Cuando el actual director de Turismo de Canelones, Horacio Yanes, era legislador, le llamaban el Turidiputado. Ese apodo, dice, lo repiten hasta hoy, aunque hace ocho años haya dejado su rol en el Palacio Legislativo para formar parte del equipo del intendente Yamandú Orsi. Además de la referencia a su cargo anterior, también lo saludan por uno posible a futuro: el de ministro de un eventual gobierno del Frente Amplio. Yanes no esquiva esa posibilidad —dice que le “encantaría”—, sostiene que es una persona de “acuerdos” —algo importante para ese cargo—, pero aclara que la decisión será de la “política”.
—¿A quién le falta una estrategia?
—Al país. El liderazgo del turismo es del Ministerio de Turismo y, por tanto, nosotros tratamos de sumar para la marca Uruguay Natural. A nivel privado y público, falló el liderazgo de convocar a repensarnos.
—El ministro Tabaré Viera se mostró positivo al presentar los datos del tercer trimestre y anticipó una “buena temporada”. A usted lo veo un poco más pesimista.
—Es que no miro el corto plazo. Yo también construí ese éxito que tiene el Uruguay porque con los números que maneja Canelones no me siento afuera. Claro que venimos bien y no tengo ningún problema en reconocerlo. El ministro Viera no viene del trabajo en turismo y, con el director (Roque) Baudean y el subsecretario (Remo) Monzeglio, armó un equipo con el que disimuló bien esa falta de experiencia, porque escuchó y trabajó. Lo que digo es que no nos podemos quedar en esto. Hace tiempo venimos planteando si hay que medir el turismo por la cantidad de gente o si (es mejor) que venga menos gente, pero que gaste más o que se quede más tiempo o que los espectáculos masivos derramen más dinero. No he encontrado la fuente de la felicidad ni de la vida eterna, pero creo que es un debate que hay que dar.
—La discusión de ser masivos o “elitistas” suele darse con Punta del Este ¿Usted qué visión tiene?
—Cada destino debe encontrar su vocación. La discusión se viene dando desde los años 70 y quedó claro que ganó el turismo masivo. Es de las cosas que hay que volver a pensar. Nosotros no necesitamos cinco millones de turistas por año. También hay que discutir si es verdad que somos parte, y cómo somos, del PBI; si somos parte de una cadena de valor, el gobierno y la sociedad toda tiene que reconocerlo. Hemos representado un 6,5% o un 7% (del Producto) haciendo las cosas más o menos. A un turismo que el Estado nacional, a nivel presupuestal, siempre lo tiene en el costado. Porque si hay una turbonada, ninguno se preocupa porque haya plata para arreglarla y ayudar a los productores. Cuando a los industriales se les cierra un mercado, a nadie se le ocurre estar en contra de que se los apoye. A nivel de turismo, eso falta.
—¿Y falta quien conduzca esa discusión, entonces?
—No sé si alguien, hay que crear un liderazgo, que se concreta con acciones e implica jerarquizar. No podemos estar con Punta del Este tirando para un lado, Colonia para otro, Canelones para otro y Montevideo para otro sin tener una estrategia nacional.
—¿Eso pasa hoy?
—En parte. En la medida que no haya un liderazgo… En la Ley de Turismo, aprobada en el gobierno del Frente Amplio, se establece la posibilidad de un Congreso Nacional del Turismo donde estemos todos: la academia, los empresarios, el Estado, los gobiernos departamentales y municipales. Claro, a veces la derecha quiere vender la idea de que la asamblea permanente enlentece. No va a ser en este año electoral que estamos comenzando, pero creo que dentro de los 100 primeros días del gobierno que viene tendríamos que establecer un Congreso de Turismo para que, cuando se conforme el Presupuesto, el Parlamento y el Ejecutivo vean que hay un sector que se unió, que trabajó y presentó un plan estratégico de por lo menos cinco años. Un presidente como Yamandú Orsi no miraría para el costado. Si logramos utilizar un instrumento que es legal para construir una estrategia nacional de turismo, sin duda vamos a poder pedir más plata.
—Habla de un eventual gobierno de Yamandú Orsi e incluso de una idea para los primeros días. En el sector algunos consideran que usted sería el ministro de Turismo de ese gabinete. ¿Qué responde cuando se lo plantean?
—Los operadores privados me consideran el Turidiputado. Yo tuve un reconocimiento por la Cámara de Turismo hace años por mi dedicación al turismo, al punto que hoy por hoy me saludan así. A mí me encantaría, pero la política vaya a saber cuánto incide. Yo era diputado cuando se presentó un proyecto de ley para viviendas turísticas. Cuando me vinieron a hablar las inmobiliarias, planteé que me metía en el tema con una condición: que todos los partidos firmáramos el proyecto. Entonces saben que si estoy en la movida encuentro los caminos para llegar a acuerdos. No solo porque Yamandú tiene ese perfil hoy —y me siento mucho más contento y respaldado en tener un referente político que está en la misma línea—, sino que saben que soy garantía de los acuerdos. En eso de la posibilidad de ser ministro, creo que es una de las herramientas. Todo el mundo sabe que soy de los que reconozco que nadie tiene la verdad, que nadie sabe todo y que tenemos que construir acuerdos. Si a mí Yamandú me preguntara qué es lo que habría que hacer, yo le diría: convoquemos a todos, demos las garantías de que vamos a llegar a un acuerdo para tener un presupuesto digno.
—Usted cuestiona la falta de mirada a largo plazo en el ministerio…
—Perdón la corrección. Yo veo la falta de mirada a largo plazo del turismo en Uruguay, del privado, del público y de los gobiernos departamentales.
—Más allá de eso, se siente parte del ministerio. En el Frente Amplio hay una visión más crítica. La exministra Liliam Kechichian en su momento declaró que la cartera estaba paralizada ¿Lo ve así también?
—Veo las cosas positivas del ministerio. Me parece que los compañeros que estuvieron en la gestión asumen el debate desde esa posición porque muchos temas derivaron en discusiones personales. Hubo ataques que no correspondían a nuestra gestión. En eso no hay ninguna diferencia: los respaldo. Ahora, hay compañeros que lo han tomado más como un cuestionamiento directo a su función, que a mí me parece bien que lo defiendan. En ese perfil de cuestionamientos tenemos una visión distinta y lo hemos analizado internamente.
—¿Cómo fue ese análisis interno?
—Por esta idea general de decir que debemos defender lo defendible y asumir los errores, y que tenemos que colaborar con el hoy y construir el mañana. Estoy confiado en que el Frente Amplio va a ganar y yo estoy trabajando para que gane Yamandú Orsi. Por tanto, tengo que trabajar y hacer las cosas como si fuera a gobernar dentro de un año. Tengo que crear las condiciones para ese gobierno constructivo. Tengo que generar las condiciones para que ese congreso no sea agarrarse a sillazos. Hubo críticas a la honestidad de compañeros que no son de recibo y creo que cuando los que estuvieron en el ministerio analizan algunas cosas lo hacen con elementos que yo no tengo, porque nunca estuve. Por ejemplo, algunos cuestionaban nuestras cifras de turistas, pero con el paso del tiempo usan los mismos mecanismos que antes para medirlas. Por otro lado, hay compañeros nuestros que cuando el ministerio presenta cifras, las ponen en dudas. Yo no estoy en esa.
—El exsubsecretario Benjamín Liberoff dijo que se destrozó el trabajo de estadísticas.
—Tal vez se haya destrozado. Creo que el debate no pasa por ahí. Una nueva administración llega y visualiza una oficina, ¿no puede pensarla distinta? Creo que tiene derecho y lo que hay que analizar es el producto.
—¿Tiene clara la estructura que quiere en un eventual ministerio?
—La cantidad de funcionarios que tiene el Ministerio de Turismo es muy poca. Estoy pensando que tiene que tener una presencia nacional —lo que se había comenzado en el período pasado—, pero con ciento y poco de funcionarios no podés estar en todos lados. El ministerio tiene reglamentaciones, pero la parte inspectiva es muy pobre. El tema de los datos es una de las carencias, pero también la generación de producto. Creo que un día se va a dar la creación de un fondo público-privado que permita mejorar el uso de los recursos económicos. Hay que generar más estímulos al personal, que no digo que hoy no existan, para que el funcionario se sienta parte de la acción y que el resultado de su trabajo se vea en proyectos completos.
—¿Qué opinión tiene del nuevo proyecto de vivienda turística que se discute?
—A algunos operadores privados les va a dar algunas garantías, pero es insuficiente. El camino no se ha encontrado en el mundo. Para la competencia con las aplicaciones, ¿el tema es controlar únicamente? ¿No tenemos que pensar en nuevas oportunidades de negocio?
—¿No hay una sobredimensión del sector hotelero?
—Puede ser, pero ya están ahí los hoteles. Y también hay que hacer una autocrítica país. Muchos inversionistas inmobiliarios construyeron habitaciones que nunca estuvieron pensadas para hoteles. Cuando terminaba el período de exoneración impositiva, se transformaban en apartamentos. Cuando vas a generar una política de inversión también tenés que saber qué necesitás.
—¿Habría que darles una mayor previsibilidad a los temas impositivos?
—Yo creo que hay que cobrar todos los impuestos. El hotelero y el restaurante lo que quieren es vender servicios. Cuando exonerás el IVA, partís de la base de que fue alguien y compró, y el Estado tiene que invertir para atraer turistas. Si traigo clientes, a vos no te va a importar pagar impuestos. Hay que buscar mecanismos de subvenciones más que de exoneraciones. Hablamos de que el mundo turístico cambió después de la pandemia, ¿y usamos las mismas herramientas?
—¿Los argentinos van a seguir siendo el principal cliente de Uruguay?
—Por un tiempo, sí. Si existen como clientes... Espero que mientras que se acomodan los zapallos podamos con Chile, Paraguay y el sur de Brasil trabajar para achicar la brecha.
—¿Cambia en algo si el presidente es Sergio Massa o Javier Mieli?
—Según los especialistas, los márgenes de maniobra que tiene Argentina para resolver las situaciones no son muy distintos. No puede haber magia en todo esto. Me preparo como uruguayo a que también en Argentina vayamos a sectores como el turismo de reuniones y eventos. Desestacionalizar el turismo y elegir públicos es la clave.