Nº 2109 - 4 al 10 de Febrero de 2021
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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáLa original es española y se llama Abre los ojos. Se estrenó en 1997, con Eduardo Nogueira y Penélope Cruz como actores protagónicos y la dirección de Alejandro Amenábar. Apenas cuatro años después llegó la versión hollywoodense, denominada Vanilla Sky, con Tom Cruise y Cameron Díaz en los roles principales. La misma trama, casi el mismo libreto, pero dos interpretaciones muy diferentes. Cambió el idioma, cambiaron las caras, cambió el escenario, cambió el ritmo, cambió la película. No la historia. Excelente, por cierto, digna de ser repetida.
Este es solo un ejemplo de los tantos que abundan en cine, teatro, música, literatura y en las demás artes. Mejorar lo que ya es muy bueno es un desafío al que suelen someterse muchos artistas valiosos, algunos con éxito y otros no tanto. Y como en el arte, en la política también es frecuente esa especie de déjà vu mejorado. “Ya está todo inventado”, dicen los que saben y han llegado más lejos en la competencia electoral. Solo basta con analizar detalladamente la historia —lejana y cercana— y también saber mirar hacia los costados. Abrir los ojos, sea en la versión que sea.
Haciendo ese ejercicio, buscando encontrar las distintas versiones de una misma historia pero en la política local, se puede llegar a la conclusión de que el actual gobierno aplica el mismo método al que recurrió el Frente Amplio en los 15 años que estuvo en el poder: ser oficialismo y oposición al mismo tiempo. Otra vez cambian los protagonistas, algunas secuencias, las ideologías, los contenidos y hasta los diálogos, pero la estructura es la misma.
Es como si las dos mitades en las que a grandes rasgos se divide el sistema político uruguayo se miraran al espejo, que devuelve la misma imagen pero invertida. Lo que para los gobiernos del Frente Amplio fue el Movimiento de Participación Popular liderado por el expresidente José Mujica, mayoría en las últimas cuatro elecciones y gran responsable de los tres triunfos consecutivos, para la actual administración de la coalición multicolor son las listas 404 y 71, soportes electorales centrales del presidente Luis Lacalle Pou. Primero el MPP y ahora los grupos más lacallistas funcionan como el cerno, el motor, la base sobre la que se empieza a construir el poder. Ambos cuentan con estilos, ideologías y liderazgos muy distintos, obviamente. Pero también tienen estructuras y empuje similares.
A su vez, lo que para los períodos frenteamplistas fue el espacio más “socialdemócrata”, ocupado principalmente por el Frente Liber Seregni con Danilo Astori a la cabeza, para el actual gobierno son el Partido Colorado, el ala wilsonista del Partido Nacional y, en menor medida, el Partido Independiente, por su escaso peso electoral. Son los moderados, los que siempre buscan el camino del medio, los que muchas veces sirven de puente o de punto de contacto entre los distintos bloques. Son importantes, pesan, aunque no son los que desequilibran.
Algo distinto pasa con los extremos. Esos sí que tienen incidencia, por más que comparativamente no son los que tuvieron más votos. Antes eran los integrantes del Partido Comunista y sus aliados, ahora son los de Cabildo Abierto. Ese es el espejo donde quizá la simetría se ve más clara.
Cabildo Abierto es la piedra en el zapato del gobierno de Lacalle Pou. De los cinco partidos políticos que integran la coalición multicolor es el que más incomoda, el que siempre está al borde de un quiebre, aunque nunca termina de concretarlo. Ha llegado incluso a votar un proyecto de ley sobre el tema forestal con la oposición, generando de esa forma una mayoría parlamentaria circunstancial, peligrosa para la estabilidad del gobierno.
Pero más allá de esas jugadas políticas, en algunas cuestiones ideológicas de fondo el partido liderado por el senador Guido Manini Ríos se muestra como la oposición, por más que forme parte del gobierno. Búsqueda publicó en la última edición una entrevista muy reveladora con uno de los principales referentes de Cabildo Abierto, el senador Guillermo Domenech. Allí sostiene, entre otras cuestiones polémicas, que por más que den “estabilidad al país”, eso “no significa” que se callen “la boca”. Entre los ejemplos en los que alzarán la voz se encuentran los “mitos” de los beneficios de la inversión extranjera y de los tratados de libre comercio, ambos puntos defendidos por el actual gobierno.
Exactamente lo mismo opinaban los representantes del Partido Comunista cuando integraban el Poder Ejecutivo. Dieron la pelea oponiéndose desde adentro y en algunos casos lograron triunfar. No en el de la inversión extranjera, ya que en ella se apoyaron los sucesivos gobiernos del Frente Amplio, pero sí en el de los tratados de libre comercio. En su primera presidencia, Tabaré Vázquez estaba convencido de que era necesario firmar un acuerdo de ese tipo con Estados Unidos, posibilidad que estaba sobre la mesa, y decidió no hacerlo por la resistencia interna, en especial alimentada por los comunistas. Pasó ese tren, como pasaron otros tantos de aquellos gobiernos definidos como “en disputa” por el entonces secretario general del Partido Comunista, Eduardo Lorier.
También desde ese extraño rol opositor dentro de sus respectivos gobiernos, Cabildo Abierto y el Partido Comunista designaron un enemigo común: la prensa. Los comunistas eran los primeros en acusar a los medios de comunicación de conspiraciones cuando les tocó ejercer el poder. Hoy esa tarea la llevan a cabo con orgullo los liderados por Manini Ríos y Búsqueda es uno de sus principales objetivos. El último ejemplo es el del director del Banco República, Pablo Sitjar, que para contrarrestar algunas denuncias realizadas por el semanario en las últimas dos ediciones, trata de cuestionar su prestigio, aunque confirma cada uno de los aspectos informados. Nada nuevo. Otra versión de películas que ya vimos.
El riesgo es que de tan repetidas, pierdan su efectividad. Está bien jugar a ser oficialismo y oposición al mismo tiempo, pero eso no debería paralizar al país en algunos puntos centrales, como ocurrió durante los últimos 15 años. Ya pasaron trenes, pasaron oportunidades históricas y al final terminó pasando el gobierno del Frente Amplio. Sería bueno que ahora no vuelvan a desecharse decisiones trascendentes solo con el objetivo de dejar contentos a todos los socios. Porque el recambio en el poder es inevitable, tarde o temprano. Por suerte. Lo importante es lo que cada uno deja.