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    martes 04 de junio de 2024

    A los 98 años murió Roger Corman, el padrino de Hollywood

    Produjo cerca de 500 películas y dirigió más de 50, y les dio su primer trabajo a Francis Ford Coppola y a Jack Nicholson

    No por nada su autobiografía de 1998 se titula How I made a hundred movies in Hollywood and never lost a dime (Cómo hice más de 100 películas en Hollywood y nunca perdí ni un centavo). De hecho, al momento de su muerte, ocurrida el pasado 9 de mayo a los 98 años, la Internet Movie Database consigna que Roger Corman tenía en su haber 491 créditos como productor (más otros dos aún sin estrenar) y 56 como director.

    Sus roles en la producción son varios, desde productor ejecutivo hasta productor de distribución de películas extranjeras en Estados Unidos, y probablemente esos 491 títulos dejan afuera varias intervenciones realizadas informalmente o sin acreditar. Durante décadas, Corman tuvo las manos dentro de Hollywood hasta los codos, y si bien siempre se movió en los márgenes y las zonas grises de la industria (jamás estuvo ni a dos cuadras de una superproducción o blockbuster), la influencia que tuvo en incontables formas y a muy diferentes niveles es casi imposible de cuantificar. Se puede decir que Corman fue, sin exagerar, el padrino (con minúscula, sin referencias mafiosas) de la actual industria de cine estadounidense. Y es creíble su afirmación de que nunca perdió ni un peso.

    El marginal

    La carrera de Corman comenzó en los años 50, exactamente en 1949, cuando consiguió trabajo como cadete en la 20th. Century Fox. Fue subiendo en el escalafón y cambió de trabajos hasta que en 1954 vendió su primer guion, un noir titulado Highway Dragnet, en el que tuvo su primer crédito como productor asociado. Y ahí arrancó la máquina.

    En la década de los 50 el cine, que siempre fue popular en Estados Unidos, se volvió masivo a niveles descomunales. Las salas pasaban funciones dobles y triples, se popularizaron los trasnoches, el país se llenó de drive-ins donde los espectadores veían las películas desde sus autos. Y toda esa movida necesitaba películas para seguir funcionando. Los grandes estudios, como siempre, se llevaban la parte del león con las superproducciones y las estrellas famosas, pero no daban abasto ante la demanda de las salas. Se necesitaban muchas más películas, producidas a un ritmo demencial, de géneros populares y que pudieran llenar los huecos de la programación. La calidad no era necesariamente un requerimiento. Y así nació el cine clase B, una constelación de productoras medianas, chicas y minúsculas que rodeaban el Hollywood de perfil alto y largaban película tras película del oeste, de ciencia ficción, policiales o de lo que cuadrara. Y también nacieron los géneros explotation, que sacaban partido del morbo del público, de los gustos minoritarios o de cualquier tema de moda. Y el olfato de Corman le dijo que ese era su mundo.

    Fundó su primera empresa, Palo Alto (con los años fundaría muchas más, la más conocida de ellas New Line Cinema), y se dedicó a producir sus guiones, ya fueran de ciencia ficción o de crímenes. Su segunda producción fue The Fast and the Furious (1954), y si el título le suena, no es casualidad. En 1955 dirigió por primera vez un western llamado Five Guns West. Desde ahí siguió alternando roles y haciendo felices a los dueños de las salas de todo el país con un flujo imparable de películas que nunca defraudaban. No serían joyas, pero para eso estaba la segunda parte de la función doble.

    Desde sus inicios ajustó y aplicó lo que podría llamarse el “método Corman”: filmar rápido, filmar barato, no desperdiciar nada. Lo que lo diferenció de muchos otros colegas que tomaban el mismo camino es que, por berretas que fueran sus producciones, jamás filmó basura, y en realidad la mayoría de las veces arañaba lo opuesto. Ya en 1964 la Cinémathèque Française le dedicó una retrospectiva, siendo el director más joven en recibir este reconocimiento. Y se trataba de un sujeto que filmaba películas sobre cangrejos gigantes, familias criminales o tipos con ojos de rayos X.

    Para el público uruguayo el nombre de Corman se hizo conocido en la década de los 80, cuando el Canal 4 pasaba, cada viernes de noche, las películas de su ciclo más célebre, adaptaciones de cuentos de Edgar Allan Poe (y alguno de Lovecraft). De ese ciclo sale una de las anécdotas más conocidas que ilustran cómo funcionaba el “método Corman”.

    El gótico

    Entre 1960 y 1964, Corman filmó una seguidilla de películas basadas en historias de Poe, comenzando con House of Usher y terminando con The Tomb of Ligeia. Fueron historias góticas y macabras, en la línea que seguiría el cine de la productora inglesa Hammer o las primeras películas del italiano Mario Bava. Los intérpretes eran nombre conocidos, y algunos un poquito decadentes ya, como Vincent Price (en casi todas), Peter Lorre, Basil Rathbone, Ray Milland, Lon Chaney Jr. o Boris Karloff. Y justamente fue trabajando con Karloff en The Raven (1963) que, como le pasaba muy seguido, le sobraron días de rodaje y, por lo tanto, de contrato del actor. Fiel a sus principios, se inventó de la nada un guion vagamente “poesco” que bautizó The Terror (1963). Usando los decorados, el vestuario y los actores de The Raven (incluyendo un ignoto Jack Nicholson) filmó en los dos días sobrantes las escenas con Karloff y luego dejó la segunda unidad del rodaje, que llevó meses, a cargo de media docena de directores, incluyendo a un imberbe Francis Ford Coppola.

    Y hablando de Coppola, otra muestra del método Corman: en 1963 (mientras filmaba su ciclo Poe, produjo y dirigió una decena de otras películas) compró los derechos de un film soviético de ciencia ficción, Nebo Zovyot (1959). De inmediato procedió a destriparlo, reeditarlo, doblar los diálogos con textos de su invención y encargarle a Coppola que dirigiera segmentos con actores estadounidenses sin relación alguna con la trama original. El resultado fue Battle Beyond the Sun (1963). En 1965 repitió la jugada con Planeta Bur (1962), que se convirtió (esta vez sin Coppola, que ya estaba en otros asuntos) en Voyage to the Prehistoric Planet. El circuito clase B, agradecido.

    El inconmensurable

    Estas anécdotas pueden dar la imagen de Corman como un chanta, un oportunista y un buscavidas del cine. Y no estaría errada esa apreciación, aunque en realidad la trasciende por mucho. Si bien hizo redituables negocios comprando y destripando películas del este de Europa, también fue el responsable de distribuir versiones en idioma original de películas de Fellini, Kurosawa, Truffaut, Bergman, Peter Weir o Volker Schlöndorff. Si bien es muy cierto que siempre se dedicó a dirigir películas de estricta clase B y de géneros cuestionables, el tiempo ha respetado decentemente muchas de sus obras, que hoy se consideran de culto, como su serie de Poe, Machine-Gun Kelly (1958), The Little Shop of Horrors (1960), X: The Man with the X-Ray Eyes (1963), The Wild Angels (1968), Bloody Mama (1970), Von Richthofen and Brown (1971) e incontables otras, hasta llegar a su último trabajo de dirección, Frankenstein Unbound (1990).

    Corman entendió y manejó el negocio del cine como nadie. Produjo una carretada de películas, inventó nuevos géneros y cimentó una forma de producir y filmar, pero su influencia en Hollywood va más allá de su filmografía y sus métodos. Apadrinó y educó a generaciones enteras de cineastas, y no precisamente de futuros artesanos de clase B o televisión. Ya se mencionó que fue el primer empleador de Coppola y Nicholson (en The Cry Baby Killer, de 1958). La lista de actores que debutaron o tuvieron sus primeros papeles importantes en sus películas incluye también a Bruce Dern, Peter Fonda, Dennis Hopper, Diane Ladd, Sandra Bullock, Robert De Niro o David Carradine. Y en el rubro directores, la lista es tremenda. Además de Coppola, a quien le produjo su primer film (Dementia 13, 1963), contrató (por muy poca plata, digamos todo) y educó a Martin Scorsese (le produjo también su primera película, Boxcar Bertha, de 1972), Jonathan Demme, Peter Bogdanovich, Ron Howard, Joe Dante y James Cameron, por citar solo a los más renombrados.

    La influencia de Corman, desde los márgenes, no se puede minimizar. No es exagerado decir que es la piedra basal sobre la que está construido lo que conocemos como Hollywood. Sin su influencia no hubiera existido, o hubiera sido muy distinto, el cine de superproducciones de los años 70. También fue el modelo en que se basaron los creadores del New Hollywood de los años 60 y 70. Y su influencia siguió expandiéndose en ondas concéntricas en las décadas siguientes, a medida que los movimientos y profesionales que se formaron bajo su tutela fueron mutando y generando sus propios seguidores. Sin Corman no hubieran existido The Godfather, Taxi Driver, The Silence of the Lambs, Titanic, Gremins, Apollo 13 y cientos de películas más. Sin Corman al día de hoy sin duda tendríamos cine, pero no el cine que conocemos.

    En 2009, bastante demorado, le dieron un Oscar honorífico por “su profusa generación de películas y cineastas”. Y se quedaron cortos.

    La anécdota del estribo

    A mediados de los años 80 una productora alemana, Constantion Films, le compró a la Marvel los derechos de sus personajes de Los cuatro fantásticos. Por aquellos días los superhéroes no valían nada, así que la productora dejó correr el tiempo hasta que casi se vencieron los 10 años que duraba el acuerdo. Resultó que en la década de los 90 sí estaban interesados en producir la película, pero, por vericuetos contractuales, si no habían finalizado el rodaje al vencer el plazo, la renovación de los derechos se cancelaba automáticamente. Y ya no había plazos (ni fondos) para empezar una producción importante. Llamaron a Corman.

    La producción comenzó de inmediato. Los actores y el director eran todos ignotos. Los efectos especiales, inexistentes. La actriz principal usó su propia ropa como vestuario. No hubo fiesta de fin de rodaje y los técnicos y los actores nunca vieron la película. Pero se terminó a tiempo, en 1994. De inmediato todas las copias fueron enterradas en algún depósito, incluso se dice que fueron destruidas. La Marvel siempre negó que hubiera existido ese rodaje (aunque tuvo que renovarle la licencia a la productora). Cuando se filtraron algunas pocas fotos de la filmación, se dijo que eran de un piloto para televisión que nunca llegó a nada. Recién a principios de los años 2000 salió a la luz una copia en VHS de la película sacada quién sabe de dónde que se esparció por la web y permitió comprobar que quedó tan horripilante como era de esperar. Pero la Constantion tuvo lo que quería y en 2005 estrenó su Fantastic Four con muchos efectos especiales, vestuarios para la protagonista y sin Corman, cuyo trabajo ya estaba hecho.

    Vida Cultural
    2024-05-15T20:08:00