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    Miguel Ángel Battegazzore murió a los 93 años y dejó una obra polifacética y simbólica

    El gran mural que el artista pintó a fines de los años 80 en una pared del Cuartel de Bomberos está en vías de ser restaurado por el MEC

    Tal vez estuvo destinado a ser artista por su nombre, aunque en realidad lo heredó de su padre y de su abuelo, ambos llamados Ángel, que no se dedicaron ni a la pintura ni al dibujo. Lo cierto es que Miguel Ángel Battegazzore (Montevideo, 1931-Maldonado, 2024) tuvo una trayectoria amplia y polifacética que mantuvo hasta poco antes de su muerte, ocurrida el domingo 16. Se podría decir que el nombre le sentaba muy bien porque nada del arte le fue ajeno. Incursionó en la pintura, el grabado, la cerámica, la escultura. Diseñó escenografía y vestuario para teatro, ópera y ballet; también diseñó carteles, sellos de correo, programas de espectáculos y hasta monedas. Fue docente en varias instituciones, como la Escuela Nacional de Bellas Artes, el Instituto de Profesores Artigas (IPA), la Facultad de Humanidades, el Círculo de Bellas Artes y Cinemateca Uruguaya. Antes de la pandemia, dio talleres en el Hotel Barradas de Punta del Este, donde vivía con su esposa Anabel, a quien conoció cuando él era profesor en el IPA y ella su alumna.

    “El cincuenta por ciento de mi vida se lo dediqué a la enseñanza, con la misma vocación que al arte, no pude separar una cosa de la otra”, le dijo a Búsqueda en una entrevista de diciembre de 2021 cuando una exposición antológica de su obra se estaba exponiendo en el Museo Nacional de Artes Visuales con la curaduría de Ángel Kalenberg. En ese momento, a punto de cumplir 91 años, trabajaba todos los días en su taller acompañado de música clásica. Y mantenía un humor muy saludable.

    Para el desarrollo de su trayectoria artística fueron fundamentales tres nombres: el de Felipe Seade, el de Miguel Ángel Pareja y el del español Jorge de Oteiza. Pero el artista nunca olvidaba mencionar a alguien imprescindible en sus inicios, la artista y docente Quela Rovira, su profesora en el Liceo 7. Fue ella quien lo impulsó a estudiar en la Escuela de Bellas Artes, donde conoció a Seade, su primer profesor, de origen chileno. “Fue como mi padre artístico, hacía un arte social, un tipo de muralismo mexicano, era fanático del muralismo”, recordó en la entrevista. Su otro maestro fue Pareja, “que estaba en el polo opuesto a Seade” y de quien recibió el principal legado de Joaquín Torres García en su taller. “Llevaba el Universalismo constructivo y nos leía principalmente la parte del color, que Torres tenía muy clara”.

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    Homenaje a Durero

    Homenaje a Durero

    Habría que detenerse entonces en ese legado de Torres García que se proyectó en la obra de Battegazzore como homenaje y como ruptura o más bien como reinterpretación del mundo simbólico torresgarciano. Al maestro constructivista le dedicó el ensayo J. Torres-García. La trama y el signo (1999) y varios audiovisuales, entre ellos, Torres García (1975), Signo y color, (1976).

    Su reinterpretación fue fundamental para su serie Entropías, un concepto que él explicaba de esta forma: “La idea es orden en el desorden. Una profesora de Literatura del Instituto Italiano de Cultura un día me habló de un escritor italiano que muy pocos conocen, llamado (Carlo Emilio) Gadda. Además de escritor era técnico electricista del Vaticano, o algo así. Escribió una novela que era un disparate total, con un título rarísimo (piensa un rato hasta que se acuerda): El zafarrancho aquel de vía Merulana. Era la apología del desorden, todos se reían de él porque la consideraban algo ridículo, pero con el tiempo se empezó a valorar como un libro que planteaba algo del desorden de la Modernidad, y algo de eso está en mis obras”.

    En sus grandes esculturas, a veces con formas de molinetes, a veces con pliegues y franjas, está la influencia de De Oteiza, de quien aprendió a trabajar con el espacio vacío, así como con Eduardo Díaz Yepes aprendió la materialidad escultórica. “Cuando concursé con la beca Carlos María Herrera, para egresado de la Escuela de Bellas Artes, que tenía a Amalia Nieto en el jurado, todos me decían que tenía que ir a París a formarme. Todos iban a París”, recordó en la entrevista. Él, sin embargo, eligió España porque había conocido a De Oteiza en la bienal de San Pablo. “Si no fuera por De Oteiza no hubiera llegado a las esculturas, que tiene que ver con esa obsesión que tengo por la forma única”.

    Su composición Los tres Batlle también estuvo relacionada con De Oteiza, quien había ganado un concurso para hacer el monumento a José Batlle y Ordóñez que después se frustró. “Lo que intenté hacer es mostrar el período clásico de nuestra institucionalidad. La gente lo ve como algo político, pero no lo es. En el fondo íntimo quería representar al país de mis padres, al país que formó a la generación anterior a la mía, en la que había legisladores que eran escritores o creadores”.

    Sus investigaciones sobre el azulejo y la cerámica islámica lo llevaron a Marruecos y al Sahara, y de su viaje a Lisboa surgió su serie Lisboeta, también con azulejos que tienen algo del paisaje portugués.

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    Así era el mural de Battegazzore en una de las paredes del Cuartel de Bomberos, ahora pintado de blanco

    Así era el mural de Battegazzore en una de las paredes del Cuartel de Bomberos, ahora pintado de blanco

    Rescatar un enorme mural. En 1988, la obra Entropía III de Battegazzore recibió el premio Pintura Mural de la Intendencia de Montevideo (IM), de un jurado integrado por Marisa Luisa Torrens, Olga Larnaudie y Jorge Abbondanza. El artista pintó el mural enorme y cargado de símbolos en la pared de 500 metros cuadrados del Cuartel de Bomberos que da sobre Magallanes. Con los años, su pintura se fue degradando y un día de enero de 2020 apareció tapado por pintura blanca y eso disgustó mucho al artista.

    Desde hace un tiempo, la Comisión Nacional de Artes Visuales (CNAV), que integran figuras relacionadas al arte para asesorar al MEC, viene tratando el rescate del mural. María Frick, coordinadora del Instituto de Artes Visuales del MEC, se reunió con la Comisión del Patrimonio para estudiar los pasos a seguir. “La restauración a esta altura parecería inviable porque la pared tenía problemas de humedad, por eso se pintó de blanco. Lo que habría que hacer es un repintado y tenemos los bocetos originales. Se estudió la metodología técnica a seguir y la semana próxima estaremos presentando los presupuestos de cada una de las acciones que son necesarias”, dijo a Búsqueda. También han tenido conversaciones informales con la IM por ser una obra que ganó un premio municipal y porque hay un acuerdo sobre la importancia que tiene este rescate.

    El trabajo será costoso por las dimensiones, pero hay apoyos privados y la voluntad de los públicos para que se realice. Un gran homenaje para Battegazzore.