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Río de Janeiro (Gerardo Lissardy, corresponsal para América Latina). En medio de uno de sus programas de TV la semana pasada, el presidente venezolano, Nicolás Maduro, miró a la cámara, apuntó con su dedo índice y lanzó: “Luis Vicente León, amigo, de la oposición yo sólo te respeto a ti”. Luego inició una defensa de la economía del país, en la que mencionó cuatro veces más el mismo nombre. “Anota, Luis Vicente. Te voy a invitar a Miraflores en estos días para que hablemos personalmente. Luis Vicente León y yo. Para escucharlo. Hombre serio, interlocutor serio. Es un venezolano, de la oposición, de la derecha, está bien. Pero es un venezolano y lo respeto”.
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León no es un político sino un economista y analista que preside desde hace más de 20 años la consultora Datanálisis, especializada en encuestas y estudios de mercado en Venezuela. Por cierto, este caraqueño de 55 años es también un abierto crítico de la gestión de Maduro y del rumbo que sigue el país: “En la medida que la crisis avanza, y no hemos visto sino la maqueta de la crisis, mantener el equilibrio social y político va a ser cada vez más difícil”, advierte en una entrevista telefónica con Búsqueda.
—He conversado con el presidente previamente. No sería nada nuevo ni inédito. Y cada vez que el presidente me llame, voy a estar ahí, tanto como estoy cuando me llaman los líderes de la oposición o la Mesa de Unidad. Mi objetivo es ayudar a entender y resolver la crisis, y mejorar el sistema político venezolano, que siento que está en deterioro. Lo voy a hacer como un promotor del diálogo con todos los lados, no me importa quién sea.
—¿Y qué le diría a Maduro?
—Es indispensable por lo menos plantear un diálogo nacional en este momento, que incorpore no solo a los actores políticos sino especialmente al sector empresarial. Sin empresas privadas, sin incremento de producción, sin rescate de confianza no hay posibilidades de salir de la crisis. Aun cuando el diálogo es una decisión que incluye a todas las partes, el gobierno es el llamado a convocarlo y a ceder terreno. El presidente Maduro tiene el reto de ser él el que va a dar el primer paso para rescatar confianza económica y política.
—En estos días se cumple un año del arresto del líder opositor Leopoldo López y decenas de personas, durante las protestas contra el gobierno. ¿Hay posibilidades de que vuelvan las manifestaciones a las calles?
—Eso siempre es un riesgo latente. En la medida que tienes un actor político preso y se genera como esa idea básica de martirización por parte del gobierno, obviamente que está la posibilidad de que algunos actores terminen por salir nuevamente a la calle. No es fácil. No están en este momento organizados ni unidos en la oposición lo suficiente como para que sea previsible un evento de alto impacto. Estos intentos de reactivar las protestas populares han sido un poco más complicados de lo que pudieron ser a principios del año pasado. Es algo contraintuitivo, tomando en cuenta que la crisis económica en Venezuela es muy elevada y uno podría pensar que hay condiciones más fuertes para la sensibilidad a las protestas. Pero creo que son distintos los conceptos de protesta por Leopoldo López que los riesgos de protestas por la crisis económica o la situación del país. Estos segundos son más importantes.
—¿Cómo es eso?
—Desde el punto de vista popular, Leopoldo López ha ganado terrenos en términos de liderazgo opositor. Aparece retando al líder opositor tradicional reciente, que es (Henrique) Capriles, con el nivel de apoyo en partes iguales. Podría incluso ser el actor favorito en unas potenciales primarias. Pero no necesariamente se nota una disposición de apoyo en las calles. Es una solidaridad primaria, pero más electoral que radical.
—Precisamente la oposición tiene la posibilidad de ganar la mayoría simple del Congreso en las elecciones legislativas de este año. ¿Eso ayudaría a lograr una normalización democrática en Venezuela? ¿O aumentaría la tensión?
—Los escenarios son múltiples y no podemos predecir qué va a ocurrir en esa elección, que ni siquiera ha sido todavía convocada. Podría haber cambios importantes de aquí a ese evento. Pero si el evento fuera hoy, los números le darían la probabilidad a la oposición de obtener una mayoría simple. Eso teóricamente es un resultado positivo para balancear el poder, para establecer nuevas dinámicas que le permitan a la oposición tener mayor peso, retar el poder homogéneo del gobierno, tomar algunas decisiones que obliguen al gobierno a negociar. Sin embargo, depende mucho de cómo actúen el gobierno y la oposición. Porque si la oposición toma ese triunfo como un mecanismo para retar y desestabilizar al gobierno y/o el gobierno intenta desconocer el poder de la oposición en la Asamblea y retarla como multiplicándola por cero, para mantenerse tal cual está sin negociar y sin considerar las divisiones en el poder, lo que puede ocurrir son grandes desequilibrios políticos e incluso un conflicto institucional.
—Cuando Maduro asumió el poder había dudas también sobre cómo iba a manejar las tensiones internas del chavismo, con las distintas corrientes que hay allí, incluidos los militares. ¿Ha logrado resolver esto?
—El presidente, a pesar de la división interna, controla hoy el poder y las instituciones. Ha tenido probablemente debilidad y eso le ha impedido tomar decisiones racionales en materia económica. Ha tenido que ceder a las presiones internas de su propio partido o de los actores que toman ventaja de la situación económica de Venezuela. El resultado final es que el país está en crisis pero el gobierno está en el poder. Y creo que controla bastante bien las relaciones internas del partido.
—¿Pero cuánto afecta a Maduro el empeoramiento de la economía y la caída de los ingresos del país a la mitad, por la baja del precio del petróleo?
—Es un gran riesgo, porque en la medida que la crisis avanza, y no hemos visto sino la maqueta de la crisis, mantener el equilibrio social y político va a ser cada vez más difícil para un gobierno que no tiene los niveles de popularidad que tenía el presidente (Hugo) Chávez.
—Usted ha dicho que “la fuente de la crisis es el modelo”. ¿Hay algún indicio de que el gobierno esté buscando un cambio de modelo, por ejemplo con la reciente liberalización de operaciones de cambio o la creación de un Consejo de Economistas para oír distintas opiniones?
—Cuando me refiero al modelo, no me refiero necesariamente a que cambie el socialismo por el capitalismo como concepto fundamental. Simplemente digo que hay modelos socialistas modernos en el mundo, incluso los analistas neomarxistas son hoy completamente contrarios al control extremo y al intervencionismo extremo del Estado. Es un problema de racionalidad económica, o mejor dicho de irracionalidad. El gobierno ha tomado algunas decisiones que pueden considerarse racionales, por ejemplo la apertura del mercado cambiario. Es un sub-óptimo, porque no hay una decisión que es la correcta, pero dentro de eso, abrir el mercado cambiario era una necesidad. Como el ofrecer un incremento en el precio de la gasolina. Pero lamentablemente, en un paquete global puedes tener algunas medidas racionales, pero si el concepto general es irracional y sigues siendo controlador, intervencionista, amenazante a la empresa privada y sin rescate de lo político, la capacidad de maniobra es muy baja.