—Esto es un puntapié inicial. Lo más importante es el gesto político de mostrar juntos a los ministerios de Ambiente y de Ganadería. En muchos países del mundo no es tan fácil mostrarlos juntos, basta con ir a la región para ver cómo es eso. Que en Uruguay nazca un Ministerio de Ambiente era un desafío, y verlo junto con el Ministerio de Ganadería también.
Está bien que desde el inicio vayan negociando sus puntos de vista porque son dos lados de una misma moneda, y que lo hagan junto con los institutos, ya están Inac, Inia (Instituto de Investigación Agropecuaria) e Inale (Instituto de la Leche), porque en esos organismos está representada la opinión privada. Si fuera solo lo público es una cosa, pero al estar los institutos ya nace con la visión privada.
Hay un primer mojón que comprende generar una narrativa. Los países tienen que explicar dónde están, y esa tarea no es para científicos, sino para comunicadores.
Ahora con la pandemia quedó claro que la ciencia cumple un rol y ahí está el GACH (Grupo Asesor Científico Honorario en Covid-19), que son decenas de personas trabajando, que informa sus pareceres, pero después eso se sintetiza, se comunica y se toman decisiones de tipo político.
En lo ambiental no es diferente a eso. Es decir, hay un momento científico, tecnológico, hay un momento comercial, y por eso está el Inac en el medio; al final eso termina en un momento político. Porque ¿qué pasa cuando hay ganadores y perdedores? Cuando estamos aquí y vamos en tal rumbo, es posible que algunos ganen y otros no tanto. O que haya que generar medidas compensatorias. Ese es el momento en el que entra el político que tiene que considerar al ciudadano.
—¿Y cuáles son los objetivos?
—Los acuerdos de París no sé si han sido internalizados por toda la ciudadanía uruguaya respecto a qué son y en cuanto a qué nos comprometimos. Eran voluntarios y eran muy técnicos, no queda tan claro a qué nos estamos comprometiendo.
La idea es ver por dónde está el camino y, a su vez, ahí ver dónde estás más fuerte y dónde más débil.
Primero hay que generar una agenda defensiva, dónde nos pueden hacer los goles, luego generar una agenda ofensiva, y Uruguay puede ser tomado como un país modelo. El punto de llegada es lograr ser ese país modelo en América Latina en la gestión de muchos temas que tienen que ver con el ambiente.
En este momento se está mirando el aspecto ganadero, pero luego hay que mirar al agropecuario en su conjunto, y después las energías y varias cosas más.
—¿El propósito del grupo técnico es tener una respuesta estratégica ante algún reporte internacional negativo sobre la ganadería o la idea apunta a crear una imagen similar a Uruguay Natural con un sello distintivo en los productos?
—El concepto de Uruguay Natural nació previo a 2006, que es el año bisagra porque fue cuando salió el informe La larga sombra del ganado de la FAO (Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura), que decía que la ganadería era responsable del 18% de los gases de efecto invernadero, muy superior al sector energético y automotriz.
El Uruguay Natural era una agenda ofensiva en el sentido de decir que nosotros nos veíamos a nosotros mismos muy bien y pensábamos que sobre eso podíamos construir. Bueno, cuando nos quisimos acordar tuvimos que salir a defendernos. Fue como decir: “Pensé que estaba muy bien y resuelto”, y ahora me dicen que no estoy tan bien.
Esto es algo que habrá que consensuar entre todos los participantes, pero creo que primero habrá que generar una narrativa: estos son los elementos, estamos acá. Segundo atacar bien lo que sean los aspectos defensivos y decir “esto están bien; esto lo tengo que corregir”, porque uno tiene que demostrar que está haciendo las cosas, no puede decir simplemente “este no es mi problema”. No, no, a nosotros nos gusta medir, saber dónde estamos. Acá no hay solo un tema para el sector primario, también está el sector industrial, donde el Ministerio de Ambiente está haciendo cosas y el Inac está tratando de ayudar también a mejorar.
Entonces, en todos los sectores hay que mejorar en lo defensivo. Ahora, no se me escapa que en el origen cuando planteamos el Uruguay Natural pensamos que teníamos un valor diferencial ambiental. Por ejemplo, el campo natural, la biodiversidad, la abundancia de agua, una serie de elementos que son muy positivos, como diferenciación y agregado de valor, y que pueden terminar en un sello, en una certificación. Eso es el final del camino, y para eso tenés que haber recorrido el camino etapa por etapa, porque no podemos saltearnos cosas e ignorar que la ganadería está vista con atención.
No está laudado todavía, y eso es importante; el Inac tiene que hacer un aporte, cuál es el aporte de la ganadería, porque la FAO está en una revisión permanente de la metodología de medición, ahora mismo, quizá en este invierno haya una revisión metodológica sobre las emisiones de metano en la producción ganadera. No está científicamente laudado ese tema.
—¿Podría haber una sorpresa favorable para la ganadería uruguaya con esta revisión?
—Hay que estar atentos. Al metano se le ha dado un poder de 28 a 1, por decir algo, respecto al CO2 (dióxido de carbono). Pero es muy distinta la duración del CO2 en la atmósfera, que dura mil años, por decir algo, pero dura muchísimo tiempo. Y el metano dura menos, se degrada y vuelve a reciclarse e integrarse como CO2 y otra vez la planta lo absorbe.
Esa discusión del metano cíclico no cambia mucho los valores; los países ganaderos tenemos que estar muy atentos y con contribuciones muy firmes a escala internacional.
Eso no puede ser tomado como un salvoconducto para no mejorar ambientalmente, porque tenemos que mejorar ambientalmente. Sobre todo si queremos producir más. Y el Inac tiene un plan estratégico que busca producir más carne.
—En la Expo Prado 2020 usted planteó la necesidad de una “alineamiento institucional” en reacción a los “ataques” a la producción de carne. ¿Eso también se aplica para armar la narrativa sobre la huella ambiental ganadera?
—Eso me parece fundamental. Hay países que llegan a tener un ministro del Cambio Climático (Nueva Zelanda). Entonces esa temática es de altísima sensibilidad política.
En estos días tuvimos reuniones a muy alto nivel en las que reiteradamente nos hacen llegar ese asunto.
Si la temática cambio climático es fundamental y si la ganadería tiene un rol en eso, y hay que ver cómo funciona, no hay espacio como para marcar perfiles chiquititos. Porque acá Uruguay está primero y lo que importa es la posición del país como un todo.
Por eso hay que alinear las narrativas. Tiene que haber una conducción central, que es la de los ministerios de Ambiente y de Ganadería, y el resto nos vamos articulando cada uno en su parte, desarrollando su tarea.
Hay países que son muy claros en este tema. Irlanda tiene una estrategia, que se denomina origin green (origen verde), que se la mire por donde se la mire se le verá una línea troncal, y todo el mundo se va alineando en ese relato. Porque no tiene ningún valor que te diferencies y digas tu propia idea de la cuestión cuando tenés todo un trabajo muy sólido, que posiciona a Irlanda como país.
Uruguay puede tomar eso como inspiración. Es un gran tronco, donde nos posicionamos y mostramos que estamos bien en los grandes temas de preocupación del mundo, y aparte tenemos este plus, este valor diferencial que a veces otros países no pueden mostrar. Por ejemplo, en un campo natural con la enorme biodiversidad que tiene, vegetal y animal.
—¿Cuál es el próximo paso a dar en ese camino?
—Los ritmos los marcarán los ministerios, porque esto tendrá una conducción política del ministro de Ambiente (Adrián Peña) y del subsecretario de Ganadería (Ignacio Buffa). Ellos mismos directamente van a dirigir este tema.
La primera etapa es ordenar la información existente y comunicarla de una manera simple y comprensible para todos, porque es un tema técnico.
Nunca vi una temática que sea científicamente tan complicada, porque estamos discutiendo si el ciclo del metano se degrada o no, pero que en la otra punta haya una necesidad de comunicarlo de una manera simple. Porque tarde o temprano todos los ciudadanos terminan opinando de gases de efecto invernadero, calentamiento global, si eso afecta en la sequía y en las inundaciones, etcétera. Es uno de los temas de más amplio espectro, que va desde la ciencia hasta el ciudadano común. Es un desafío de comunicación.
Incluso, quizá haya que hacer mecanismos de consulta pública. Que el propio proceso de elaboración del camino de Uruguay sea en consulta con la sociedad uruguaya, porque en esto se está comprometiendo el futuro de las próximas generaciones.