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    domingo 09 de junio de 2024

    Argentina vuelve a debatirse entre caminos salvajes y graduales

    Si hay un libro que los dirigentes e intelectuales argentinos deberían leer en los tiempos que corren es uno elogiado recientemente por The Economist: Gradual. Sus autores, Greg Berman y Aubrey Fox, elogian los enfoques y procesos moderados para llevar a cabo transformaciones en las sociedades. Sostienen allí lo que el sentido común muchas veces señala, un paso de por vez es muchas veces más útil que dar 10 en un arranque.

    La tesis de Berman y Fox resulta interesante en un mundo donde las miradas y propuestas radicales parecen encontrar cada vez más recepción entre las audiencias y hasta resultan premiadas por los votantes (que es lo que les interesa a los políticos en definitiva).

    En Estados Unidos la irrupción de Donald Trump llegó incluso a desafiar el resultado de los comicios. Y en la Argentina, el economista Javier Milei, caracterizado por la prensa de liberal pero que en verdad plantea un esquema anarcocapitalista de poder (sus reformas saltearían al Congreso), ganó protagonismo (por ahora solo eso porque las encuestas no son de confiar aún).

    La última propuesta de Milei es que la Argentina abandone para siempre el uso de su moneda, el peso. Y adopte el dólar. De esa manera, señala, no habría más inflación desde Ushuaia a La Quiaca y desde el Río de la Plata a los picos de la Cordillera de los Andes.

    ¿Cómo no se le ocurrió a nadie antes?

    Más allá del análisis de la medida, la propuesta revela un ejemplo de lo salvaje o extremo de las plataformas en la Argentina. Nada inusual para un país envuelto en un ecosistema de cambios abruptos que son la verdadera moneda corriente y donde un viejo cuento se revalida semana a semana como verdad revelada: un extranjero visita la Argentina cada año y encuentra que cambió todo pero al transcurrir una semana de estar en Buenos Aires comprueba que todo sigue igual.

    Si la Argentina avanzara con el proyecto de dolarizar su economía en verdad, cambiaría todo. Y resultaría lo contrario a lo que Berman y Fox describen sobre lo que un país o una sociedad deben encarar como tarea.

    Los países que tienen el dólar como moneda son: Samoa Americana, Islas Vírgenes, Ecuador, El Salvador, Guam, Timor Oriental, Islas Marshall, Estados Federados de Micronesia, Palaos, Islas Marianas del Norte, Puerto Rico, Islas Turcas y Caicos, Islas Vírgenes Americanas, Territorio Británico del Océano Índico, Bonaire, San Eustaquio y Saba. Además podrían agregarse los países que adoptaron el euro de forma unilateral: Kosovo y Montenegro.

    La propuesta de Milei es tan extrema que, si la Argentina decidiera dar ese paso, debería canjear todos los pesos que andan dando vuelta en su economía por dólares.

    ¿Qué daría esa cuenta? El tipo de cambio al cual uno entregaría los pesos que tiene en su bolsillo, en el banco (si es que dejó alguno) y cuantos dólares recibiría a cambio. Además, qué salario le pagarían cada fin de mes.

    Para hacer la cuenta hay que dividir la cantidad de pesos en la economía por las reservas internacionales en el Banco Central. A comienzos de marzo de 2023, las reservas netas del Banco Central de la República Argentina eran cerca de US$ 2.300 millones. Si se quisiera reemplazar la base monetaria ($ 5.242.210) por dólares, el tipo de cambio de conversión sería alrededor de $ 2.280.

    Sin embargo, el Banco Central de la Argentina tiene más pasivos que las reservas. Está la famosa deuda o pasivos remunerados del Banco Central (unas letras llamadas Leliq). Entonces, si además de la base monetaria, se quisiera convertir estos pasivos ($ 11.017.136), el tipo de cambio de conversión ascendería a aproximadamente $ 7.070 según un cálculo de los economistas del think tank Fundar, con sede en Buenos Aires, Emiliano Libman, Juan Martín Ianni y Guido Zack.

    Según otro trabajo, uno de la consultora 1816 también con sede en Buenos Aires, la cuenta arrojaría un tipo de cambio más alto: $ 9.944.

    En ambos casos, la dolarización implicaría un fuerte ajuste y una pérdida considerable del poder adquisitivo. Habría salarios en la Argentina de menos de US$ 100 teniendo en cuenta que un tercio del empleo asalariado hoy es informal y que la mitad de los puestos de trabajo que se crean son informales.

    El plan de Milei contempla una vuelta de rosca. Una que diseñaron dos economistas liberales, Emilio Ocampo y Nicolás Cachanosky, en un libro reciente llamado Dolarización, una solución para la Argentina.

    Según Ocampo y Cachanosky, las Leliq en poder del Banco Central de la Argentina tienen respaldo: el de los bonos del Tesoro que tiene la autoridad monetaria en su cartera, que son títulos que se van renovando todo el tiempo.

    Tomando en cuenta que el Banco Central de la Argentina tiene en su poder estos bonos (y otros más) y que los vendería, el tipo de cambio que haría falta entonces para dolarizar sería menor al que sale de las cuentas de Fundar o 1816. Ya no sería de $ 7.000 o $ 9.000 y podría ser uno más parecido, entre $ 500 y $ 1.000.

    ¿En qué están pensando Ocampo y Cachanosky o el propio Milei para lograr algo así?

    En que habría que vender todos estos bonos y papeles que tiene el BCRA recién cuando suban de precio (vaya a saber uno cuándo sucederá eso) o pedir un préstamo en dólares para que la diferencia o el ratio entre la cantidad de pesos y las reservas netas del Banco Central no den un tipo de cambio $ 7.000-$ 9.000 sino más bien similar al actual, evitando así dejar a la economía argentina con salarios de menos de US$ 100 al mes.

    Esto podría ser una línea de crédito extraordinaria del FMI, del Tesoro de Estados Unidos o alguna otra línea de crédito y podría ser en lo que Milei esté pensando.

    En ese caso la Argentina necesitaría unos US$ 43.000 millones (según las cuentas de 1816) para dolarizar al nivel del tipo de cambio financiero actual (unos $ 450). O unos US$ 20.000 millones para hacerlo a un dólar financiero más alto (unos $ 800). Son montos como los que le prestaron a Mauricio Macri y que Alberto Fernández logró refinanciar.

    En cualquier caso se trata de pedir préstamos elevados para la Argentina, inmersa en la incertidumbre del resultado electoral de este año y con la certeza de que el presidente Fernández, que anunció que no competirá por la reelección, carece del poder para implementar reformas de fondo que alivien la situación hasta que finalice su mandato.

    En las últimas semanas la economía del país sufrió una nueva turbulencia cambiaria luego de que los dólares paralelos (informales, aquellos que cualquier turista puede cambiar en las calles o un café de Buenos Aires, y los financieros, aquellos que utilizan las empresas para hacer sus operaciones) llegaran a aumentar hasta 26% en solo 15 días. Esto provocará una remarcación fuerte en los costos internos de la economía para los próximos días debido a que gran parte de los insumos resultan ser bienes importados y las restricciones al mercado de cambios que impone el gobierno hacen imposible que la referencia sea el tipo de cambio oficial.

    Es en este ecosistema que prosperan las ideas radicales como las de Milei y que, sorprendentemente, aparece un candidato del otro lado de la oposición, como el alcalde de la ciudad de Buenos Aires, Horacio Rodríguez Larreta, con un enfoque más a la Berman y Fox, Gradual.

    “Los revolucionarios prometen el paraíso, pero a menudo provocan derramamiento de sangre, colas para el pan y prohibición de libros —señalan—, la humanidad se ha vuelto más próspera al realizar una larga serie de mejoras, a menudo modestas, en un statu quo insatisfactorio. La Revolución Industrial, a pesar de su nombre, no fue un evento único y repentino sino miles de innovaciones acumuladas repartidas a lo largo de casi un siglo. Con el tiempo, las reformas incrementales pueden convertirse en algo verdaderamente transformador”.

    La economía argentina llega a la elección presidencial 2023 acumulando desequilibrios severos y existe bastante consenso entre los dirigentes de la oposición (e incluso del oficialismo, como Sergio Massa, actual ministro de Economía) sobre qué aspectos habría que trabajar y corregir (el déficit fiscal, los retrasos tarifarios, el financiamiento monetario, el grado de apertura, las rigideces del mercado laboral).

    La diferencia entre las alternativas políticas parece más bien entonces ser cuál es la mejor estrategia política para llevar adelante esas correcciones. Si una radical, como la de Milei, o una gradual, como la de Rodríguez Larreta o Massa. The Economist dice que es el tiempo de los gradualistas. ¿Será así en la Argentina, tierra de caminos salvajes?

    * El autor es editor jefe de Economía en el diario Clarín. Especial para Búsqueda.

    Contexto argentino
    2023-05-03T18:42:00