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A lo largo de su trayectoria como cineasta, el italiano Nanni Moretti ha desarrollado un estilo sin miedo a reírse de sí mismo. En su más reciente película, Lo mejor está por venir, el director se mantiene fiel a su marca y combina humor y una astuta crítica social para reflexionar sobre los desafíos que enfrenta un artista de su generación en la era de los contenidos.
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Moretti, con su característico ingenio metaficcional, se pone en la piel de Giovanni, un cineasta italiano de prestigio que lucha por sacar adelante su nueva película. Mientras se sumerge en el arduo proceso de producción, su vida personal se tambalea: su relación amorosa atraviesa una crisis y su hija parece distante. En paralelo, el director explora la relación entre el Partido Comunista Italiano y la Unión Soviética y reescribe, de paso, fragmentos de esa historia.
Desde una mirada llena de perspicacia, el director reflexiona sobre el medio cinematográfico y se cuestiona por el valor del audiovisual, preguntándose si el peso de lo estético ha aplastado a lo ético. Su mirada crítica hacia la industria se mantiene afilada, se carga a Netflix como uno de sus principales enemigos y disecciona, de manera juguetona, los lugares comunes que pueden verse hoy dentro de la producción audiovisual.
Hay un innegable placer en ver a Moretti haciendo de las suyas en cada escena, ya sea jugando con la diégesis de la música, vociferando sus ideas o simplemente aludiendo a sus películas anteriores. Y es que Lo mejor está por venir funciona como un compendio de lo mejor de su cine, con guiños constantes pero no pesados. Se entrega por completo a su regreso al cine y, más que narcisista, este abordaje personal logra ser hasta emocionante.
La nostalgia, entonces, conquista el desinterés que algunos espectadores puedan sentir cuando la película pierde ritmo en escenas triviales. Aun así, esta propuesta juguetona, que se anima a explorar las virtudes y los errores del comunismo, resulta muy disfrutable. Es una regreso exitoso de un director añorado que busca reivindicar, a su manera, el valor de la imagen y la producción cinematográfica, desdibujadas por el predominio de las plataformas.