A los uruguayos que en estas vacaciones de invierno cruzaron a Argentina endulzados por la ventaja cambiaria el paseo puede salirles incluso mejor de lo planificado al gastar sus dólares. Pero alcanzará con que estén unos días para padecer la nueva fase de incertidumbre provocada por la inesperada salida de su ministro de Economía: niveles de inflación encaminándose al 100% anual —según algunas proyecciones—, desabastecimiento de ciertos productos, problemas sociales inocultables en las calles e irritados argentinos parados a uno y otro lado de la grieta política.
Martín Guzmán, un economista de casi 40 años con destacados antecedentes académicos pero nulos en política, renunció el sábado 2 tras dos años y medio en su cargo. En la carta dirigida al presidente Alberto Fernández, que luego publicó en Twitter, no especificó las razones, pero dio pistas: “Será primordial que trabaje en un acuerdo político dentro de la coalición gobernante para que quien me reemplace, que tendrá por delante esta alta responsabilidad, cuente con el manejo centralizado de los instrumentos de política macroeconómica necesarios para consolidar los avances descriptos y hacer frente a los desafíos por delante”. En otras palabras, tenía el cargo pero no el poder sobre una economía sumida en la desconfianza.
Después de desconexiones entre el mandatario y la vicepresidenta Cristina Fernández de Kirchner, amagues de recambio de todo el gabinete, tanteos y ofrecimientos —que, según los medios argentinos, involucraron a cuatro o cinco candidatos que rechazaron el desafío—, tomó la posta el lunes 4 la economista Silvina Batakis, hasta ese momento secretaria de Provincias del Ministerio del Interior que conduce Eduardo Wado de Pedro. Juramentó ante el presidente, y en un discurso de tres minutos agradeció la designación y dijo que cree en el “equilibrio fiscal” y en “liberar todas las fuerzas productivas del país”. Habló, también, de mantener el rumbo. En su segundo día agregó que la “solvencia del Estado es lo más importante. Equilibrar las cuentas públicas es necesario para mejorar la vida de las personas”, afirmó en el portal oficialista eldestape.
Cuenta regresiva
La incertidumbre el fin de semana por la salida de Guzmán y su relevo por Batakis para seguir por un mismo camino que ha sido accidentado hizo trepar el “riesgo país” de Argentina hasta alrededor de 2.500 puntos básicos (25%), máximos desde 2005 según el índice de J.P. Morgan. Pasado el feriado por el Día de la Independencia en Estados Unidos, los títulos argentinos en la bolsa de Nueva York también se desvalorizaron reflejando preocupación entre los inversores.
Siempre sin medias tintas, Walter Molano, analista del banco de inversión BCP Securities, afirmó que el nombramiento de Batakis “no hizo nada para calmar los mercados” y opinó que los argentinos seguirán “revolcándose bajo el peso muerto del populismo, la heterodoxia y la falta de liderazgo político”. Aunque Argentina “ha registrado buenas cifras de crecimiento, la economía está en un lío. La tasa (anual) de inflación se acerca al 70%, la moneda se desploma y el país está desangrando sus reservas”, resumió.
Más académico, Claudio Loser, exdirector del Departamento para el Hemisferio Occidental del Fondo Monetario Internacional (FMI), dijo el martes 5 en el canal LN+ que la nueva titular del Palacio de Hacienda “no tiene presencia internacional, quizás eso es bueno. Si presenta un cuadro de Excel con un cero abajo para el déficit, sería una muy buena ministra”. Loser recordó que solo Ecuador iguala a Argentina, su país, en cantidad de programas con el FMI incumplidos: 12 desde los años 80. “El mundo ve a la Argentina como caótica”, sentenció.
Siendo ministro, Guzmán renegoció un programa con el organismo financiero y en junio pasado el FMI consideró cumplidos los compromisos fijados para el primer trimestre del 2022. Al pasar ese examen, Argentina podrá acceder a unos US$ 4.030 millones. Pero no se descarta que el gobierno de Fernández deba pedir un waiver (excepción) más adelante.
“En el segundo trimestre del año se cumplió. Y el segundo semestre es muy complejo, hay muchos vencimientos fuertes. Tenemos que ser realistas: las tensiones van a existir y tenemos que trabajar en forma conjunta con este programa económico y que vaya teniendo los ajustes necesarios para que la población pueda mejorar los niveles de vida”, declaró la flamante ministra en la entrevista con eldestape.
Para Molano, “los mercados” interpretan que, con la designación de Batakis, la vicepresidenta “se salió con la suya. Con las políticas heterodoxas de Kirchner ahora en la posición dominante, será casi imposible recuperar la confianza de los inversores y el acceso a los mercados de capitales internacionales. Esto aumenta la probabilidad de incumplimiento a medida que los pagos de cupones (de deuda) del país comienzan a aumentar en los próximos años”.
Si los uruguayos siguen esta crisis por la televisión porteña, corren riesgo de contagiarse de la neurosis de los políticos y analistas argentinos. “Los próximos meses van a ser difíciles, esté Batakis o esté Mandrake. Esto se puede ir a la mierda”, auguró el periodista Jorge Lanata entrevistado para el Canal A24 por la histriónica Viviana Canosa, quien suele hacer al aire cuenta regresiva de los días que le quedan de mandato a Fernández con fondo musical de la archiconocida The final countdown que le dio fama al grupo Europe en los años 80. La misma noche, en otro programa un personaje de caricatura con voz doblada ridiculizaba al presidente, entre otras cosas, señalándolo como monigote de Cristina. Y en otro canal aparece en pantalla Pablo Moyano, de la familia peronista al frente del poderoso sindicato de camioneros, expresando respaldo al gobierno y asegurando que no permitirán que vuelva “la derecha”. La grieta en el zapping. Las próximas elecciones presidenciales son en octubre del 2023.
El economista y diputado por La Libertad Avanza, Javier Milei, tildó a Batakis de “ministra troska” y “parásito”, por no haber trabajado nunca en el sector privado. Ella le genera “cero esperanza”.
No faltaron las reminiscencias a la crisis que atravesó Argentina hace dos décadas, que también arrastró a Uruguay. “Vamos a salir de esto pero tenemos que hacer lo que hicimos en 2002”, con diálogo y unidad entre los distintos sectores políticos, proclamó el expresidente justicialista Eduardo Duhalde (2002-2003) el miércoles 6 en Radio Con Vos.
Frontera e inversiones
Los uruguayos que por estos días viajaron a Buenos Aires o cruzaron los puentes sobre el río Uruguay pudieron ver saltar la cotización del dólar paralelo (“blue”) en el mercado argentino en pocas horas, hasta rondar los 270 pesos argentinos esta semana. Así, hospedarse en un hotel, ir a un espectáculo, comer o hacer un surtido básico se hizo ridículamente barato para esos turistas, comparado con el caro Uruguay.
En el litoral oriental muchos comerciantes sufren siendo espectadores de una crisis en el país vecino que, para ellos, supone perder ventas. La gente cruza para llenar el tanque o aprovisionarse de alimentos, un flujo —acotado por el límite de cinco kilos controlado en aduana— que, en vacaciones de julio y ante los últimos sucesos en Argentina, también resiente al turismo interno. Del lado argentino de la frontera los mismos comercios, restoranes y estaciones de servicio toman los dólares a mejor precio que el tipo oficial, evitándole lo que le pasa al viajero que cambia al dólar “blue” y debe llevarse “fajos enormes” de pesos argentinos atados con gomas elásticas, como contó en Twitter el lunes 4 la periodista cultural uruguaya Majo Borges después de usar los servicios parroquiales del “arbolito Mario”, un cura de Buenos Aires.
Aunque rodeados de incertidumbre, los negocios de exportación hacia Argentina se han sostenido en los últimos años. En lo que va del 2022 (hasta los primeros días de julio) hubo envíos de productos por unos US$ 485 millones hacia ese destino, el cuarto en importancia después de China, Brasil y Estados Unidos, según datos procesados por el Instituto Uruguay XXI. Pero al mirar dentro de esa cifra se ve que existe intermitencia en ese comercio: Cargill Uruguay fue la mayor exportadora hasta junio (US$ 104 millones), pero no había concretado ventas al mercado argentino en los tres años anteriores. UTE, la segunda (US$ 52 millones), exportó siempre pero por montos fluctuantes, a la vez que la granelera LDC Uruguay colocó US$ 31 millones, pero no había tenido negocios con Argentina ni en 2019 ni en 2021.
En años recientes más argentinos se mudaron o tramitaron la residencia fiscal en Uruguay empujados por la crisis en su país y estimulados por requisitos más laxos que puso en vigencia la administración de Luis Lacalle Pou.
Algunos empresarios también traen su dinero para hacer negocios. Un reciente informe de Uruguay XXI reportó 83 “oportunidades de inversión iniciadas” provenientes de ese origen en 2020, un “marcado incremento” frente a las 18 del año previo y la mayor cantidad si se consideran todas las procedencias. En 2021 hubo otras 28 gestiones de argentinos.
Fernández “va a terminar” su mandato “administrando la situación, que no es fácil y tendrá sus vaivenes”, opinó el socio principal de la consultora PwC Argentina, Santiago Mignone. Ante esa inestabilidad, los argentinos sienten una “sana envidia por la estabilidad jurídica, la seguridad fiscal y la seguridad física” de Uruguay, hoy, “la perla de Sudamérica. Además, tiene un gobierno que es pronegocio, proempresario, que lo hace más atractivo”, dijo a Búsqueda.