y nos estaba costando. No queríamos ponerle el nombre de una de las canciones, como hemos hecho en varios discos, queríamos un nombre diferente. No nos cerraba como título ninguna de las canciones. Y un día estábamos reunidos con Tunda Prada, autor del arte de la portada, nos pusimos a tirar nombres y Paco propuso la idea de parafrasear Cuentos de amor de locura y de muerte y ponerle Cuentos de amor, de locura y de guerra. La guerra y la muerte van de la mano. Si bien es un título largo, nos pareció perfecto para este disco, que es un puñado de cuentos que hablan del amor, de la locura y de la guerra.

    La Triple Nelson
    La Triple Nelson: Tato Cabrera (teclado), Paco Pintos (bajo), Rafael Ugo (batería) y Christian Cary (guitarra y voz).

    La Triple Nelson: Tato Cabrera (teclado), Paco Pintos (bajo), Rafael Ugo (batería) y Christian Cary (guitarra y voz).

    —Compusieron el disco entero desde cero. ¿Cómo se encendió la primera chispa?

    —El disco comenzó a armarse con otra canción que compusimos con Paco, llamada Vagabundo. Gran parte de las canciones las componemos entre los dos en nuestra sala de ensayo, que está en mi casa. Fue Vagabundo la que generó el mood de todo el disco. Yo estaba armando una secuencia de acordes para mis conciertos en solitario, grabo pistas y en vivo toco arriba mis improvisaciones en la guitarra. Justo cuando llegó Paco, escucho lo que había hecho y me dice: “¿Qué es eso? ¿A ver? Tocalo de vuelta”. Y así apareció la canción.

    —Pandemia de guerra es una canción fuerte, que impregna el disco con esa energía machacante del riff de bajo, que nombra muchas guerras y que se resignificó fuertemente este año. ¿Querían que ese tema fuera el espíritu, el emblema del disco?

    —Está hecha con un groove de bajo que hizo Paco, con un piano que hace las mismas notas graves. La canción también surgió de dos acordes que yo estaba tocando en casa, que movilizaron a Paco a hacer el tema. Esa es la dinámica que nos mueve. Fue escrita hace más de dos años, antes de la invasión de Hamás a Israel y lógicamente mucho antes de lo que pasó este año en Gaza. La canción habla de muchas guerras y muchas situaciones trágicas que vive toda la humanidad. Lógicamente se potenció este año, pero es una canción que habla de la enfermedad del ser humano que no para de entrar en guerra en todos lados. La locura de la guerra y de generar la muerte de miles de civiles, como dice Mario Carrero, invitado para recitar el parlamento que tiene la canción en el medio. La hicimos como una manera de sacarnos la angustia que nos genera lo que vemos todos los días. Como dice la letra: Yo acá tan lejos de la acción, con tanta desinformación, no tengo olvido ni perdón.

    Embed - La Triple Nelson Ft. Mario Carrero - Pandemia De Guerra (Video Oficial)

    —Una frase poderosa de la canción es “En este momento”, porque da a la canción una actualidad permanente...

    —Siempre está ocurriendo una guerra, cuando grabé la canción y cuando la esté cantando en vivo. Fue muy difícil cantarla en el estudio. Es tan potente que era muy difícil dejar afuera la emoción. Te diría que fue imposible en todo el disco. En Sueña, en la parte final me partía al medio, no podía grabarla, me salían lágrimas y se me trancaba la garganta. Tenía que parar y hacer otra toma. Soñar que no hay dolor, no habrá dolor, ya no hay dolor. En esta canción la guerra está muy presente también. Lamentablemente, a medida que uno crece el dolor va tomando nuevos significados. Es un final muy potente. Me imagino el final de esa canción como un clímax de interacción con el público, de aquí en más, en los conciertos de La Triple Nelson.

    —Vagabundo es un tema bien blusero, calmo y reflexivo...

    —La Triple Nelson nunca se aleja mucho del blues. A mí me tira mucho ese tipo de música, tanto en la guitarra como en el canto. Toco y canto desde el blues. Tanto sea un rocanrol como una balada, siempre lo siento desde ese lugar. Esa canción fue el puntapié. No teníamos muy claro para dónde iría el disco. Veníamos de grabar dos discos como Mi bien y Después del último día y sentíamos que este era el cierre de una especie de trilogía que quisimos armar allá por 2018, cuando tuvimos la idea de hacer tres discos en un año y publicar los tres al año siguiente, al principio, a mediados y a fin de año. Algo que nunca habíamos hecho, un desafío superdifícil. La idea era grabar uno en Uruguay, otro en Argentina y otro más lejos, no sabíamos bien cuán lejos. Pero apenas pudimos grabar el primero en Uruguay porque vino la pandemia y arrasó con todos los planes. El segundo quedó para 2022 y ahí ya trabajamos con (el argentino) Alejandro Vázquez como productor, a quien volvimos a convocar en este disco.

    La Triple Nelson - Christian Cary2
    Christian Cary.

    Christian Cary.

    —¿Y cómo fue posible la patriada de grabar este disco en Estados Unidos?

    —Con Paco nos mandábamos mensajes con fotos de este estudio situado en Austin, estado de Texas, llamado Sonic Ranch. Muchos mensajes. Nos hacíamos la cabeza con grabar en ese lugar increíble. Es un rancho enorme que tiene como siete estudios diferentes y te alojás en habitaciones ahí mismo, una demencia. Mientras estás grabando vivís ahí y podés grabar a la hora que se te ocurra. Te dan el estudio las 24 horas del día, y además tenés todas las comidas incluidas ahí mismo. Es como el Disneylandia de los músicos.

    —El estudio de tus sueños...

    —Es un lugar legendario en el que grabaron infinidad de artistas de todas las épocas (en los últimos tiempos, han grabado allí varias bandas argentinas, como Él Mató a un Policía Motorizado y Bandalos Chinos). Nos dimos tanta púa con Paco y con Rafa que empezamos a delirar con qué pasaría si La Triple Nelson grabara en ese lugar, donde toda la parte técnica está solucionada y además la acústica de las salas de grabación es inmejorable. Siempre habíamos grabado en lugares donde teníamos que trabajar mucho para tener los equipos, los micrófonos y los instrumentos ideales.

    La Triple Nelson - Paco Pintos
    Paco Pintos.

    Paco Pintos.

    —¿Y por qué se dieron tanta manija con este estudio?

    —En esos estudios grabaron leyendas como ZZ Top, Madonna, Guns N' Roses y muchas bandas emblemáticas del metal. El dueño es un comprador compulsivo de guitarras vintage y el diferencial es que te ponen a disposición todo el backline, es decir, todos los equipos e instrumentos del estudio. A modo de ejemplo, un guitarrista como yo tiene 100 guitarras para elegir (ríe). Una locura. Yo no tengo ni la cuarta parte. De esas 100, la gran mayoría eran violas de los años sesenta y setenta, o sea, guitarras tremendamente hermosas; los bajos, espectaculares, las baterías, todo vintage y todo en perfecto estado. Las consolas de los estudios miden cuatro metros y medio, es algo tremendo. Eso nos hizo a desear con mucha fuerza poder grabar ahí.

    —¿Y cómo lo lograron?

    —Bueno, después de estar dos años probando qué pasaba si éramos independientes, decidimos volver a trabajar con un sello, y volvimos con Montevideo Music Group. No es que nos fue mal como independientes, pero es mucho el trabajo extramusical que tenés que hacer. La gestión es muy demandante. Entonces armamos un acuerdo especial con el sello por el que compartimos los gastos en mitades y somos dueños del disco en mitades. O sea que lo financiamos 50 y 50. Reunimos todos los recursos que pudimos para hacer posible esta locura y logramos financiar ocho días de grabación en el estudio A de Sonic Ranch, una sala espectacular que parece el living de una casa. Estuvo buenísimo, quedamos todos muy contentos.

    Christian Cary 5
    Christian Cary.

    Christian Cary.

    —¿Cuántas guitarras usaste en el disco?

    —Viajamos a Texas sin nada, con el pasaporte y una valija chica. Teníamos la duda sobre si íbamos a extrañar nuestros instrumentos habituales y la verdad que los extrañé unas dos horas (risas). Agarré una Fender hermosa de los sesenta y me olvidé de la mía. Elegí una docena de guitarras y terminé tocando siete en el disco.

    —¿Cuáles elegiste?

    —Una Fender Stratocaster de 1964 muy divina, una Gibson Les Paul de 1984 pero del mismo modelo de la de 1959, que es la más famosa de las Les Paul. Elegí una que es igual a la Number 1 de Stevie Ray Vaughan pero al final no la usé porque me quedaba incómoda, increíblemente. Elegí una Gibson acústica preciosa, una Martin de 12 cuerdas que es una hermosura, muy muy muy bella. ¡Todas! (ríe) En un momento me dijeron que el estudio tenía una Fender Telecaster que había pertenecido a Vaughan. Se la habían comprado al hermano después de la muerte de Stevie (en 1989). A mí Stevie Ray me marcó mucho como guitarrista y les pedí para ver esa guitarra. No era el modelo que más usaba Vaughan, por eso es una rareza. Y no es el modelo que yo toco, no me gusta para tocar, tiene un sonido que me queda incómodo. Entonces Hernán Calvo, el ingeniero de sonido argentino que viajo con nosotros para grabar allá me pidió por favor que la probara. La enchufamos y me di cuenta de que sonaba mejor que todas.

    —Te amigaste con la Telecaster...

    —Tanto me amigué que usé la guitarra de Stevie Ray Vaughan para grabar cinco bases de temas. Increíble. En esta grabación atesoramos muchos de los mejores recuerdos musicales de nuestras vidas.

    —¿Grabaron todos juntos a la vez para aprovechar el tiempo de estudio, por un tema económico, o porque eligieron el sonido en vivo en el estudio?

    —Los 13 discos de La Triple Nelson fueron grabados así, los tres juntos tocando a la vez. Es como nos escuchamos mejor, nos sentimos mejor. De esa manera pasan cosas que solo ocurren si tocamos los tres juntos. Es la verdad musical de tocar en vivo, llevada al estudio.

    Sonic Ranch
    Sala de control del estudio A de Sonic Ranch.

    Sala de control del estudio A de Sonic Ranch.

    —¿Pegaron onda con el dueño del estudio?

    —Mirá. Te voy a contar la historia de la última grabación. Tony, el dueño del estudio y de esa increíble colección de guitarras, nos invitó a cenar con él. Le hicimos escuchar un tema y le mostramos Sos, el que cierra el disco, que tiene un coro góspel al final. Es un tema de siete minutos, muy blusero también. El tipo, que ha escuchado en su estudio grabaciones de todos los que se te ocurran, lo escuchó entero sin decir nada, parado al lado de la consola y se emocionó. Wow, era lo único que decía. Cuando terminó, nos dijo que le había recordado mucho a Vaughan, y que por la emoción que le había generado esa canción nos iba a traer una guitarra única de su colección, una guitarra que no se la mostraba a casi nadie y que rara vez se había usado para grabar. “Casi nadie sabe que tengo esta guitarra”, nos dijo. Y trajo una Gibson Les Paul 1959 auténtica, una de las 70 originales de ese modelo que hay en el mundo. Me dijo: “play it”. La enchufé, empecé a tocarla y me invitó a grabar con ella al día siguiente. Nunca tuve una guitarra así en mis manos y no creo que la vuelva a tener. Imaginate mi emoción. Está todo filmado ese momento. Nos dijo que la tenía valuada entre 450.000 y 600.000 dólares, cosa que chequeé un rato después. Al día siguiente la trajo al estudio a las dos de la tarde y grabamos una sesión improvisada de 45 minutos sin parar, los tres juntos. No planificamos nada, tocamos lo que nos salió. Solo instrumental, no canto nada. Esa grabación, que aún no tiene nombre, la vamos a publicar como un tema solo, una edición especial, el año que viene. Es algo muy especial, único. Aún no volví a escuchar, pero sé que pasaron cosas increíbles. Una experiencia irrepetible. Hemos grabado discos en un cuartito, en casas de balneario, en el histórico estudio ION de Buenos Aires, en los mejores estudios uruguayos, en La Trastienda y en el Solís. Pero esto superó todo lo posible y todo lo imaginado.

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