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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáHay pocos países más inestables en la región que Argentina. Cambian las orientaciones ideológicas de los gobiernos, los presidentes, los ministros, los números, el humor de sus habitantes y todo eso en muy poco tiempo. Las últimas décadas argentinas están repletas de historias de desajustes y bonanzas. La economía interna, por ejemplo, se parece mucho más a una montaña rusa que a una autopista.
Pero en ese clima dominado por los vaivenes de todo tipo hay algo que se mantiene y que en muchos aspectos hace la diferencia: la apuesta a la ciencia y la tecnología.
Argentina tiene una “política de Estado única en la región” con respecto a la investigación científica y tecnológica y eso da excelentes resultados, más allá de los gobiernos de turno, cuenta Marcelo Kuperman, doctor en Física, vicedirector del área de Ciencias del Instituto Balseiro e investigador científico especializado en los sistemas complejos.
No obstante, recomienda “construir canales de diálogo, fomentar intereses mutuos entre las instituciones estatales (incluye la academia) y el sector privado” porque hay un problema creciente que puede modificar la situación actual positiva de la ciencia argentina.
Se refiere a “los enormes sueldos de muchas” empresas privadas que “hacen que potenciales investigadores abandonen su formación académica y apunten sus talentos hacia el incremento patrimonial”.
Lo que sigue es la entrevista de Kuperman con Búsqueda.
—¿Qué evaluación hace de la situación de la ciencia argentina?
—Para hablar sobre el estado de la ciencia en la Argentina habría que dividirla en varios sectores:
A) Políticas de Estado. Desde la segunda mitad del siglo XX, la investigación científica y el desarrollo tecnológico aparecen en la agenda como áreas relevantes merecedoras de políticas de Estado específicas.
Ejemplos de esto son la creación del Conicet (Comisión Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas) y la CNEA (Comisión Nacional de Energía Atómica), casi en simultáneo.
En 1951 se crea el Conityc (Consejo Nacional de Investigaciones Técnicas y Científicas) por decreto 9.695, una estructura cuya implementación estaba ligada a las necesidades del primer plan quinquenal. El objetivo del organismo era desarrollar y promover la investigación y la formación de científicos y técnicos. Tras el derrocamiento de Perón este organismo se desmanteló para ser refundado en 1958 con el nombre de Conicet y bajo la dirección de Bernardo Houssay, premio Nobel de Medicina.
En otro plano, tras el fiasco de la isla Huemul, un intento absurdo desde su concepción de producir fusión nuclear, se crea la Comisión Nacional de Energía Atómica y el Instituto de Física de Bariloche (hoy Balseiro) con claros objetivos de desarrollar tecnología nuclear y formación de físicos en la Argentina.
A lo largo de los años ambos organismos han pasado por períodos de luz y oscuridad, pero han contribuido de manera ininterrumpida al desarrollo científico de la Argentina en diversas áreas de la ciencia. Y esto siempre estuvo ligado a una política de Estado única en América Latina.
Los vaivenes de la realidad macroeconómica del país no dejaron de golpear estas políticas y afectaron los otorgamientos de becas, subsidios a la investigación y salarios de los investigadores, pero sin duda es posible decir que el Estado ha acompañado el desarrollo científico con una política persistente. Es importante agregar que junto con CNEA y Conicet se crearon otros organismos como el INTI (Instituto Nacional de Tecnología Industrial), el INTA (Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria), la Conae (Comisión Nacional de Actividades Espaciales) y en los últimos años el Ministerio de Ciencia y Tecnología, del cual depende la Secyt (Secretaría de Ciencia y Tecnología) que otorga subsidios y becas para investigación.
B) Enseñanza secundaria. En la actualidad la enseñanza media en Argentina pasa por un momento de crisis multicausal. La enseñanza y promoción de la ciencia en este nivel no está exenta de ser afectada. Pero en el caso de la ciencia quizá el mayor problema es la falta de capacitación de muchos docentes. Es importante distinguir capacitación y capacidad. Acá estamos hablando de lo primero. Los docentes necesitan capacitarse para poder transmitir el conocimiento adquirido de manera clara y motivadora. Muchas escuelas carecen de elementos necesarios para que esto pueda hacerse de manera eficiente. Hay una enorme cantidad de estudios que muestran que la motivación y la vocación por la ciencia se despiertan a edad temprana, aun antes del ingreso a la escuela secundaria. Por eso es importante no solo enfocar lo que pasa con este nivel sino lo que pasa en la escuela primaria. Acá la carencia de capacitaciones docentes es mucho más severa y crítica. Si no se cuenta con educadores capacitados y motivados, difícilmente puedan despertarse vocaciones. Es una gran deuda de la escuela pública argentina.
C) Universidades. Argentina tiene un sistema universitario robusto y bastante equitativo. La gratuidad de la enseñanza universitaria es esencial para acercarnos a algo parecido a la igualdad de oportunidades. Esto viene de la mano de poder contar con altas matrículas. En los últimos años el interés por muchas carreras científicas se vio revitalizado.
Es importante notar que todavía hay grandes diferencias entre las universidades de diferentes regiones del país. Muchas veces se debe a las diferencias en los presupuestos de cada universidad y en la posibilidad de contar con planteles docentes activos en la investigación científica. Lograr federalizar el conocimiento es una deuda que no se ha saldado en la Argentina.
D) Emprendimientos privados y mixtos. Este es quizá uno de los aspectos más débiles en el campo de la ciencia y la tecnología, la falta de un esquema robusto de transferencia a la industria. Si bien hay algunas empresas de tecnología y desarrollo que trabajan codo a codo con los organismos de ciencia y tecnología, el volumen de estas colaboraciones es bajo. Algunos ejemplos se asocian a la industria farmacéutica y a la ciencia de materiales. Cuando miramos a países más desarrollados es posible notar que la participación empresarial en la promoción de la investigación es mucho más alta. No hace falta tampoco mirar muy lejos, tenemos ejemplos en Brasil y México. En los últimos años han comenzado a surgir pequeños emprendimientos tecnológicos de alto valor agregado que requieren poca infraestructura pero una alta tasa de especialización y conocimiento. Como ejemplo menciono a la empresa que fabrica nanosatélites, Satellogic. Otras grandes empresas privadas como Techint cuentan con departamentos de investigación y desarrollo a los que se suman empresas mixtas como YPF y Aluar. Es decir, hay ejemplos de participación privada en la investigación y desarrollo pero son raras excepciones. Hay que construir canales de diálogo, fomentar intereses mutuos entre las instituciones estatales (incluye la academia) y el sector privado. Las empresas deben comenzar a creer y confiar en el potencial de los recursos humanos de la academia y la academia, a romper ciertos prejuicios.
—¿Cuáles son las carreras científicas mejor desarrolladas en Argentina?
—Argentina tiene actividad destacada en las ciencias médicas, ciencias de la vida y la física. Dentro de esta gran clasificación hay subáreas específicas que han tenido mayor desarrollo.
Argentina no cuenta con los enormes presupuestos con los que cuentan los países más desarrollados pero sí con recursos humanos de gran calidad. Parte de esto se observó durante la pandemia y las respuestas que desde el sector científico argentino pudieron darse con una interesante celeridad.
Argentina cuenta con un observatorio único en el hemisferio sur para la detección de rayos cósmicos (Proyecto Auger), con el Instituto Malbrán para desarrollo de vacunas y numerosos institutos del Conicet de alta calidad.
Otro campo en el que Argentina se destaca es en el de la utilización de la energía nuclear con fines pacíficos y todas las carreras asociadas a esto, en particular, la ingeniería nuclear. La empresa Invap, que es un ente mixto que depende de la nación y la provincia de Río Negro, ha ganado varias licitaciones para el diseño de reactores nucleares en varios países.
—¿Qué rol ocupan las mujeres en el ambiente científico, tanto profesional como académico?
—Históricamente y por diversos motivos las mujeres han estado relegadas respecto de los hombres en las ciencias. Afortunadamente esa situación está comenzando a revertirse. Lograr una mayor participación de las mujeres en la ciencia es uno de los objetivos centrales de muchas instituciones. Y para eso es central la educación y la motivación a edades tempranas. Romper con los roles estereotípicos. Creo que se está avanzando en eso, y ver los cambios tomará algo de tiempo. También es importante notar que cada vez más se visibiliza el trabajo de científicas y no por causas asociadas al género sino por su calidad.
—¿Cómo está posicionada Argentina en la región en física, química, matemáticas, ingeniería nuclear e investigación genética?
—Cuando hablamos del desarrollo científico a escala regional, el foco está puesto principalmente en tres países: Argentina, Brasil y México. En los últimos años Chile ha comenzado a tener mayor presencia, pero lejos aún de los países que ya mencioné. A pesar de contar con una población mucho menor que la de México y Brasil, el impacto de Argentina en física, química, biología y medicina es comparable al de los otros dos países. Aunque el volumen de la investigación está por debajo del de otros países más desarrollados, la calidad de lo que se hace es comparable, y eso se refleja en las citas que reciben muchos de los trabajos publicados en Argentina. Brasil se destaca en matemáticas y no es casual que cuente con centros de reconocimiento internacional dedicados a la investigación en esta área. En cuanto al desarrollo de la energía nuclear, Argentina sobresale claramente en la región con proyectos y desarrollos de nivel internacional.
—¿Existe desarrollo espacial (desde satélites y telescopios a cohetes) en Argentina?
—El país cuenta con un desarrollo satelital importante. Invap ha fabricado varios satélites que han sido puestos en órbita y se ha creado Arsat (Empresa Argentina de Soluciones Satelitales), un organismo exclusivamente dedicado al desarrollo satelital. Estos satélites ya están en funcionamiento. Hay pequeñas empresas privadas que fabrican nanosatélites, como Satellogic. El desarrollo de cohetes está presente pero es mucho más incipiente. Ha habido pruebas y fracasos, pero se está trabajando.
Pensar en telescopios espaciales es por ahora algo que está fuera del alcance tecnológico y presupuestario de cualquier país latinoamericano, aunque Chile cuenta con observatorios terrestres de gran nivel nacidos de colaboraciones internacionales que aprovechan de los cielos impecables del desierto de Atacama.
—¿Quién es Juan Maldacena?
—Juan Maldacena es un físico argentino que se graduó de licenciado en el Balseiro en 1991 y luego siguió con su formación en EE.UU.
Juan hizo muchas contribuciones interesantes a la física, la que lo hizo más reconocido es una idea que se conoce como la conjetura de Maldacena. La propuso en 1997 para intentar establecer una conexión entre dos cosas que parecían irreconciliables: la teoría de la gravedad y la física de las partículas elementales. Es decir, logró encontrar un camino para avanzar en teoría de cuerdas aprovechando las conexiones con una teoría matemáticamente más consistente.
A lo largo de estos años ha ganado muchísimos premios. Hasta ahora su trabajo está en el plano de lo teórico, lo conjetural. Una comprobación experimental de sus propuestas lo dejaría indudablemente a las puertas del Nobel.
—Además de Maldacena, ¿cuáles son los científicos más destacados del país y por qué?
Solo por nombrar algunos: Alberto Kornblihtt, que es un biólogo molecular que se especializa en la regulación del splicing alternativo. Es el director del Instituto de Fisiología, Biología Molecular y Neurociencias del Conicet-UBA.
Juan Pablo Paz, un físico argentino que trabaja en el campo de la computación cuántica. Ocupa el cargo de secretario de Articulación Científica y Tecnológica del Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación desde el 10 de diciembre de 2019.
Sandra Díaz, una bióloga argentina que investiga en el área de la ecología vegetal y la biodiversidad y se especializa en el estudio del impacto del cambio ambiental global sobre la biodiversidad regional vegetal de los ecosistemas. Trabaja en el Instituto Multidisciplinario de Biología Vegetal de la Universidad Nacional de Córdoba. Es la única argentina que figura en el listado de los científicos más influyentes del mundo, preparado por la agencia Thomson Reuters, que incluye a 3.200 investigadores de 21 disciplinas.
Andrea Garmarik, una viróloga conocida por sus investigaciones relacionadas con el VIH, la hepatitis B y el virus del dengue. Primera mujer en formar parte de la Academia Estadounidense de Microbiología desde Argentina. Es jefa del Laboratorio de Virología Molecular de la Fundación Instituto Leloir.
Gabriel Rabinovich, un bioquímico y doctor en ciencias químicas. Es reconocido por el descubrimiento de mecanismos de escape tumoral y de regulación de la respuesta inflamatoria, que permitieron el diseño de nuevos agentes terapéuticos en cáncer y enfermedades autoinmunes basados en la modulación de la interacción entre galectinas y glicanos. Trabaja en el Instituto de Biología y Medicina Experimental (Ibyme).
Horacio Casini y Marina Huerta, que recibieron en 2014 el premio New Horizons in Physics por sus trabajos asociados a la entropía de los agujeros negros.
Entre quienes trabajan en la NASA podemos mencionar a Miguel San Martín, un ingeniero argentino que fue ingeniero en jefe del sistema de guía, navegación y control de la última misión a Marte.
Fuera de Argentina se destacan Maldacena (conjetura de Maldacena), Gabriela González (ondas gravitacionales), Julio Navarro (Astronomía) y Luciano Maffarini (CRISPR)
—¿Cuáles son los países de la región que mejores políticas de Estado y universidades tienen en el área de ciencia?
—Antes mencioné a Argentina, México y Brasil como los países destacados en la región en el campo científico. Y esto no es casualidad. Estos tres países cuentan con una buena política de Estado y con buenas universidades, de acceso gratuito. En Brasil y México las universidades reciben gran apoyo de las empresas petroleras estatales. En Argentina el apoyo existe pero es bastante menor. Las universidades de estos tres países aparecen a menudo en posiciones comparables a la de países desarrollados.
—¿La tecnología está coptando investigadores? Es decir, ¿el crecimiento económico de las empresas tecnológicas beneficia la formación de investigadores?
—Diría que es al revés, y casi peor. Los enormes sueldos de muchas de estas empresas hacen que potenciales investigadores abandonen su formación académica y apunten sus talentos hacia el incremento patrimonial. Sin embargo, es un punto a favor el interés que despierta este hecho a nivel de formación de grado.
—¿Cuántos físicos, matemáticos, químicos, biólogos, entre otros, se reciben por año en el país? ¿Tienen salida laboral local? ¿Están en su mayoría destinados a trabajos universitarios y estatales? ¿Cuántos emigran? ¿Dónde?
—No tengo el detalle del número de egresados en cada disciplina pero puedo decir que la distribución de becas de doctorado de Conicet por disciplinas es un reflejo del perfil vocacional de los egresados de las universidades nacionales.
Biología domina el escenario, con más de 500 egresados anuales. Física y química rondan los 200, mientras que matemática apenas supera los 50. Muchas veces las fronteras no son claras. La interdisciplina ha surgido como nuevo paradigma en la manera de hacer ciencia y esto se refleja en que las líneas de investigación de las diferentes áreas se cruzan en proyectos multidisciplinarios y graduados de un área continúan sus doctorados en otra.
Conicet entrega cerca de 1.000 becas de doctorado anuales. No alcanza para todos y hay una fracción de graduados que queda fuera. También hay una fracción de graduados que opta por seguir con su formación en el extranjero, principalmente EE.UU. y Europa, en menor medida a Brasil, o incorporarse a la industria.
Es decir, no todos quienes terminan una carrera de grado tienen asegurada una continuidad laboral. Si la tienen, está asociada principalmente a actividades académicas solventadas con alguna beca. El paso a la industria es todavía bajo y se debe a la situación de la que antes hablamos.
En los últimos años la posibilidad de trabajo a distancia en actividades asociadas a la informática ha comenzado a captar una gran cantidad de graduados.