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    Murió Daniel Melingo, el músico que dejó el rock para convertirse en un cantor del arrabal

    “No especulo. Voy generando el sonido que se me filtra por los oídos”, le dijo a Búsqueda el músico que integró Los Abuelos de la Nada, fue uno de los creadores de Los Twist y, a los 40, cambió el rock por el tango

    El músico argentino Daniel Melingo murió el martes 30 de junio en su casa del barrio Chacarita, a los 68 años y tras padecer una enfermedad pulmonar obstructiva crónica, EPOC. La noticia la confirmaron su representante, Olga Castreno, y el sello Pelo Music, que lo definió en un comunicado como un artista excepcional cuya obra atravesó durante más de cuatro décadas el tango y el rock.

    La prensa internacional lo definió alguna vez como el hombre que había devuelto al tango una elegancia inesperada, y hasta comparó su voz rota con la de Tom Waits. A él le gustaba describirse de otro modo, como un refinado de los márgenes, alguien que no cantaba los tangos, sino que también los actuaba.

    En 2012 filmó, de hecho, Una noche sin luna (2014), ópera prima del cineasta uruguayo Germán Tejeira, en la que encarnó a un cantor de tango que recupera su libertad por unas horas durante un fin de año. Esa experiencia, como otras que vivió entre el teatro y el cine, fue alimentando su gestualidad de intérprete que supo desplegar en el escenario.

    Embed - Encuentro en el estudio VII: Daniel Melingo (capítulo completo) - Canal Encuentro HD

    Nació el 22 de octubre de 1957 y pasó su infancia en el sur de la ciudad, entre Parque Patricios y Balvanera, dos barrios que arrastraban una larga tradición tanguera. La música lo rodeó desde pequeño: su padrastro representaba a Edmundo Rivero y su madre le cantaba tangos antes de que él naciera.

    A los 13 años ingresó al Conservatorio Nacional de Música de Argentina. Allí estudió clarinete y guitarra, y más tarde continuó con composición. En 1978, con la dictadura encima, se fue a Brasil. Pasó tres años viajando por el país y durante uno de ellos integró la banda de Milton Nascimento, una experiencia que recordó como un despliegue artístico fuera de serie.

    De regreso en Buenos Aires se incorporó a Los Abuelos de la Nada, convocado por Cachorro López y Miguel Zavaleta. En la banda tocaba saxofón, clarinete y guitarra, y compuso Chalamán. Al mismo tiempo armó Los Twist junto con Pipo Cipolatti y Fabiana Cantilo, un grupo que definía como costumbrista, de “contenido potente bajo un ropaje divertido”. Pero en 1986 abandonó todo y se marchó a Europa. Más tarde, en una entrevista con la radio argentina Futurock, lo explicó así: “Sentí una pulsión de seguir creciendo. Yo había tocado un techo”.

    Se instaló en Madrid, donde se terminó incorporando al grupo Los Toreros Muertos, que lo vio tocar el saxo. Allí también formó Lions in Love junto con Willy Crook, saxofonista y amigo.

    Su regreso a Buenos Aires fue en 1995, y para entonces ya tenía claro que el tango era el camino a seguir. De ese quiebre nació Tangos bajos (1998), y detrás vinieron los discos donde terminó de dar forma a ese cantor que actuaba las letras. “No especulo. Voy generando el sonido que se me filtra por los oídos”, diría años después a Búsqueda en una entrevista.

    En aquella conversación, publicada en mayo de 2013, también reflexionó sobre su vínculo con Montevideo: “Soy de una ciudad con puerto. El link a ese mundo lo encuentro en los puertos. Ese contrabando cultural que se genera en las ciudades portuarias y sus alrededores genera un clima de intercambio, ya sea en Estambul, Amberes o Montevideo. Justamente el tango lleva esa bandera: el mosaico intercultural e interracial”. También habló entonces de Bichicome, una canción de cuna con lunfardo uruguayo que había escrito para su hijo, y la definió como “el abrazo entre lo que a veces se separa: el rock, el tango y el candombe, Uruguay y Argentina”.

    En sus últimos años puso en escena la Ópera Linyera, un espectáculo que mezclaba teatro y música, y trabajaba en un documental sobre la huella africana en los ritmos populares del país. Al morir preparaba Tangos bajos (Rework), una regrabación de su disco fundacional con casi 40 invitados.