Si fuera una película, la situación actual de Argentina podría ser un thriller barato, con actores malos, un guion previsible y un final esperable. Las escenas más recientes, incluso, parecen una copia de algo ya visto no hace tanto.
Si fuera una película, la situación actual de Argentina podría ser un thriller barato, con actores malos, un guion previsible y un final esperable. Las escenas más recientes, incluso, parecen una copia de algo ya visto no hace tanto.
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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáEl domingo 1º, a través de un decreto de “necesidad y urgencia”, el gobierno impuso restricciones para operar en el mercado de cambios que durarán, en principio, hasta fin de año. Se trata de una medida similar —aunque más acotada— que el “cepo” establecido en 2001 y eliminado en diciembre de 2015 por el presidente Mauricio Macri; rápidos para los nombres con punch, algunos medios de prensa argentinos lo bautizaron como “cepo light”.
Limitando las compras, la nueva restricción apunta a estabilizar la cotización del dólar, que en los días previos había vuelto a escalar por encima de los 60 pesos argentinos. La trama por detrás tiene algunos elementos parecidos a anteriores momentos de crisis: un gobierno que perdió credibilidad y va camino a una casi segura derrota en las elecciones de octubre; una economía frágil y con dificultades para enfrentar vencimientos de deuda (de hecho, la semana pasada anunció que propondrá postergar pagos).
El lunes 2, con la entrada en vigor de la nueva medida y en feriado para los mercados en Estados Unidos, la cotización del dólar en la plaza argentina bajó levemente. Al día siguiente el alza del precio de la divisa fue contenido con ventas por parte del Banco Central (BCRA), mientras se desplomaban los títulos de empresas argentinas en Buenos Aires y también las que cotizan en la bolsa de Nueva York. El miércoles 4, en un clima algo más calmo, el tipo de cambio formal —porque, como con el “cepo” de los 2000, también floreció el mercado paralelo— cedió a poco más de 58 pesos.
En Uruguay, espectador privilegiado de la nueva fase de inestabilidad política y económica en Argentina, se acompañó a los movimientos cambiarios del vecino: el dólar se operó entre instituciones financieras a casi $ 36,8 el lunes 2, para luego bajar a $ 36,699 el martes y a $ 36,651 el miércoles 4, según el promedio que informa el Banco Central. La autoridad monetaria no vendió divisas esta semana; en todo agosto se desprendió de unos US$ 292 millones, pese a lo cual el tipo de cambio durante el mes (variación “punta a punta”) aumentó 6,7%.

La nueva restricción en Argentina limita las compras en “hasta US$ 10.000 por mes para ahorro”. Para superar ese límite deberán obtener una autorización del BCRA.
Ese organismo aclaró que no hay restricciones para movilizar dólares para viajes, tomando distancia del cepo impuesto en 2012 durante el gobierno kirchnerista. Entonces los argentinos debían pedir autorización para comprar divisas para salir del país y la autoridad monetaria aprobaba el monto. También se estableció un recargo en los consumos con tarjetas de crédito y débito realizados en el exterior. Luego, las propias empresas emisoras de tarjetas topearon el retiro de dólares (US$ 50 mensuales por cuenta y entidad en los países limítrofes).
No hay límites para extraer dólares de las cuentas propias, ni para empresas ni para personas. Con esto, a diferencia de la crisis del 2001-2002, no hay “corralito” bancario.
El domingo, el ministro de Hacienda, Hernán Lacunza, admitió que no son decisiones “de un país normal, son medidas incómodas”. Y como él, el miércoles 4 Macri habló de una situación de “emergencia”.