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    Llega al Teatro Solís un Beckett binacional y bilingüe, con Iván Solarich y tres actores portugueses

    Se estrena en la Zavala Muniz ‘Esperando a Godot’, coproducción del Teatro Experimental de Cascáis, de Portugal, y la compañía Cajamarca de Uruguay, desde hoy jueves hasta el domingo 22

    Con una versión de Esperando a Godot que reúne artistas de Uruguay y Portugal, hoy jueves 22 comenzará el ciclo Verano en la Zavala, que presentará durante la temporada estival seis espectáculos teatrales en dicha sala del Teatro Solís. Además del clásico de Samuel Beckett, se podrán ver cuatro obras uruguayas y una argentina.

    À espera de/Esperando a Godot es el nombre con que a fines de 2024 se estrenó esta obra en Portugal, con la actuación coprotagónica del actor y director uruguayo Iván Solarich (en el rol de Estragón) y dirección de la portuguesa Flávia Gusmão. El otro personaje protagónico, Vladimir, está a cargo del actor portugués Manuel Coelho. Completan el elenco los intérpretes portugueses Tobias Monteiro y Luiz Rizo, y el uruguayo Yamandú Guillén.

    Se trata de un gran acontecimiento porque, aunque parezca extraño, hace unos 30 años que no se hace Esperando a Godot en Uruguay. La última versión de este ícono del teatro del absurdo que se vio en Uruguay fue la del francés Philippe Adrien en el Festival de la Crítica de 1996. La últimas dos versiones uruguayas pertenecen a Nelly Goitiño en El Galpón, a inicios de los 90, y a Teatro Uno en El Tinglado, en los años 70, con Luis Cerminara y Pepe Vázquez como Vladimir y Estragón.

    Embed - Verano en la Zavala: Esperando a Godot

    Se trata de una coproducción entre el Teatro Experimental de Cascáis, una de las compañías teatrales portuguesas más antiguas en actividad, y Cajamarca Producciones, dirigida por Mariano Solarich, el hijo de Iván, que también es actor, director y gestor cultural. El estreno en Uruguay fue el fin de semana pasado, en dos funciones en el Museo de Arte Contemporáneo Atchugarry, en Maldonado; desde hoy jueves tendrá cuatro funciones en Montevideo, hasta el sábado 24 a las 21, y el domingo 25 a las 19.30. Así como en Portugal, la versión que se verá aquí es bilingüe: los actores uruguayos hablan en español y los portugueses en la lengua de José Saramago; la puesta contará con subtítulos en español.

    Los otros cuatro títulos del ciclo son El lugar donde nacen las olas (texto de Federico Puig, dirección de Sebastián Calderón), del jueves 29 al domingo 1; Un hombre torcido, escrita y dirigida por Agösto Latino), del 5 al 8 de febrero; Filtro, coproducción de Uruguay y España escrita y dirigida por la vasca María Goiricelaya e interpretada por un elenco uruguayo, del 12 al 15 de febrero; Viento blanco, unipersonal del argentino Santiago Loza, del 19 al 22 de febrero, y Verano, con texto y dirección de Cecilia Caballero Bianchi, del 26 de febrero al 1 de marzo. Las entradas para Esperando a Godot y para los otros cinco títulos del ciclo se venden en Tickantel a $ 650.

    Bilingüe como la original

    El argumento de esta obra, definida como uno de los pilares del teatro del absurdo, es en apariencia casi inexistente: Vladimir y Estragón hablan de nimiedades aparentemente sin sentido, reiteran sus dichos, se contradicen, se pelean y se vuelven a amigar, mientras esperan la llegada de Godot, una entidad de la que la obra aporta escasa información. Es una figura de contenido líquido, que ha sido objeto de múltiples interpretaciones, y que según dijo Iván Solarich esta semana a Búsqueda, va mutando de significado a lo largo del tiempo: “Estrenamos esta obra hace un año y ahora Godot ya es algo distinto que en diciembre de 2024”.

    El vínculo de Solarich con el teatro portugués se remonta a 2018, cuando trabajó en Portugual con Manuel Coelho, actor de teatro, cine y televisión con 45 años de trayectoria en Portugal. La obra se llamaba Si fuesen turistas llevarían gafas de sol, reunía en su elenco a intérpretes portugueses, españoles, argentinos y uruguayos y giró por varios países. “Manuel convenció al Teatro Experimental de Cascáis, un teatro con más de 60 años de recorrido y con un gran repertorio, de hacer Esperando a Godot con Manuel y conmigo en los roles de Vladimir y Estragón. Ellos tenían un gran director, llamado Carlos Avilés, una gloria del teatro portugués, que había estado a la vanguardia en los años 70, que iba a dirigir la obra. Pero en ese tiempo Carlos, que era un hombre muy joven de espíritu, falleció a los 92 años. El proceso se reordenó y quedó como directora Flávia Gusmão, una gran artista del teatro portugués. Finalmente en 2024 me fui en residencia por tres meses para preparar la obra y la estrenamos en noviembre de ese año, con una temporada de 20 funciones”.

    El carácter bilingüe de la puesta es a todas luces llamativo. Así explica Solarich la dinámica de esta puesta en escena: “Lo de hacer esta obra en dos idiomas en simultáneo era una vieja idea de Avilés. Beckett escribió Godot en francés e inglés, y Carlos quería mantener el carácter bilingüe; lo vinculaba con la sociedad pospandémica, con la internacionalización tecnológica, hablaba de la nueva sociedad planetaria. Entonces con esta obra nos preguntamos qué es el vacío de la espera en el mundo de hoy”.

    La idea de traer la obra a Uruguay estaba planteada desde el inicio del proyecto, pero a lo largo de 2025 se fue postergando hasta que finalmente se programó en la temporada de verano del Solís. En esta versión uruguaya se hizo un casting para completar el elenco con un actor local. El elegido es Yamandú Guillén, actor egresado del Instituto de Actuación de Montevideo.

    Para Solarich, el desafío de actuar en español en Portugal fue “hermoso” pero también “muy duro”. Así lo recuerda: “Fue una gran experiencia y a la vez muy difícil, muy dura. Para cualquier actor, medianamente formado y maduro, hacer Godot, y en particular uno de sus roles principales, es un reto monumental. Es un enorme desafío actoral. Es un ícono de la actuación y la dramaturgia del siglo XX, que yo nunca había hecho. A eso sumale el tema del idioma, que no es el portugués de Brasil sino que es el de Portugal, mucho más cerrado. Y el absurdo te compromete a ciertas velocidades, porque Beckett escribió esta obra con un gran sentido musical. Seguir esa dinámica y decodificar cerebralmente todo eso en la escena fue muy exigente”.

    Palabras más, palabras menos

    Esperando a Godot es para Solarich “una obra que aparentemente no habla de nada, parecen todas cosas banales y mundanas, y sin embargo habla de todo”. La voz del actor se enciende cuando comienza a fundamentar su lectura de la obra: “Todas las palabras te resuenan en la actualidad. Lo que me resonaba hace un año, cuando la estrenamos, ya resuena diferente. En un momento dice Vladimir: ‘Palabras, palabras’. Y eso hoy ya tiene un carácter distinto que en 2024. Ahora las palabras ya no encubren. Ahora cuando tiran unas bombas no dicen que están invadiendo para salvar la democracia. Te dicen que van a pegar tres bombazos y listo. La palabra cada vez tiene menoz validez. Quienes dicen ‘viva la libertad, carajo’, después reprimen a la gente en la calle. Se ha vaciado el sentido incluso en el habla mundana. Decimos ‘te amo’ todo el tiempo, a todo el mundo. No podés amar a todo el mundo. Se ha licuado el valor de la palabra y su representación. Beckett la escribió en el 50, después de dos guerras mundiales en 30 años. ¿Cuál era el sentido de la vida? Había un vacío de la existencia, un sinsentido, y esa espera a ese tal señor Godot uno la puede ubicar en el plano de una persona, o en el plano de la esperanza, del suicidio, o de un nuevo relato histórico”.

    Solarich se pregunta: “¿Cuántas cosas se pueden leer o se han leído y se van a seguir leyendo en esa espera?”. Y se responde citando nuevamente al autor irlandés: “Godot puede ser la democracia, la paz mundial o el fin del mundo. Las palabras de Beckett son las mismas pero siempre las interpreta una persona. Yo hago Vladimir y a mí me resuenan de una manera distinta a la de otro actor. En el segundo acto Vladimir dice: ‘Hay tiempo para volverse viejo; el aire está lleno de nuestros gritos, pero la costumbre ensordece’. ¡Es un tratado de filosofía en tres frases! Es una síntesis de la existencia humana. Y yo la voy a leer desde la singularidad de mi historia, mi ideología, mi sensibilidad. Obviamente también con la dirección colectiva que tiene la obra. La directora ha respetado mucho todas nuestras lecturas beckettianas. Beckett trabajó mucho este texto, lo consideraba su mayor trabajo, pero ya pasaron 70 años”.

    Finalmente, Solarich reflexionó sobre el hecho de ser un actor uruguayo hispanoparlante que es invitado a hacer una obra en la que el resto del elenco habla en otro idioma. “Es una experiencia inédita o bastante inédita. Es un desafío maravilloso que habla de las posibilidades del teatro. Ya con 22 funciones arriba puedo decir que hemos superado los mayores escollos”.

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