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John Lennon tocó un re sus 4 en su guitarra. George Harrison un fa 9 en la suya. Paul McCartney un re en su bajo. La combinación sonora cautivó a George Martin, quien en el estudio le agregó un acorde de piano. El resultado final es una llamada misteriosa, hipnótica y fascinante. Un acorde decisivo para el éxito instantáneo que tuvo esa canción hace exactamente 60 años. Y es un acorde decisivo para extasiar a las más de 45.000 personas presentes en el tercer concierto de Paul en el Centenario, en el marco de la gira mundial Got Back, iniciada en 2022. A las 21.20 del martes 1 suena A Hard Day’s Night y la felicidad se instala en el estadio. Es una canción fundamental de este maravilloso repertorio. Junto con Can’t Buy Me Love, I Wanna Hold Your Hand y Love Me Do, entre otras, ese tema compuesto por Lennon es uno de los cimientos de la beatlemanía, el fenómeno que tomó por asalto a medio planeta hace más de 60 años. Y que cambió la historia de la música popular. Y ahí está sonando, interpretada por una de las mejores bandas de la escena musical mundial del último cuarto de siglo.
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Fue la primera de las 37 canciones que la leyenda británica tocó en Montevideo durante dos horas y 35 minutos de concierto. El recital fue, una vez más, un paseo por lo mejor de la historia de la canción pop y rock. Fue el primer concierto del año para McCartney y su banda, cuya última presentación había sido en diciembre en el Maracaná. Fue el primero de una veintena de shows que dará hasta fin de año en Latinoamérica y Europa, que concluirá a fin de año en Londres. Fue un muestrario de emociones que si bien tiene una fuerte base en el pasado, nunca se recuesta en la nostalgia. Gran parte de estas canciones tienen más de 50 años y, sin embargo, siguen sonando frescas, siguen aportando novedades, siguen perteneciendo al presente.
Más allá del nombre de la gira, la estructura del show es la misma desde el año 2002, cuando retomó sus giras mundiales y dio forma a la banda que lo sigue acompañando hasta hoy: una sólida y virtuosa dupla de guitarras conformada por los estadounidenses Rusty Anderson y Brian Ray (al bajo cuando Paul toma la guitarra), el tecladista británico Paul Wix Wickens (director de la banda) y el más carismático de los instrumentistas, el baterista estadounidense Abe Laboriel Jr., que además de tocar como los dioses, ofrece una buena combinación de potencia rockera y sutileza jazzera y además es un gran entertainer, con su amplio repertorio de muecas, gestos y coreografías, que tiene el clímax en Dance Tonight. Los británicos Hot City Horns, trío de vientos invitado para esta gira, dieron cátedra de swing y se gozaron todo, bailando cuando no les tocaba soplar sus caños de bronce.
La voz
Es biológicamente indudable que el desempeño interpretativo de McCartney, en lo vocal, ha mermado respecto a su desempeño en vivo de visitas anteriores, por ejemplo, las de 2012 y 2014. A los 82 años de edad es imposible que un cantante conserve inmaculada su emisión y su ataque vocal. Como es lógico, al hombre le cuesta más esfuerzo sostener las notas largas y llegar al registro más agudo. Y por tratarse del primer concierto del año, podían caber ciertas dudas sobre su desempeño interpretativo.
Ahora bien, una vez transcurridas tres o cuatro canciones, esa garganta fue entrando en calor y fue adquiriendo el temple necesario para demostrar que sigue siendo un extraordinario cantante de rock y de cualquier género. Porque este repertorio va y viene entre los géneros demostrando que la buena música va mucho más allá del estilo. Después de un inicio en el que moderó con prudencia su entrega, con cada canción, Paul fue ganando intensidad y vigor, para entregarse a pleno, como en Maybe I’m Amazed, Birthday y Helter Skelter, canciones de altísima exigencia vocal. Y, siempre hay que recordarlo, siempre cantadas en el tono original de la grabación, una condición que realza el alma de la canción, conserva su vibración emotiva y no devalúa su cotización tonal.
Hay que tener en cuenta, además, que a media tarde Paul y su banda dieron un show previo de 14 temas, a modo de prueba de sonido, al que solo accedieron quienes compraron los paquetes preferenciales. Por lo que en realidad Paul cantó medio centenar de canciones en Montevideo.
Otro rubro en el que se apreció un McCartney más expansivo fue en la interacción con el público. Tenía muchas ganas de hablar, demostró que ha estudiado mucho español. Respondió todo el tiempo los gritos que recibía desde las primeras filas, bromeó en forma fluida, hizo mil caras divertidas, arengó al frío público uruguayo para que se expresara de un modo más efusivo. En fin, demostró una vez más que más allá de la fama y los millones, sigue teniendo unas ganas enormes de estar en un escenario, sigue sintiendo un poderoso amor por actuar en vivo, por entregarse al público y por alimentar su espíritu de esa energía incombustible que genera el aplauso de una multitud.
Incluso hizo algo inédito: al escuchar el tradicional oooohoooohoooohooo del público comenzó a acompañarlo en el tono con su bajo, lo que disparó que la banda se sumara para improvisar un ska que puso ritmo y armonía a una melodía que siempre ha sonado sola, coreada por la gente cuando está contenta. Hasta ahora.
Paul McCartney Centenario (3).JPG
Paul McCartney en el Estadio Centenario, el martes 1
Mauricio Rodríguez
Sonido y luces
La puesta en escena fue, una vez más, fabulosa, y en esta gira Got Back cuenta con novedades impactantes. La planta de luces —más de 900, informó la semana pasada el jefe técnico de la producción local— es deslumbrante. Todo se mueve al son de la música. Las parrillas suben y bajan en forma independiente y, dentro de cada una, cada foco también posee movilidad autónoma. El escenario contiene una plataforma que se eleva varios metros mientras Macca canta Blackbird y Here Today, dedicada a su “hermano” John Lennon. La cara frontal de ese prisma está cubierta de pantallas que proyectan la animación del pájaro alegórico para ese himno contra la discriminación racial incluido en el “álbum blanco”.
Los visuales en las pantallas —inspiradísimos— construyen una escenografía diferente para cada canción. Los láseres cubren un amplio espacio aéreo y dibujan formas geométricas concéntricas, con el plus de que la Torre de los Homenajes —elemento arquitectónico singularísimo en el mundo— se transformó en lienzo para que el diseñador se inspire. Y, por supuesto, el impresionante despliegue de pirotecnia en Live And Let Die. Una vez corregidos los desajustes iniciales, el sonido fue impecablemente nítido. Un detalle que contribuyó para ello: los espacios de las tribunas no ocupados por el público fueron cubiertos con telas negras diseñadas para absorber sonido.
Fuera del estadio, sin embargo, se reiteró un problema endémico en los espectáculos masivos en Uruguay: el acceso del público fue sumamente dificultoso. En la tribuna Olímpica se registraron colas extensísimas, sin ningún orden ni personal de la producción que ayudara. Por este motivo, muchos espectadores entraron enojados ya empezado el espectáculo.
Ahora y entonces
Como es habitual, la lista combina el siempre vigente cancionero Beatle (23 canciones), la tremenda y compacta discografía de los Wings, la banda que armó tras la separación de los de Liverpool, de la que hizo siete clásicos, y su vasta obra solista.
Este espectáculo tuvo estrenos sorpresivos como She’s A Woman y ofreció un momento cumbre cada 10 minutos, como Let ‘Em In, Let Me Roll It, Love Me Do, New, Lady Madonna, Something, Band On The Run y Get Back, la canción que dio nombre primero al documental de Peter Jackson y luego a esta gira. También entrega incontables escenas de alta emoción. Se podría decir que estas hermosas canciones construyen una narrativa de la emotividad musical. Por mencionar solo tres: Let It Be, con estadio bañado con miles de luces de celulares (antes encendedores), Hey Jude con su electrizante Na na na na na Het Jude y la tríada final de Abbey Road que cierra el concierto con esa máxima de dimensiones bíblicas And in the end/ The love you take/ Is equal tothe love you make.
Y ahora se sumaron dos más. Más allá de la polémica sobre si es o no una canción de los Beatles, con el estreno mundial de Now And Then Uruguay entró en la historia oficial de la más legendaria de todas las bandas. La canción mostró toda su belleza, en una gran interpretación, y fue uno de los momentos más emotivos del concierto. Cuando Paul cantó Now and then, I miss you, el clip en la pantalla mostró a Lennon y Harrison juntos. Y brotaron las lágrimas en el Estadio. Como en I Got A Feeling, con Lennon en la pantalla, con su pelo lacio ondeando al viento, cantando desde la mítica azotea de Apple en simultáneo con Paul en el escenario. Y las lágrimas siguieron brotando.
Paul dejó a decenas de miles de uruguayos con una sonrisa que todavía dura, y se despidió con un “hasta la próxima”. La verdad que, después de lo vivido, le creemos. Porque este concierto no termina nunca.