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    Una tormenta en cada cuarto: la Comedia Nacional estrenó ‘La casa de Bernarda Alba’ en el Solís

    Una de las obras mayores de Federico García Lorca es dirigida por la española Amelia Ochandiano y cuenta con la actuación protagónica de Roxana Blanco

    Una veintena de mujeres ocupa el escenario completo. La mitad son actrices, integrantes del elenco de la Comedia Nacional. La otra mitad son bailarinas convocadas por la directora española Amelia Ochandiano para interpretar, junto con las actrices, uno de los grandes clásicos de Federico García Lorca, del teatro español y de la historia del teatro en general.

    A 90 años de su muerte, perpetrada por el franquismo en las últimas semanas de la Guerra Civil, Lorca es un clásico de todos los tiempos, en España, en Latinoamérica y en gran parte del mundo. Más allá del título que se estrene, es un universo poético y dramatúrgico con su propia lógica y con sus propias reglas. Y resulta que vivimos en una de las ciudades más lorquianas del mundo. Ya desde antes de su muerte, García Lorca significa mucho en Montevideo.

    La Comedia Nacional es uno de los grandes espacios simbólicos del poeta granadino. Lorca y Margarita Xirgu. Lorca y Pepe Estruch. Lorca y Estela Medina. La recordada y controversial puesta de Bodas de sangre de Mariana Percovich en 2008 y la versión de La zapatera prodigiosa montada por María Dodera en la Verdi hace tres años son los antecedentes más recientes. Ahora la Comedia acaba de estrenar La casa de Bernarda Alba en el Solís (de jueves a sábados a las 20 y domingos a las 19).

    Roxana Blanco en La casa de Bernarda Alba.

    Roxana Blanco en La casa de Bernarda Alba.

    Se trata de la primera parte de un díptico que será completado en setiembre con una versión lírica de la obra, una ópera homónima, compuesta por el músico español Miquel Ortega, montada ya en España, también dirigida por Ochandiano. Será interpretada por la Banda Sinfónica, usará la misma escenografía que la obra teatral y tendrá como protagonista a la soprano venezolanoespañola Nancy Fabiola Herrera, una intérprete recurrente en la escena lírica montevideana, cuya última presencia local fue este mismo año, en la Carmen del Sodre.

    La Comedia anuncia esta doble producción como “un singular diálogo entre dos formas de abordar un mismo universo lorquiano”. Considerada el testamento dramático de Lorca, este Drama de mujeres en los pueblos de España, tal como reza su subtítulo, fue la última obra que escribió antes de su muerte.

    La historia es conocida pero la última versión de la obra en Montevideo, dirigida por Roberto Jones, fue en 2012, y el público se renueva. Tras la muerte de su segundo esposo, Bernarda Alba (interpretada por Roxana Blanco) impone a sus cinco hijas un luto de ocho años, un encierro que les impide salir de casa y mantener cualquier contacto con el exterior. El clima viciado puertas adentro genera un cúmulo de resquemores que, paulatinamente, convierte la casa en una olla a presión.

    El elenco de La casa de Bernarda Alba reúne 21 actrices y bailarinas.

    El elenco de La casa de Bernarda Alba reúne 21 actrices y bailarinas.

    La bomba que suelta Lorca en su texto, en términos de conflicto dramático, es la tormenta perfecta de la pasión humana: Angustias (Natalia Chiarelli), la hija mayor, del primer matrimonio de Bernarda y heredera de la fortuna de su padre, es pretendida por Pepe el Romano, joven de 25 años que es uno de los varones más fuertes y prometedores, en todo sentido, del pueblo. A su vez, él mantiene una relación tan intensa como furtiva con Adela, la hija menor (Dulce Elina Marighetti). La tercera pieza, detonante del desenlace trágico de la historia, es Martirio (Florencia Zabaleta), quien ama a Pepe en secreto, con toda la carga de represión emocional que ello implica. El autor pinta el clima imperante con un latigazo poético: “En esta casa hay una tormenta en cada cuarto”.

    Bernarda impone su autoridad hasta donde puede, por la vía de la palabra y, llegado el caso, por las armas. Su imposición implica también el código de silencio, la famosa omertà que operará sobre el relato de los hechos: aquí no ha pasado nada. En su momento, la obra ilustró con elocuencia el advenimiento del franquismo, lo que se avecinaba en España al inicio de la Guerra Civil: la imposición violenta de la ley sobre las mujeres. El patriarcado que expone Lorca en esta obra es instrumentado con manos de mujer.

    La casa de Bernarda Alba.

    La casa de Bernarda Alba.

    Casi un siglo después, mucho ha cambiado y quizá hoy en ámbitos occidentales donde las mujeres han conquistado en gran medida la libertad y la igualdad que corresponde quede bastante forzada una lectura literal de la pieza y sus implicancias. Aunque es evidente que siguen existiendo numerosos lugares del mundo donde esta escena sigue siendo bastante representativa de la realidad. Y en el plano metafórico la obra continúa siendo una denuncia furibunda del autoritarismo y el control de la vida privada de las personas, que hoy es moneda corriente en gran parte del planeta. En el signo contrario, las imposiciones de lo políticamente correcto también son gestos autoritarios que resuenan en este texto dramático, a todas luces contemporáneo. Y por eso es un clásico.

    Además de ser una experimentada, consagrada y multipremiada directora teatral madrileña, Ochandiano es actriz, bailarina, coreógrafa, docente y productora muy vinculada a la escena del teatro, la danza, la ópera y la zarzuela española durante los últimos 35 años. Su cuarta puesta en el Solís (dirigió una obra de teatro y dos zarzuelas en la última década) tiene un fuerte componente contemporáneo en su fusión con la danza. El elenco de bailarinas interactúa en varias escenas con las actrices, oxigenando el relato y aportándole un componente poético visual a través de un elemento que es tomado como un leitmotiv: las sillas son protagonistas en varios cuadros coreográficos. En una escena caen espontáneamente y representan así la incesante sucesión de femicidios y constantes actos de violencia que siguen padeciendo las mujeres en todo el mundo, y en otra, repiquetean contra el piso hecho de tablas como señal de lucha, de protesta contra esa violencia estructural.

    Roxana Blanco en La casa de Bernarda Alba.

    Roxana Blanco en La casa de Bernarda Alba.

    La versión textual de Ochandiano es sumamente respetuosa. No se trata de una intervención, sino de una exposición fiel del original. Blanco compone con aplomo y oficio un papel sumamente exigente y demandante, porque está muy arraigado en el imaginario teatral: una nueva composición es inevitablemente evaluada en función de las expectativas prexistentes y deberá discutir con las Bernardas que están instaladas en la sensibilidad teatral uruguaya.

    Jimena Pérez vuelve a destacarse (cuándo no), ahora en el rol de Poncia, la criada de confianza de la casa, la que todo lo sabe y la única que tiene el aplomo de enfrentar de igual a igual a la jefa del hogar. Su personaje desnuda las contradicciones de la protagonista y escarba en la veta del cuestionamiento moral las decisiones de esta mujer de apariencia pétrea. Es también, por lógica, el detonante del humor: la tiene clara, no se come ninguna y les canta la justa a todas. Ese corrimiento, ese contraste con la norma opera —con la mesura que Lorca supo imprimir— como el catalizador cómico del relato.

    En un momento de la puesta, cercano al final, el humor resultante de la interpretación resulta un escollo para reflejar la emoción trágica que demanda la obra. Se trata de un detalle perfectamente ajustable para que el resto de las funciones tenga el tono dramático que hizo de esta historia una obra mayor.