José Terra, técnico del Instituto Nacional de Investigación Agropecuaria (INIA), dijo a Campo de Búsqueda que para esta temporada la superficie plantada será levemente superior a la del año pasado y habría llegado a las 175.000 hectáreas. Esa área es similar a la sembrada en la zafra anterior y próxima al promedio de las últimas cinco, pero supera largamente las de las décadas de los ‘70, ‘80 y comienzos de los ‘90.
El aumento de la superficie se combinó con mayores rendimientos por hectárea. En los útlimos 20 años el volumen de la cosecha de arroz se duplicó: pasó de 699.000 toneladas en 1992/1993, frente a los 1,4 millones de 2012/2013.
El rendimiento fue de 8.000 kilos por hectárea en la última zafra, lo que se compara con los menos de 5.000 kilos que se lograban producir 20 años atrás. El promedio a nivel mundial en los últimos años fue de 3.725 kilos por hectárea, según un estudio que realizó Deloitte para el complejo arrocero.
El precio del arroz en el mercado interno aumentó 92% desde abril de 2007 hasta el mismo mes de 2012, y se ubicó por encima de los U$S 200 la tonelada en ese último año. A su vez, el precio de exportación creció 55% en dicho período, a valores por encima de los U$S 500 la tonelada en 2013.
El problema de los costos
A pesar de estos datos favorables, los “costos se incrementan” y eso deja cada vez menos margen de ganancia a los empresarios, advirtió en diálogo con Campo de Búsqueda el presidente de la Asociación de Cultivadores de Arroz (ACA), Ernesto Stirling.
“No hay nada que haga suponer que los precios vayan a subir mucho ni que vayan a caer tampoco”, pero “el problema es que todo esto no nos deja porque se lo llevan los costos de producción”, protestó otro directivo de esa gremial, Rómulo Gamarra.
El costo por hectárea de la producción de arroz fue de U$S 1.976 en la zafra 2011/2012, lo que generó pérdidas de U$S 10,64 por hectárea. En la temporada siguiente dicho costo ascendió a U$S 2.114, y si la tendencia de precios se mantiene, las pérdidas por hectárea serán de U$S 12,60 en la presente zafra, según datos de ACA.
El aumento de los precios del combustible, de la energia eléctrica, de la renta de los campos y la mano de obra, mezclado con una apreciación de la moneda local frente al dólar, explican estos porcentajes negativos.
“Dentro de la chacra nosotros producimos muy bien, un kilaje y una calidad que son de los mejores del mundo y un precio de exportación que son de los más altos si se los compara con otros países productores”, reconoció Gamarra.
Pero “los costos nos pegan dos veces”, se quejó, aludiendo a que el incremento de gastos en el proceso industrial se traslada al precio pagado al productor.
La suba de los costos para el sector (sumando la producción agrícola con la industrial) en la última década fue de 118%, según Deloitte.
A su vez, a esto se agrega el costo de la logística. “Al tener menos exportación por frontera y más a través del puerto” por un cambio en el destino de las exportaciones, este factor influye cada vez más, apuntó Gamarra. Y lamentó: “El puerto de Montevideo es carísimo”.
Las exportaciones del producto se incrementaron en los últimos años y en la zafra 2012/2013 rondaron el millón de toneladas, según Deloitte.
“La capacidad de competencia del sector arrocero en los mercados internacionales se ha visto erosionada por la fuerte suba de los costos de producción, con un contexto macroeconómico de encarecimiento relativo del país en su conjunto”, afirma Deloitte en su informe. También constata una “mayor incertidumbre sobre la tendencia (de precios) de los commodities, con signos de estabilización y riesgos de correción bajista”.
En este marco —agrega la consultora— el complejo arrocero uruguayo se encuentra “muy cerca de la frontera tecnológica en materia de rendimientos. Eso plantea dificultades para seguir asumiendos costos domésticos crecientes a fuerza de mejores rindes”.
Ante un panorama de costos que tensiona la ecuación del negocio, algunos empresarios del rubro están incorporando otros cultivos a sus campos que les resultan más rentables.
“Los productores arroceros están buscando otras alternativas de intensificación. Obviamente los números del arroz apremian”, comentó Terra. “A los que les va ir mejor va a ser a los que logren insertar la soja en el sistema productivo. Es decir, utilizar la soja como instrumento para bajar costos”, apuntó ese especialista del INIA.
Oportunidades y desafíos en Centroamérica
Hace unos meses el canciller Luis Almagro tomó un avión hacia Centroamérica para avanzar en las negociaciones con los países de esas latitudes y lograr una apertura comercial para el arroz uruguayo.
La mayoría de las naciones caribeñas y centroamericanas cuentan con un tratado de libre comercio con Estados Unidos y eso hace difícil competir con ese país desde los precios.
Sin embargo, los productores estadounidenses están exportando arroz con “mucha mezcla varietal” que los centromericanos “sin duda no quieren” y eso representa una “oportunidad” comercial para Uruguay, estimó, consultado por Campo de Búsqueda, el presidente de la Asociación de Cultivadores de Arroz (ACA), Ernesto Stirling.
“Hoy diría que en los mercados como México y Puerto Rico —donde hace algunos años se realizaron ventas importantes y ahora han dejado de comprar— aprecian la calidad y consumen muchísimo”, describió. Y aseguró: esto debería llevar “a poder acceder más a estos mercados”. “Centroamérica y el Caribe importan alrededor de 2 millones de toneladas de arroz, que es entre el 7% y el 8% del comercio mundial”, resaltó.
Además, los gobiernos de los países centromericanos están abandonando una serie de políticas de subsidio al sector arrocero y eso “facilita” que busquen nuevos negocios en el exterior, agregó el presidente de la Gremial de Molinos Arroceros, Adolfo Crosa.
Pero pese a que el arroz que cultivan los estadounidensen “no colma sus expectativas”, el tipo de producto que exporta Uruguay tampoco es el de la preferencia de los centroamericanos, advirtió Crosa.
“Habrá que tener en cuenta que ellos son compradores de arroz con cáscara (sin elaborar) y que nosotros no somos vendedores de cáscara”, por lo que “tenemos que ir lentamente ganando sección en el mercado”, señaló. No obstante, dijo tener una visión positiva al respecto: “Pensamos que va a funcionar todo”.
Por su parte, Stirling valoró que el viaje de Almagro fue “un primer acercamiento” positivo, pero señaló que “hay que seguir trabajando en eso”.
Y enfatizó que el Ministerio de Agricultura, Ganaderia y Pesca debería hacer “más énfasis” en buscar apertura comercial para “algunos productos”.
Nuevo fondo no resolverá probemas “estructurales”
El nuevo Fondo Arrocero aprobado en la última ley de Rendición de Cuentas será de U$S 40 millones y estará disponible para principios de 2014.
Se “trata de un préstamo” que “se descuenta” de las exportaciones y que todavía no se sabe cómo se distribuirá, dijo a Campo de Búsqueda Rómulo Gamarra, directivo de la Asociación de Cultivadores de Arroz (ACA). De todas maneras, se prevé que el capital será destinado principalmente a pagar las deudas a proveedores.
“Para muchos productores significa más caja” y “eso les va mejorar su perfil de endeudamiento”, valoró el presidente de la Gremial de Molinos Arroceros, Adolfo Crosa. Sin embargo, este empresario razonó: “Si se recurre a un esquema de estos es porque quiere decir que los números no terminan de cerrar”.
“Lo único que da es un poco más de capital de giro al productor: para pagar pasivos que tenga vencidos”, por ejemplo, dijo el presidente de ACA, Ernesto Stirling.
“Da más liquedez y le debería permitir financiar algunas cosas para que el productor pueda tener más eficiencia en determinados puntos de su trabajo: (...) comprar un tractor un poco más nuevo y no tener tanto gasto en reparaciones”, comentó. Pero enseguida, agregó: “Creemos que nos puede dar una mano, pero el fondo (del problema) no lo cambia, que es la ecuación de costos. El problema económico sigue estando”.
Y concluyó: “Es una solución financiera para un problema económico. La raíz del problema, estructuralmente no lo resuelve”.
La electrificación supera “algunos atrasos”
“Luego de dos años en la nebulosa se encaminó” el proceso de electrificación en la zona arrocera del país, informó un productor durante la asamblea anual de la Asociación de Cultivadores de Arroz (ACA) celebrada el 29 de noviembre en Treinta y Tres. “Se encaminaron para cobrar”, respondió otro en tono jocoso.
En 2009 se comenzó a diseñar un proyecto de electrificación desarrollado por la Oficina de Planeamiento y Presupuesto (OPP) junto con UTE y ACA, e incluye a los departamentos de Salto, Treinta y Tres, Cerro Largo y Rivera.
Pero el proceso tuvo complicaciones desde el inicio. “Tuvimos varios cambios de interlocutores y por julio logramos arrancar con un cronograma de trabajo que fue armado en conjunto”, dijo durante la runión anual el vicepresidente de ACA, Hernán Zorrilla, en referencia a la firma del contrato con la empresa que lleva a cabo las obras en el noreste del país.
No obstante, después de ese primer acercamiento “surgieron inconvenientes serios con la empresa que va a llevar adelante la electrificación”. Según dijo, el problema se habría suscitado con “algún ingeniero”: “Ahí perdímos 60 día o más (...). Los tiempos perdidos son irrecuperables”.
“En el este tenemos un cronograma en el que la mayoría de esas obras —que son alrededor de 15— iban a estar prontas para el 2013; lo van a estar para 2014”, informó. De todas maneras, ahora existe mayor “certeza de que eso se va a cumplir” porque hay una “mejor comunicación” con la OPP, aseguró Zorrilla.
El proceso de electrificación “grande” que se lleva a cabo en Tacuarembó y que “empezó hace dos meses” está demorado, amplió Ernesto Stirling, el presidente de ACA. Y añadió: “Con suerte recién estarán prontas en 2015 o 2016”, porque “lleva obras de reductoras y tendidos grandes de línea”.
Esos últimos plazos, sin embargo, se adecuan a lo pactado con la empresa, con la cual se firmó un contrato en julio pasado y “por pliego tienen 30 meses” para culminar las obras, informó a Campo de Búsqueda el coordinador del Fondo de Desarrollo del Interior de la OPP, Gustavo Soriano, quien asumió ese cargo hace dos meses.
“Cuando se inicia un proyecto de este tipo se establece un cronograma tentativo” con una “fecha estimada de conexión” que “siempre tiene variaciones”, explicó. Pero eso, a su juicio, no se puede calificar como “atraso”.
La totalidad del proyecto implica una inversión de U$S 30 millones por parte de los dos organismos del Estado que impulsan las obras, e involucrará a un total de 400 productores, dijo Soriano. A este monto se suma el dinero que invierten los propios empresarios.
El proceso de electrificación es especialmente importante en la zona norte del país, donde el proceso ya está por culminar. En esa zona “el bombeo” es mucho “más relevante” que en el este, porque “los campos” en los departamentos norteños no “están abajo de las represas”, apuntó Rómulo Gamarra, directivo de ACA. “El que tiene que bombear con motores diesel no puede trabajar más” pero “con energía eléctrica va a tener posibilidades de seguir”, resaltó.
“Ya están prácticamente todos los sistemas de bombeo y se han reconvertido de gasoil a energía eléctrica”, que es “más limpia y tiene un costo menor”, dijo Stirling. A su vez destacó que el proceso de electrificación “sin duda va a mejorar la competitividad” e insistió en que “eso es indudable”.
Agro
2013-12-19T00:00:00
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